miércoles, 17 de marzo de 2010

FOTOS QUE DESNUDAN/COLUMNA DESAFIO

Desafío Publicación: Miércoles 17 de Marzo de 2010

*Fotos que Desnudan

*Foros que Exhiben

*Balcón de Palacio

Por Rafael Loret de Mola

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Luis Donaldo Colosio no tuvo el tiempo necesario para aclararlo porque el 23 de marzo de 1994, hace casi dieciséis años y dos sexenios y medio de demagógicas ofertas de cambio, fue acribillado a tiros en una hondonada de Lomas Taurinas, más bien trampa mortal, preparada a ex professo por diligentes miembros del PRI, entre ellos el ahora ex gobernador de Oaxaca José Murat, y la pasiva tolerancia del jefe de sus escoltas, el general Domiro García Reyes, quien se suponía preparado para detectar todo aquello que le rebasó en la jornada fatal. También la negligencia puede ser criminal, en todo caso.

Días antes del trágico episodio que modificó el perfil político del país aunque muchos apenas lo percibieran entonces, los entrometidos agentes de la DEA estadounidense registraron una comprometedora fotografía en la que se observaba, muy relajado, al entonces candidato presidencial del partido oficial, en la condición de seductor en campaña, esto es con dos chicas espléndidas –una de ellas sentada sobre sus rodillas-, y al lado nada menos de un personaje que se había presentado como rico agricultor, Joaquín “el chapo” Guzmán Loera. (Repásese en mi obra, “Los Cómplices”, Océano, 2001, la versión completa del episodio jamás desmentido).

Observé, desde entonces, que Colosio, bajo una presión tremenda por cuanto significaba el enfriamiento notorio con la casa presidencial de Los Pinos, y sobre todo con dos poderosos elementos muy cercanos al mandatario en funciones: su asesor, Joseph-Marie Córdoba Montoya, y su hermano, Raúl Salinas de Gortari, comenzaba a ser poco menos que pieza de caza en medio de una batahola de intereses crispados.

De la fotografía derivaron dos lecturas. La primera, muy obvia, guiaba hacia un posible entendimiento del “futuro presidente” con uno de los mayores “capos” de México. Y la segunda, menos creíble aunque fuese cierta, señalaba que Colosio había caído en una trampa acaso habilitada por algunos de sus cercanos –y poco leales- colaboradores. Esto último perfilaba a Luis Donaldo como un elemento copado, sin controles reales, a expensas de Carlos Salinas y sus principales operadores, entre ellos, claro, el inescrutable “doctor” Córdoba –entrecomillo el título porque jamás se graduó, como dijo-.

Además surgió una evidencia que se convertiría en el hilo conductor de la tenebrosa historia de la sucesión presidencial en 1994. La entrometida DEA estadounidense había advertido al propio candidato sobre la cercanía de Liébano Sáenz Ortiz, a la sazón coordinador de prensa y relaciones públicas de la campaña presidencial priísta y a quien se atribuían nexos soterrados inconfesables. De hecho, además de Sáenz, otros elementos afines al aspirante habían sido colocados en jaque y la DEA demandó de Colosio una respuesta al respecto. Éste, finalmente, accedió a limpiar a su equipo cuando se enteró de las infiltraciones... hasta que fue victimado.

Pese a estos hechos, incontrovertibles y tremendos, incluyendo la foto comprometedora, las tantas fiscalías especiales –la primera de ellas encabezada por el tibio Miguel Montes García, personero del abogado guanajuatense Salvador Rocha Díaz y por consiguiente de Manuel Bartlett, y los tantos procuradores que han sido desde entonces, no se han animado a seguir, en serio, las indagatorias correspondientes aun cuando mantuvieran, durante un tiempo, la línea del narcotráfico dentro de otras que confluían hacia el magnicidio.

¿Hace cuánto tiempo ya que el crimen de marras no es siquiera referente en los corrillos judiciales? En México, aseveran cuantos saben, todo es cuestión de aplicar la medicina del tiempo... provocadora de la amnesia colectiva. Y no parece haber manera de salir del pantano aun cuando surgen evidencias tremendas que contradicen las malhadadas versiones oficiales. ¿Un asesino solitario? Ni Mario Aburto, preso en Almoloya desde aquella amarga jornada de marzo de 1994, se lo cree.

La fotografía en cuestión, cualquiera que sea la lectura que queramos darle, es prueba por demás contundente de hasta donde son capaces de llegar las mafias con tal de cobrarse supuestas afrentas. No se olvide otro hecho: Colosio había optado por separarse del llamado “hermano incómodo”, Raúl Salinas, negándose a asistir a las reuniones por éste convocadas al percibir sus intenciones, esto es tratando de asegurar ciertas alianzas con vista hacia el futuro representado por el sonorense a quien, pese a sus propios antecedentes, no pudieron convertir en títere como esperaban.

¿Por qué no partir de este punto para volver sobre el expediente vergonzoso del crimen contra Colosio? Sólo puede explicarse la resistencia oficial, más desde la engañosa alternancia que traicionó al cambio, si admitimos la existencia de una poderosa, invulnerable red de complicidades extendida a los dos regímenes de la derecha caracterizados por reaccionar, en cada ocasión, demasiado tarde.

Debate

Cuando no hay consigna en pro de la justicia, no existe prueba que valga. A la denuncia periodística e le suele destinar al ominoso “círculo rojo” –como sentenció Fox, el falso “demócrata”-, y las evidencias se volatizan en cuanto corren los meses y los años en tanto la ciudadanía simplemente olvida, acaso apremiada por nuevos casos escandalosos de toda índole. ¿Cuánto tiempo habrá de pasar hasta que cesen los vozarrones en torno al incendio de la guardería de Hermosillo, pese a las acusaciones formuladas por la Suprema Corte? Poco a poco van apagándose sin remedio en tanto, en el gabinete de Felipe Calderón, las intrigas y los posteriores reacomodos prosiguen sin el menor pudor político.

Siguiendo la ruta de las fotografías de alto riesgo, tomadas al calor de la prepotencia que es consecuencia de la soberbia presunción de ser intocable, en otro escenario, el de la compleja Sinaloa, hollada por los grandes “capos” y sus respectivos enlaces con la clase política, apareció una por demás significativa: en ella se observa, nada menos, al poderoso Ismael “el mayo” Zambada, considerado uno de los narcotraficantes más peligrosos del “cártel de Sinaloa”, casi a la par con el escurridizo “Chapo” Guzmán, al lado de un político que está muy de moda en estos días: Jesús Vizcarra Calderón, ex alcalde de Culiacán en lisa de ser lanzado como aspirante del PRI al gobierno de su entidad con todas las bendiciones del mandatario actual, Jesús Aguilar Padilla, tan tibio que muchos observan como simple gerente al servicio de los grupos dominantes.

Vizcarra, por cierto, reconoció la foto en cuestión con la tranquilidad que le da el saberse ampliamente protegido por la cúpula del poder real. No negó la especie sino sugirió, lo mismo que en el caso de Colosio, haber sido engañado por quien sabe cuantos mezquinos interesados en derrumbar sus ambiciones políticas. Y puede ser que esta especie cale en algunos dada la dimensión de los diferendos internos en el PRI en los que el senador Mario López Valdéz --conocido como Malova porque así nombran a sus numerosas ferreterías--, insiste en haber sido desplazado tramposamente a pesar de contar con el aval mayoritario de los priístas locales... hasta en la capital de la entidad donde basa su fortaleza Vizcarra.

El hecho es que hay un punto de coincidencia entre algunos priístas y no pocos panistas de la región, incluyendo a los herederos notables a quienes parece estorbar la filiación partidista, como en el caso del diputado Manuel Clouthier Carrillo: no han sido pocos los mandatarios ligados a las mafias, comenzando con Leopoldo Sánchez Celis, brazo derecho que fue de Carlos Hank González, y Antonio Toledo Corro. Las ligas hablan por sí solas.

El Reto

La ciudadanía, sobre todo en regiones altamente sísmicas como el Distrito Federal, no puede disimular temores, no sólo por las asechanzas de la violencia –en cualquier momento puede recrudecerse ante la atrofia de un gobierno en ausencia-, sino igualmente por los presagios de tragedias naturales cuyos mayores decibeles vienen de Chile. Menos mal, pese a las dimensiones de la tragedia en el hermano país sudamericano, que allí el gobierno no fue rebasado tal y como sucedió en México en 1985.

Y, en fin, Michelle Bachelet, quien fuera perseguida y ultrajada por la dictadura pinochetista –que elevó la abyección hasta el más alto nivel conocido-, pudo dejar la Presidencia, con un nivel de popularidad mayor al 80 por ciento entre la población, en manos de su antiguo adversario Sebastián Piñera con quien compitió hace cuatro años por la Primera Magistratura. Por cierto, el repetidor Piñera no se mantuvo en la calle sino optó por la política institucional. Vale el apunte para quien quiera registrarlo.

El presidencialismo, en este caso, no fue cauce de autoritarismos sino cumplió funciones democráticas. ¿Puede ser este referente un factor rescatable?

La Anécdota

En México hace ya muchos lustros que un ex presidente es reconocido, salvo por sus obcecados incondicionales, al término de su mandato. Dijéramos que en cuanto a popularidad, sólo recordamos a Don Adolfo López Mateos, pese a sus cargas de conciencia, quien mantuvo simpatías hasta el final de su gestión.

En la actualidad, claro, sería terrible encontrar juntos a los ex mandatarios vivos, desde Echeverría hasta los Fox, pasando por De la Madrid, Salinas y Zedillo. Los abucheos serían estruendosos, por decir lo menos.

De hecho, la última vez que se dio la confluencia de seis ex mandatarios fue el 11 de septiembre de 1942 cuando el entonces presidente, el general Manuel Ávila Camacho, convocó al “acercamiento nacional” en pleno estado de guerra contra las potencias del Eje. Y se retrató, bajo el balcón central del Palacio, con sus antecesores, situando a la derecha a Plutarco Elías Calles, Abelardo Rodríguez y Pascual Ortiz Rubio; y a su izquierda, a Lázaro Cárdenas –quien envió al exilio a Calles-, Emilio Portes Gil y Adolfo de la Huerta. Una foto casi de familia con todos mirando hacia el frente.

Todavía en aquellos tiempos era factible simular hasta este nivel bajo los vientos belicistas que soplaban sobre todo el orbe. Hoy, la sociedad mexicana, más madura que los partidos políticos, no admitiría tal representación. Y bien que lo saben en las alturas. Abundaremos.

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Rafael Loret de Mola
Escritor

martes, 16 de marzo de 2010

PODERES AUTÓNOMOS

Desafío Publicación: MARTES 16 DE MARZO DE 2010

*Poderes Autónomos

*Pactos Políticos

*Servidores Útiles

Por Rafael Loret de Mola

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Durante la larga noche de la hegemonía priísta, las fracciones opositoras en el Legislativo, sobre todo en la Cámara baja en donde la fragmentación partidista se hacía más evidente, hacían ruido, incluso ganaban algunos debates torales, pero sus puntos de vista no se reflejaban en las decisiones de la pomposa “mayoría” fiel al presidencialismo para el cual sólo contaban los niveles de disciplina para asegurar el futuro de sus correligionarios. Las discusiones, por tanto, eran más de relumbrón que efectivas aun cuando el gobierno funcionaba, esto es sin sectarismos paralizantes, con marginales aportaciones a las iniciativas de la voluntad superior.

En la perspectiva actual, todos los diputados y senadores, obcecados por defender los intereses de sus respectivos grupos, parecen disidentes. Por ejemplo, los del PAN, pese a que este instituto usufructúa la Primera Magistratura, lanzan dentelladas frecuentes, desde la incómoda posición de ser minoría con un correligionario en el Palacio Nacional, para descalificar a las demás corrientes políticas sin concederles el menor respiro. Y los demás, claro, abogan por establecer una secuela de chantajes mutuos, que no alianzas, para forzar las opiniones convenientes a sus respectivas causas, si bien no pocas veces reñidas con sus plataformas ideológicas. El gobierno, en estas condiciones, no funciona.

Esto es: al pretender substituirse el autoritarismo presidencial, copando a los mandatarios torpes o incapaces de ejercer dominio por no saber cómo operar, con el sectarismo faccioso, en donde se atrincheran las dirigencias intransigentes reacias a dialogar cuanto se trata de ceder posiciones encontradas, el ejercicio del poder público se quedó a mitad de la nada. Ni se avanza en la consumación de los debates ni se pone coto al poder presidencial que resiste las controversias y hasta los desaires simplemente marginándose de ellos. Por ejemplo, sin duda es bastante más cómodo para el titular del Ejecutivo federal presentar sus informes de gobierno sin siquiera encarar al pleno como se estiló hasta 2005.

Sobre lo anterior, la evolución natural hacia una mayor interrelación entre los poderes Legislativo y Ejecutivo se interrumpió groseramente cuando se impidió el acceso al salón de sesiones a un presidente en ejercicio, Vicente Fox, azorado por no haber podido asegurar las condiciones políticas indispensables para sostener un diálogo civilizado en vez del monólogo aburrido, recurrente y siempre justificante. El formato no dio para más.

Pero en lugar de avanzar, hacia un esquema en el que el mandatario diera respuesta cabal a las interrogantes de los legisladores, se retrocedió a un punto bastante cercano a la intrascendencia, ausente el presidente de las comparecencias y discusiones bajo la argucia de interpretar literalmente el mandato constitucional sobre la presentación de los informes, con algunos pobres desfogues individuales por parte de los más radicales y escaso interés de los demás, incluyendo a la ciudadanía francamente hastiada de los sombrerazos verbales.

¿Será ésta la causa por la cual el sesenta y siete por ciento de los mexicanos se dicen insatisfechos o francamente decepcionados con la democracia? Claro, además del notorio incumplimiento por parte de quienes ofrecieron cambios y apostaron enseguida al continuismo, la antítesis, bajo el fragor de una punzante y avasalladora demagogia. El daño hecho es irreversible al punto de que los momios a favor del retorno del PRI a la Presidencia parecen inalcanzables con treinta y nueve puntos de ventaja sobre sus adversarios en cuanto a las preferencias públicas. (Hace seis años las distancias, de uno o dos puntos, situaban a los organismos políticos con posibilidad de conquistar el poder sin ventajas extremas entre ellos).

Los legisladores, y éstos lo expresan constantemente, están convencidos de que es ahora cuando el Congreso cumple con sus funciones respecto a los debates y los permanentes intentos de alcanzar consensos, sólo realizables en la medida en que funcionan las estrategias de chantajes mutuos. En la misma línea, el Ejecutivo y sus colaboradores, lo mismo bajo la égida de los Fox que en el presente, sostienen que el gobierno es viable a pesar de las “resistencias” e intransigencia de las fracciones del Congreso que, en suma, forman mayoría. Pero el hecho es que, cada día, la viabilidad del gobierno es menor sobre todo cuando se acerca la hora de las definiciones en pro de los abanderados presidenciales.

México parece, más bien, rehén de las campañas políticas. Tal reduce la democracia a un permanente desfogue sectario ajeno a los intereses del colectivo. Fíjense: todavía tocamos con la mano la asunción presidencial a trompicones cuando la atención ya está puesta en la carrera sucesoria y la administración de Calderón sigue con las manos vacías. Diciéndolo en términos beisboleros: ni lanza, ni cacha ni deja batear. Y así hasta el 2012. Si aguantamos.

Debate

El senador perredista Carlos Navarrete Ruiz, guanajuatense de origen –lo que confirma la permanente dualidad entre liberales y conservadores en la entidad cuna de la Independencia-, se ha convertido en una especie de “gran legislador” por cuanto su propensión a evitar los desplantes intransigencias de algunos de sus correligionarios y ser garante, como presidente de la mesa directiva del Senado, del poder Legislativo que, junto al Ejecutivo y Judicial, forman gobierno. Por eso, claro, no pudo sostener la tramposa doble lectura destinada a desconocer al presidente en funciones sin desprenderse de las dietas camarales.

En los últimos días, bajo el frenesí de las alianzas y los palos de ciego, Navarrete ha salido en defensa de la autonomía del Legislativo que se vio afectada cuando, dentro de la espesura de la niebla demagógica y sectaria, se hizo público el malhadado “pacto”, con sabor mexiquense, para comprometer el aval de los congresistas del PRI a favor del paquete fiscal a cambio de que el PAN no se coalicionara contra éste. Alegó, con absoluta razón, que esta conducta era perniciosa porque, además de la evidente amoralidad política, tendía a depredar la fuerza sustantiva parlamentaria convirtiéndola en una pobre corriente marginal.

Ni el secretario de Gobernación, el rebasado Fernando Gómez-Mont, ni mucho menos el mandatario en funciones, pudieron responderle a cabalidad. Lo hicieron con los consabidos lugares comunes que se basan en la soez interpretación de los actos de gobierno como siempre constreñidos al interés nacional. Puras pamplinas. Por supuesto, la alevosa intromisión volvió a elevar los decibeles del presidencialismo autoritario que socava, bajo el agua, posprincipios que dice defender retóricamente. Así proceden los demagogos, no los demócratas.

Se trata, desde luego, de una cuestión de fondo. Álgida. Porque no podrá construirse el futuro, con pretensiones democráticas, en tanto los actores políticos y la ciudadanía en proceso de maduración no sean capaces de consolidar el modelo que nos permita avizorar el porvenir más allá, insisto, de los obcecados brotes sectarios y la consiguiente soberbia de la clase gobernante que no admite más opinión que la propia. Y es en esta línea en donde estamos entrampados.

Es curioso asentar que ni siquiera bajo el presidencialismo al estilo del priísmo disciplinado, el Legislativo había estado más amenazado por los propios dirigentes partidistas que, con frecuencia, soslayan la representatividad popular –a la que se deben supuestamente-, con tal de proteger a los grupos afines, la elite que conforma y confirma las rutas del continuismo con su excepcional capacidad, digamos, de adaptación.

Sencillo: sin contrapesos reales en el Legislativo la democracia, sencillamente, no existe.

El Reto

Otra vez. ¿Por qué le temen tanto al parlamentarismo quienes quieren desprenderse del presidencialismo, en serio? No hay respuesta sino evasivas sobre el particular mientras avanza la tremenda descomposición política en todo el país. Por eso, en este 2010, lo amorfo ha sustituido incluso a la más elemental coherencia ideológica y moral.

Si apostáramos por un régimen parlamentario, el presidente del gobierno sería, al mismo tiempo, líder de su propia fracción partidista y estaría obligado, para garantizar la viabilidad de su administración, a alcanzar y suscribir los consensos necesarios con las minorías garantizando con ello el concurso de una mayoría firme que no se opusiera, por conveniencias facciosas, a los proyectos fundamentales. No se renunciaría así a la democracia, se le haría posible y, desde luego, perfectible.

Lo que resulta inadmisible es permanecer, insisto, a la mitad de nada. Sólo así puede explicarse el diferendo entre el presidente del Senado y el Ejecutivo en torno a las negociaciones con sabor a chantaje. No es esto por lo que los mexicanos votamos y ya es hora de corregirlo. ¿O existe alguna otra alternativa? Si es así, ¿qué esperan para plantearla?

La Anécdota

A mediados de la década de los sesenta –esto es hace casi medio siglo-, en Yucatán, un singular legislador, Petronilo Tzab Cucul, de origen maya y por ende líder natural, llegó al Congreso del Estado desconociendo procedimientos y hasta funciones, esto es guiado sólo por su instinto –que era mucho- y su convicción de hacer política para ampliar sus propias posibilidades. Gobernaba entonces a la entidad, el profesor Luis Torres Mesías.

En ese entorno, un reportero preguntó a Petronilo:

--¿Podría decirme qué hace un diputado?

El aludido, muy orondo y comedido, tomó aire y exhaló su respuesta:

--Los diputados, periodista, somos los mejores servidores... del señor gobernador.

En los tiempos actuales a lo mismo se reducen quienes, por todo y para todo, avalan cuanto hace el mandatario acremente cuestionado por su ilegitimidad política.

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Rafael Loret de Mola
Escritor

lunes, 8 de marzo de 2010

CABALLOS NEGROS/COLUMNA DESAFIO

Desafío Publicación: LUNES 8 DE MARZO DE 2010

*Caballos Negros

*Apuesta Abierta

*Candidato Eterno

Por Rafael Loret de Mola

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Hace una semana, en la Plaza México, ocurrió un “destape” singular: el ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), doctor Juan Ramón de la Fuente, recibió el brindis del veterano diestro Manolo Mejía, quien por cierto triunfó y salió a hombros, bajo una cálida, cerrada ovación; y, por si fuera poco, una porra lanzó al aire el tradicional “Goya” universitario, insólito en un coso taurino, con el acompañamiento de una amplia sonrisa por parte del agasajado quien volteó hacia sus acompañantes y algo musitó, a carcajada batiente, acaso pensando en la crecida de sus bonos personales hacia un futuro no muy lejano.

En la fase final de la selección panista del candidato presidencial en 2006, el pretendido “caballo negro”, el ex gobernador de jalisco Alberto Cárdenas Jiménez, salió demasiado tarde a la pista, confundiendo a los propios militantes de Acción Nacional por cuanto no pudieron precisar si el lanzamiento tendía a fraccionar las simpatías como si de un esquirol se tratara o respondía a una estrategia presidencial, muy al estilo de los Fox, para asegurar sus influencias a futuro frustrado el concepto de cogobierno por la caída del matriarcado oficioso.

Cárdenas, a lo largo de los debates entre los precandidatos del PAN –con él, Santiago Creel Miranda y quien resultó vencedor, Felipe Calderón, con inclusión de mañas y aplicaciones alquimistas-, se caracterizó por repetir la cortinilla “yo ya lo hice” como si todo en Jalisco fuera bienaventuranza. Finalmente, se quedó en el camino, sin riendas ni sillas, relinchando en la espesura en demanda de un nuevo reacomodo institucional. Una conducta, por cierto, muy cercana a la patentada por los priístas de otros tiempos, ubicados entre la disciplina partidista y el ansia por permanecer a expensas del erario.

En México, hasta hoy, la leyenda del “caballo negro”, que alcanza y gana, no es sino quimera. Bajo la hegemonía priísta, cuando el “derby” sólo se desarrollaba a la vera del mandatario en turno, las “sorpresas” y rebases obedecían, más bien, a un juego malintencionado para forzar los chantajes soterrados y asegurar con ellos la impunidad a futuro, el espaldarazo, en pro del progenitor político intocable. Luego, el ungido cobraba perfil de “futuro presidente” con mando incluso sobre elementos del Estado Mayor Presidencial quienes proveían la seguridad para la transición sexenal inevitable.

La aparición de terceros en discordia tampoco ha sido una fórmula exitosa considerando los habituales candados con los que los partidos cierran las compuertas de la participación. Y de esta perspectiva derivan, igualmente, los tremendos valladares contra la iniciativa en pro de las candidaturas independientes que vendría a ser algo así como un desfogue para una sociedad que, por el momento y con razón, repele a los partidos y a sus dirigencias a la vista de tantos y tantos escándalos cuyos saldos desgastan, sin duda, prestigios y principios. No hay instituto a salvo en este renglón.

De allí que, por el momento, la pesca de personalidades para ocupar candidaturas y vacíos sea, en este momento, un juego de muy altos vuelos. Sobre todo porque algunos observan tal ventaja a favor del mediático mexiquense en fase matrimonial –siquiera para colorear aún más los semanarios “del corazón”-, que consideran de poca monta cuantos movimientos surjan para ampliar la baraja. Pese a ello, cada día son más quienes dudan y alimentan sospechas sobre inducciones masivas destinadas a asegurar una segunda alternancia con idénticos métodos a los usados en 2000 con el aval de la Casa Blanca. ¿Por qué ahora la marcha hacia atrás?, cabría preguntarnos.

Al interior del PRI, por ejemplo, no son pocos quienes concluyen que acaso el gobernador mexiquense puede resultar un candidato de gran empuje al tiempo de manifestar una duda que les carcome el espíritu: ¿pero será un buen presidente? De allí el fenómeno que ya se percibe: entre los cuadros dirigentes existen menos apoyos hacia el vanguardista de la justa, Enrique Peña, que cuanto se percibe fuera del otrora partido invencible. Y tal debiera encender las alarmas entre los colaboradores del personaje listos a desarrollar, ya desde ahora, la perspectiva habitual de hace años, esto es en torno a un “futuro presidente”. La precipitación puede resultar muy grave para el líder aparente de la carrera.

Una de las consecuencias, hasta el momento, es el ansia notoria de los pretendidos postulantes por hacerse ver. Más allá de los habituales deslindes y protocolos, cuantos se perciben actores no niegan la cruz de su parroquia ni limitan a sus simpatizantes; por el contrario, los estimulan y los provocan a hablar con más elevados tonos.

Por supuesto, en entorno así las caballerizas que abrigan a los negros jamelgos de las sorpresas están abiertas de par en par.

Debate

Desde la izquierda vino el rumor: Heriberto Félix Guerra, secretario de Desarrollo Social desde el 9 de diciembre pasado –entró en sustitución de Ernesto Cordero, visto como el “delfín” hasta entonces y quien a su vez pasó a Hacienda-, yerno del emblemático “Maquío” y por ende cuñado del diputado Manuel Clouthier Carrillo quien marcó con su diferendo respecto a la posible protección oficial al “cártel” de Sinaloa, podría ser el as bajo la manga de la dirigencia panista, siempre y cuando, claro, el mandatario federal en funciones estuviera dispuesto a abrir el juego.

Félix Guerra, por cierto, hasta días antes de su designación ministerial, era observado como uno de los posibles aspirantes del PAN al gobierno de Sinaloa, cargo por el que compitió hace seis años en una controvertida elección cuyo desenlace, a favor del priísta Jesús Aguilar Padilla, concitó sospechas y provocó severas denuncias por el evidente desaseo de los comicios y la posible intervención, vía financiamientos, de los poderosos “capos” con dominio territorial sorbe la región. Nada nuevo bajo ese sol.

¿No es cuando menos curioso que Félix haya sido llevado a gabinete presidencial, eliminándolo de la justa estatal, cuando comenzaba el debate sobre la infiltración de los cuadros políticos por parte de las mafias?¿Y que haya sido Clouthier, el cuñado quien tanto quisiera emular a su padre, el señalado para denunciar la escasa actividad del gobierno federal en Sinaloa, convertida en germen de capos y tierra de intocables? No creo en las casualidades sino en las evidencias y éstas son, de verdad, muy claras.

Es obvio que detrás de todas estas decisiones están las manos sucias. Porque, de hecho, los precandidatos “fuertes” del PAN, los mencionados Félix Guerra y Clouthier –aun cuando éste presuma de no haberse afiliado al PAN, el partido del que fue abanderado su progenitor en 1988, el año de la fatídica usurpación salinista-, fueron descartados sin siquiera comenzar a jugar, debilitándose notoriamente la causa del blanquiazul en un estado en donde, insisto, pesan muchos los intereses amafiados. Por ello, claro, pocos discuten acerca de las posibilidades del priísta Jesús Vizcarra Calderón, ex alcalde de Culiacán y puerto, según dicen, para algunos de los más notorios representantes de los zares del vicio. Es vox pópuli.

Tal es, entonces, una estrategia de alto riesgo desde la visión presidencialista. Pero podría funcionar, claro, para saldar ciertas cuentas pendientes considerando que la prioridad es prefabricar la segunda alternancia virando hacia atrás en ruta hacia el punto de partida. Doce años, nada menos, se habrán tirado a la basura cuando lleguemos al 2012.

El Reto

La ausencia notoria de liderazgos confluye hacia un fenómeno sociopolítico en crecida: cualquiera que tenga un trayecto más o menos exitoso comienza a ser sobrevaluado y proyectado hacia la escalera jerárquica del sistema. No hay otros de quien echar mano, para que se entienda.

Tal s el caso, precisamente, de Juan Ramón de la Fuente, el médico siquiatra que se encontró a la política por derivación de las entrañables relaciones de su padre con el matrimonio Zedillo Velasco desde antes de la asunción presidencial del doctor Ernesto. Fue éste quien designó a Juan Ramón como secretario de Salud en un entorno desconocido para el incipiente ministro:

--Yo no soy político y no entiendo nada de política –me confió en esos días-. Ni siquiera sé cuánto dura en su encargo un diputado o un senador. ¿Tres o seis años?

Tres lustros después se lo pelean las izquierdas erosionadas con visión hacia el 2012. Lo observan, dicen, por su capital “social” acumulado bajo el peso del reconocimiento a su buena labor en la UNAM. No ha sido, desde luego, el mejor Rector de esta casa de estudios pero sí, sin duda alguna, el más publicitado y el más protegido por cuantos manejan las tablas de valores del establishment. Por eso, claro, en el PRD lo consideran una opción, ya desde ahora, para encabezar la puja por la Presidencia... a menos de que antes decida fracturar el proyecto Peña Nieto lanzándose a la gubernatura del Estado de México. La hoguera de las vanidades. Abundaremos, claro.

La Anécdota

Desde que la Revolución “degeneró en gobierno”, como solían acotar los bravos zapatistas, han sido muy pocos los candidatos repetidores. Quien tiene en su haber un mayor número de postulaciones es, sin duda alguna, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, con tres campañas presidenciales y cuatro precandidaturas del PRD en pos de la titularidad del Ejecutivo Federal. Y, casi seguramente, Andrés Manuel López Obrador intentará, por segunda ocasión, alcanzar alguna nominación presidencial aun cuando su oferta se reduzca a los minoritarios de la izquierda y ya no al PRD.

De allí que los malosos, siempre los hay, bautizaran a López Obrador como “Don Nicolás”. Cuando pregunté el porqué de tal nombre de pila, me respondieron:

--Por su antecedente, Don Nicolás Zúñiga y Miranda. Él fue quien más veces participó en las parodias electorales del porfiriato y, además, no se cansó de denunciar fraudes al grado de presentarse, en sociedad, como el “verdadero presidente”.

Los paralelismos demuestran lo poco que han avanzado la política y las instituciones a través de más de una centuria. ¿Festejamos también el centenario de la parálisis política?

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E-mail: rafloret@hotmail.com

viernes, 5 de marzo de 2010

HACIA EL FUTURO

Desafío Publicación: VIERNES 5 DE MARZO DE 2010

*Hacia el Futuro

*Años Dilapidados

*La Puerta Grande

Por Rafael Loret de Mola

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La diferencia entre un funcionario mediocre y otro visionario se encuentra en su perspectiva de futuro. Para el primero sólo cuenta el presente y justifica navegar apoyándose en las circunstancias; el segundo, en cambio, construye escenarios y alternativas factibles intentando adelantarse a su época para ganarla. Ya hemos dicho que durante la administración anterior, la de la parejita presidencial, la estrategia fue la de dejar pasar el tiempo, perdiéndolo, para evitar así confrontaciones peligrosas. Por ello, claro, sobrevino la claudicación sin que el entonces mandatario se animara siquiera a buscar la manera de hacer viable un gobierno con un Congreso mayoritariamente opositor; optó, para infortunio general, por el juego de las descalificaciones sin alterar las condiciones. Seguimos pagando los costos.

Felipe Calderón está ahora ante una nueva coyuntura. Acaso su régimen se ha caracterizado por ello desde su origen cuestionado y su asunción a la Primera Magistratura a trompicones. Pesa el presente y no se avizora el porvenir. Desde el inicio apostó por la estabilidad financiera –como lo hacen todos los gobiernos de la actualidad sin importar tendencias ideológicas en un mundo globalizado-, creyéndose a salvo, por disciplinado ante el gran poder universal, de cualquier barrunto de tormenta. Esto es: no percibió que también en cuestiones de Estado se está dando un profundo cambio climático y cada vez es más complejo disimular debilidades y subsanar complicidades ante una opinión pública cada vez menos inmadura y más pensante. Dicho de otra manera: los pretextos circunstanciales no rinden en la actualidad como lo hacían antes cuando la simulación alcanzó su cúspide, digamos en la fase terminal del priísmo hegemónico con el doctor Ernesto Zedillo en uso de la Primera Magistratura.

Fox prometió, en el arranque de su frustrante gestión, una democratización efectiva de la estructura gubernamental; y terminó envuelto por el clamor contra el fraude comicial y la amarga sentencia por la oficiosa intervención presidencial en un proceso electoral viciado. Ni siquiera sus panegiristas, que los hay aunque muy pocos ya, se atreven a negar tales hechos incontrovertibles. Y Calderón inició su andar intentando negociar las reformas inaplazables: la política, que por ahora sólo se ha cernido a algunos aspectos electorales técnicos sin entrar al fondo de las controversias pendientes, y la energética con consensos entre panistas y priístas en la misma línea de la continuidad presidencialista.

Sobre los pobres saldos de la reforma electoral, cuya arista mayor fue la remoción de los antiguos consejeros del Instituto Federal Electoral –misma que al consumarse significó una tremenda condena histórica sobre la actuación de quienes, con torpeza inaudita o calculada suficiencia, ensuciaron escrutinios y resultados restándoles calidad moral a los vencedores-. Sólo eso cuando era imperativo modificar las reglas del juego para no volver a caer en los mismos pantanos. Al respecto, quienes han elogiado el paso dado insisten en que falta la segunda llamada, esto es una reforma política profunda, aun cuando cada día se hace más evidente el escaso interés del gobierno –esto es el Ejecutivo y los legisladores- en promoverla. Más bien apuestan por dejar pasar el tiempo, dilapidándolo.

Y, claro, siguen en espera las posibles soluciones para paliar la crispación de 2006, hija de la polarización y el sectarismo. Está entrampada la iniciativa para posibilitar una segunda vuelta electoral destinada a determinar el aval mayoritario, rescatando de esta manera a la pluralidad de las minorías que, en conjunto, tienen capacidad para entrampar el quehacer gubernativo. En lamisca línea se encuentran la propuestas para reducir los escenarios legislativos –agigantados por las concesiones oficiales a los partidos en compensación de las posiciones falsamente “mayoritarias” arrebatadas a mansalva a las oposiciones durante largos lustros-, cuya ineficacia, en buena medida por el número excesivo de parlamentarios inútiles, desborda los intentos de diálogo y, por consiguiente, de acuerdos sustantivos basados en la defensa y aseguramiento de los intereses colectivos. Perdemos el tiempo todos.

Tres años y tres meses después del inicio del régimen federal en curso los vicios se repiten y la negligencia continúa. Esto es como, si de nueva cuenta, se apostara a sostener el estado de cosas, librándolo de las perversidades de la crítica -¡ay, el círculo negro!-, mientras nos rebasan, en los planos internacionales, por la izquierda y también por la derecha.

Debate

En la misma línea, mientras buena parte de los gobiernos esparcidos por la geopolítica global se estremecen e intentan combatir al cambio climático, en México ni siquiera comenzamos a reciclar con efectividad nuestros desechos. Es una vergüenza si comparamos cuanto se realiza en otras latitudes para elevar la conciencia de la ciudadanía impactándola positivamente con los hechos sucintos y las posibles consecuencias de la permanente devastación del globo terráqueo por parte de los seres humanos. Pero, claro, en México se cree que el destino universal no nos alcanzará por efecto de una tremenda deformación conformista, acaso la aportación mayor de la continuidad en el ejercicio del poder.

Podría comenzarse con limpiar nuestras costas o por desarrollar en las zonas urbanas una campaña para que toda la ciudadanía aprendiera a reciclar la basura, separando desechos orgánicos de los plásticos, los cartones y el vidrio. No es muy difícil si, de verdad, tomamos conciencia de los tremendos riesgos que corremos si nada hacemos.

En el fondo, lo hemos dicho ya, a los funcionarios públicos, sin distingo de partidos y filosofías, les viene bien lo que he dado en llamar la “fabrica de damnificados”. Al respecto no olvido, y alguna vez lo conté en esta columna, el exabrupto del extinto cacique de Yucatán, Víctor Cervera, cuando más le urgía llamar la atención nacional:

--¡Dios mío, mándanos siquiera un huracancito!

Y es que demandaba una fotografía paternalista al lado de las víctimas para iniciar la escalada de su promoción personal. La verdad es que “el balo” –así llamaban a Cervera como diciendo “el naco”-, hizo público un deseo discretamente guardado por los demás integrantes de la clase política ávidos de ponerse las botas y meterse en los charcos interminables –con la seguridad de no correr riesgos, por supuesto-, para manifestar el “apoyo” hacia los menesterosos, destechados y hambrientos que lo pierden todo, de manera cíclica, por ausencia de infraestructura adecuada. Y no se diga más porque enseguida los defensores oficiosos del poder nos pondrán el deplorable ejemplo de Nueva Orleáns para señalar que la mayor potencia de nuestra era tampoco estaba preparada para las catástrofes naturales. Hasta en el dolor y la ruindad somos dependientes.

Por esta manera de pensar y proceder, se levantan, una y otra vez, los postes y las casas de cartón por donde pasan los ciclones habituales. Dicen que cualquiera otra cosa resultaría muy costosa, por ejemplo un proyecto de ductos subterráneos que no pudieran ser arrancados por los vientos. Y nadie calcula cuanto se ha destinado a las reconstrucciones maquilladas que no son, de modo alguno, definitivas. Volvemos a caer en el mismo error con una constancia sólo explicable en una nación que sale de siete décadas de dictadura priísta para volver sobre sus pasos hacia una versión corregida y aumentada de la misma. El peso histórico, no lo dudemos, será tremendo.

Como están las cosas ni siquiera nos asomamos a las explicaciones científicas para no precipitar los temores. Hace dos años, como muestra, los vientos asolaron a algunas poblaciones del norte, cerca de Monterrey, sorprendiendo a habitantes y viajeros. El saldo fue de tres muertos. La noticia se esparció por Estados Unidos y Europa como demostración de que “algo” está pasando en materia de meteoros imprevistos y sin que ello diera lugar a una reacción de las autoridades mexicanas acorde con la dimensión de los hechos mismos. Y es que, acaso, no hubo suficientes damnificados para la entrañable causa de la publicidad.

¿Recuerdan, los amables lectores, aquella cinta titulada “Cuando el Destino nos Alcance”?

El Reto

La política, desde luego, sí que nos alcanzará en breve tiempo. La mala política, digo, la de la deplorable inercia que nos mantiene en el pantano de la indiferencia general. He escuchado, en los últimos días, a varios juiciosos amigos decir que la controversia por las coaliciones enfermas ha “resucitado” a López Obrador quien, de nuevo, volvió a ser noticia gracias a los testimonios que le llegan “milagrosamente” –así justifica a los traficantes de información-, y de manera cíclica, como los huracanes. La única respuesta a este planteo tiene que ver con la inercia de quienes ejercen el poder.

Sin visión de futuro estaremos, con seguridad, anclando en los mismos vicios, si bien siempre acrecentados, cuando lleguen las nuevas campañas y surjan los enfrentamientos tremendos. Como en 2006 y peor. De la misma manera como nos dirigimos hacia un cataclismo por la ausencia de previsiones oportunas en el amplísimo territorio nacional. ¡Ah! Desde luego los “verdes” siguen más preocupados por condenar a las corridas de toros mientras esconden –como lo ha hecho Jorge González Torres, el patriarca del grupo-, sus trofeos de caza. Hipocresía pura con muchos millones de compensación.

El tiempo sigue corriendo. Y ya está en contra del segundo régimen panista en pro “del cambio”. Esperemos que no sea el climático. ¿O sí?

La Anécdota

Se cuenta en Madrid que una figura mexicana del toreo, hidalguense para más precisión, arribó a la Plaza de Las Ventas, con fama de que en ella se lidian los toros de las pesadillas toreras, demudado y con la expresión congelada. Para animarlo, un aficionado le gritó:

--¡A ver si sales por la Puerta Grande! –la señal del triunfo-.

El diestro apenas balbuceó una respuesta:

--Me conformo con salir por mi propio pie y por ésta, la de arrastre.

La supervivencia asegurada, situándose lejos de los pitones, es decir de los riesgos, por encima de la ambición para alcanzar la gloria. No sé por qué me viene a la cabeza la figura del señor Calderón. ¿La puerta grande o la de arrastre, señor?

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E-mail: rafloret@hotmail.com

Rafael Loret de Mola
Escritor

miércoles, 3 de marzo de 2010

EN TIERRA DE NARCOS

Desafío Publicación: JUEVES 4 DE MARZO DE 2010

*En Tierra de Narcos

*Sin Rescate Posible

*De Políticos Pobres

Por Rafael Loret de Mola

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Dicen que la más sólida aportación de México a la Segunda Guerra Mundial, cuando nuestro gobierno se alineó con los aliados contra el criterio de la mayor parte de los mexicanos –la formación presidencialista acaso inducía a formarse en las filas fascistas-, fue el cultivo de marigüana y su exportación hacia los escenarios bélicos para redimir de la oprobiosa realidad a las tropas brutalmente vulnerables y vulneradas. Lo cierto es que fue entonces cuando, en el norte del país sobre todo, inició la industria que luego se convertiría en flagelo para medir los entuertos hacia el sur sin afectar los padrinazgos en las grandes potencias del continente.

La doble lectura se mantiene: en México la desatada guerra entre las mafias revela que nuestro territorio ha sido tomado por éstas; en cambio, el gobierno estadounidense ni siquiera se compromete a desnudar y perseguir a cuantos, en su suelo, protegen a los cárteles que se extienden más allá de la frontera entre México y la Unión Americana, posibilitando el tránsito y distribución de estupefacientes en el mercado de consumo mayor en el mundo... y sin la menor aflicción. Cualquiera que aplique la lógica elemental encontrará que tal no sería posible sin las componendas soterradas entre los capos y el poder público.

Sinaloa, por desgracia, fue inscrita en la geografía del oprobio. No es la única región contaminada pero nadie desconoce que el núcleo de los grandes cárteles dominantes se encuentra allí, a pocos kilómetros de la capital Culiacán en la selva artificial de la marigüana, allí donde nacieron algunos de los más célebres traficantes, desde Amado Carrillo Fuentes hasta Joaquín “el chapo” Guzmán pasando por Fonseca Flores, los Caro Quintero, el “Mayo” Zambada y una interminable “pléyade” de personajes que optaron por el dinero fácil y ahora son incluso presentados en sociedad: al “chapo”, sin el menor recato, se le ubica en la lista de Forbes de las grandes fortunas del planeta, como si tal fuera señal de respeto e incluso aval para la concentración del dinero sucio y las inversiones generadas por éste.

En conversación reciente con el diputado Manuel Clouthier Carrillo, hijo del icono “Maquío” y ahora centro de la controversia por haber expresado que los regímenes panistas poco han hecho para perseguir al “cártel de Sinaloa” –o del Pacífico-, en apariencia protegido desde instancias superiores a diferencia de otros grupos escindidos del mismo árbol genealógico-, éste sostuvo que en su entidad, sin duda alguna, se podría señalar hacia tres ex gobernadores profundamente relacionados con el narcotráfico:

1.- Leopoldo Sánchez Celis, quien fuera además uno de los principales aliados y amigos del profesor Carlos Hank González señalado como el mayor empresario-político mexicano de todos los tiempos y bajo sospecha, pese a no haber sido jamás investigado, de haber sido el pilar de las mafias, incluyendo la del narcotráfico. Pero tal aserto no ha rebasado el linde de lo especulativo en ausencia de indagatorias oficiales al respecto.

2.- Antonio Toledo Corro, quien fungió también como secretario de la Reforma Agraria durante dos años del sexenio de López Portillo –esto es cuando se preparaba el “boom” de los narcos que, al fin, se desató bajo la égida de Miguel de la Madrid-, y se arraigó a su entidad natal con todos los visos de los antiguos cacicazgos aldeanos.

3.- Juan S. Millán, controvertido empresario que marcó la líneas de conjunción entre el poder financiero y el político.

Obvio es decir que le pregunté a Clouthier si el actual mandatario, Jesús Aguilar Padilla, no formaba parte del amargo listado. Y me respondió casi automáticamente:

--Ese es sólo un empleado, un alfil. Los otros fueron la mafia misma.

En este punto, Clouthier, al igual que no pocos sinaloenses con quienes he tenido oportunidad de conversar en las semanas recientes, señaló a Jesús Vizcarra Calderón, alcalde de Culiacán con licencia, como el heredero natural de los anteriormente mencionados para el caso de que llegase al Palacio de Gobierno bendecido por la parafernalia gubernamental a su entero servicio.

Tal se intuía, desde hace varios meses, en razón a una decisión expresa de la dirigencia nacional priísta: responsabilizar a los mandatarios de esta misma filiación de los resultados electorales a cambio de privilegiar a sus favoritos. Esto es, como en los feudos del medioevo y de acuerdo a las usanzas presidencialistas, el mandante traslada la batuta a uno de sus incondicionales manteniendo los controles comiciales hasta el fin de su periodo. Y pobre de aquel que falle en su cometido porque, sin remedio, será pasto de los zopilotes.

Y nadie dudaba en Sinaloa que el gobernador Aguilar Padilla, a pesar de sutilezas y espejismos, sólo tenía ojos para Vizcarra por cuanto éste significaba para darle continuidad a algo más que un proyecto político. Lo decían todos convirtiendo el señalamiento en un clamor que, por supuesto, no tuvo mayor importancia bajo los estamentos de la democracia falsaria de nuestros días.

Debate

La pregunta que hacen no pocos lectores de esta columna acerca del destino inmediato de Sinaloa, cortada ad hoc para cuantos han extendido nexos inconfesables como si se tratara de facturas soterradas para garantizar cierta estabilidad, es bastante simple: ¿Con esta entidad comienzan, de hecho, las cuotas para matizar la presencia del narcotráfico en la carrera por la sucesión presidencial ya iniciada? No se propone que se pacte la no intervención de los cárteles en pugna, dándose por descontado que la infiltración de la clase política es severa, sino, más bien, se registra el curso paralelo entre las mafias, la digamos institucional camuflada en el gobierno y la delincuencial exaltada por los zares del vicio.

Tal condición, por supuesto, alarma habida cuenta la propensión de los postulantes de altos vueltos, incluso también algunos presidenciables, por asegurar, primero, su propio porvenir y sólo después optar por continuar las carreras respectivas. ¿Es ésta también una de las razones para mantener la iniciativa en pro de la reelección directa de legisladores, no así de alcaldes, con el propósito de que éstos hagan academia en el ejercicio de sus funciones públicas y sirvan a sus respectivos corporativos, muchos de ellos por fuera de la legalidad?

Por lo pronto, el caso de Sinaloa es más relevante aún ante la autodefensa del señor Felipe Calderón quien, evidentemente enfadado, respondió a los señalamientos de Clouthier Carrillo aduciendo que su gobierno no protege a “ningún narco”, con referente a los líderes del cártel sinaloense supuestamente protegidos durante los tres años y tres meses de gestión calderonista. El aserto, sin duda, convierte el diferendo político en esta entidad en un pulso con los detentadores del poder real. ¿Hasta dónde llegará el vuelo de las frases enconadas de Felipe?¿Hasta el valle de las coaliciones y alianzas partidistas sin la menor coherencia ideológica?

Por desgracia, en un entorno tan minado, toda especulación es válida ante la ausencia de certidumbre política y partidista. Si preguntáramos sobre cuáles son las instituciones más descalificadas en el país, sin duda, llegaríamos a las antesalas de los organismos políticos en donde las dirigencias hace tiempo dejaron de pensar basándose en el colectivo para mantener, tan solo, los intereses de sus respectivos grupos. De allí a las escisiones permanentes y las coaliciones no hay sino un paso... hacia el abismo de la credibilidad.

¿Desde hace cuánto tiempo gobiernan los narcos a México? Podríamos preguntárselo a un sinaloense en primera instancia.

El Reto

Algunos priístas de cepa, como el duranguense José Rosas Aispuro y el sinaloense Mario López Valdés –Malova para todos-, no ha tenido otra opción que dejarse seducir por los amigos de las alianzas circunstanciales. Y todo porque percibieron ser invitados de piedra al festín de los intereses oscuros dirigidos por gobernantes cuya prioridad es, sin duda, la seguridad y destino de sus respectivos grupos.

En el caso de Malova, ex alcalde de Ahome y senador de la República, los momios populares, fuera de los feudos gubernamentales, le señalaban a él como amplio favorito, con excepción de los electores de Culiacán en donde las simpatías se dividían casi a la par, en una escenografía en la que el narcotráfico parecía tener el cubilete en la mano con Vizcarra como única opción. Y así lo señalaban en todos los niveles sociales. Me consta.

El PRI prefirió honrar los derechos sucesorios del gobernador en turno, obviamente bajo presión, y Malova quedó al aire como ha venido ocurriendo en las regiones bajo el flagelo de los cacicazgos aldeanos que mantienen fueros más allá de la ley. De allí las ventajas con las que, pese a todo, parte el PRI. Lo mismo de siempre... pero más cocinado.

La Anécdota

Es fama que Hank González definía:

--Político pobre es un pobre político.

Con ello apuntaba, bajo las reglas del folklore mexicano, la dependencia extrema de la clase política respecto a sus verdaderos patrocinadores.

El remate solía darlo un viejo lobo de mar, arraigado por el sureste y, como tal, conocedor profundo de la idiosincrasia de los mexicanos:

--Un político pobre no es hombre... es hambre.

Para el caso quien quiera desarrollarse como tal requiere de una fortuna, la propia o las de cuantos establezcan con él compromisos, si desea, de verdad, asomarse al balcón de las urnas. En esta tesitura, ¿tienen futuro las pretendidas candidaturas independientes?

lunes, 1 de marzo de 2010

GRAVES COBARDÍAS/COLUMNA DESAFÍO

Desafío Publicación: MARTES 2 DE MARZO DE 2010

*Graves Cobardías

*Los Acorralados

*Pobres Mesoneros

Por Rafael Loret de Mola

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Unos días después de los comicios de 1997, históricos por cuanto determinaron la elección del primer jefe de gobierno del Distrito Federal sepultando así la penosa y mal llamada “regencia”, Joseph-Marie Córdova Montoya, la eminencia gris del salinato trágico que desembocó en la barbarie de 1994, se salió con la suya y evitó que las fracciones legislativas del PRD dieran debido seguimiento judicial a una gravísima imputación: el nexo del ex poderoso asesor presidencial con el crimen contra Luis Donaldo Colosio en Tijuana.

La maniobra fue de primer grado. Tras el severo señalamiento de los perredistas, el personaje –abyecto por más de una razón-, se querelló en contra de diputados y senadores perredistas lo mismo que respecto al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, en vías de ser declarado electo como jefe de gobierno defeño, conminándolos a presentar pruebas o, en su caso, a responder por “daño moral” ante los tribunales una vez que fueran desaforados para ello. Esto es: tuvieran o no razón, requerirían separarse de sus funciones, o no acceder a ellas en el caso de Cárdenas, para encarar el procedimiento judicial. Y fue el caso, claro, de que ninguno de los acusadores optó por la dignidad sino, por el contrario, vindicaron la negociación, esto es a cambio de no proceder contra Córdoba, para mantener fueros o no ver entorpecida, en cuanto al hijo del Tata, su asunción al poder metropolitano. Desde luego, dada la no retroactividad en la materia, el sujeto habilidoso, al amparo de las interpretaciones sesgadas, acabó por eludir -en apariencia de manera definitiva- cuanto le comprometía –más bien compromete- con el torvo escenario de Lomas Taurinas.

Cuando Germán Martínez Cázares se instaló en la Secretaría de la Función Pública –diciembre de 2006-, apenas se dio tiempo para señalar a Manuel Bartlett, luego de aguantar un chaparrón de improperios de éste, como uno de los políticos más represores del México contemporáneo e incluso autor intelectual del asesinato del columnista Manuel Buendía en 1984. (Quien esto escribe, con testimonios de primera mano, está convencido de la responsabilidad de Bartlett en el suceso referido incluso porque, quien fue acusado como autor intelectual del mismo, José Antonio Zorrilla -confinado desde hace más de veinte años en distintas prisiones-, le involucró en su declaración ministerial aun cuando ésta no dio lugar a seguimiento judicial alguno contraviniéndose así la supuesta imparcialidad de la administración de la justicia).

Bartlett, al igual que Córdoba, reaccionó envalentonado y midiendo la proverbial cobardía de los funcionarios actuales. Se dijo ofendido, demandó la presentación de pruebas y presentó, a su vez, una denuncia contra el apocado Martínez, exigiéndole retractarse. Y éste, en vez de proceder en forma, arguyó que por su fuero constitucional no podía ser siquiera perseguido por la vía penal. Hace unos días, la Suprema Corte de Justicia dio razón a Bartlett arguyendo que no existe tal inmunidad para inhibir las actuaciones judiciales y que, por ende, el señalado debe responder, más ahora cuando cesó en su encargo ministerial y más parece un rastrojo de hojas muertas al pie de Los Pinos.

Es muy importante subrayar, para evitar falsedades, que la Corte no exculpó a Bartlett sino validó su derecho a querellarse contra un funcionario. Esto es: como no hay denuncia específica contra el personaje respecto a la represión evidente del sexenio delamadridiano y, en concreto, sobre el asesinato de Buendía, el asunto se centró en lo secundario: la capacidad de todo individuo para denunciar a quienes ejercen cargos públicos y no se ciernen a los mecanismos ni procesos para hacer valer la ley. Martínez Cázares, sencillamente, incumplió fatalmente este principio.

No se olvide, abundando en el tema, que cuantos forman gobierno tienen un deber fundamental si cuentan con elementos para asegurar que se ha cometido un delito: proceder en contra de los responsables sin importar jerarquías ni circunstancias políticas. Si no lo hace incurren en una falta que puede llevarlos a la destitución e incluso a ser inhabilitados para ejercer puestos públicos. Y es esta conducta, sin duda, la que delinea la posición de la Corte.

El temor a sacudir a las viejas mafias, colocó al pobre de Don Germán ante la picota, pasando de acusador a acusado, dejándole la iniciativa a uno de los más siniestros políticos de nuestra era, cien veces señalado por sus actos represivos y convertido ahora en izquierdista farsante listo a subirse a los templetes a los que lo llamen. Y se da el lujo, apostando por la amnesia del colectivo, a marchar brazo con brazo con quienes se dicen herederos de cuantos fueron afrentados por él cuando fungía como secretario de Gobernación sumando cadáveres de líderes de opinión –sobre todo pertenecientes al Frente Democrático Nacional, antecesor del PRD-, y periodistas amargamente silenciados bajo la más vergonzosa impunidad.

Debate

Elba Esther Gordillo, la “novia de Chucky”, es otro ejemplo, el mayor quizá, de la cobardía manifiesta de cuantos forman gobierno y se dejan arrinconar por las presiones gremiales o pretenden usarlas en beneficio propio cuando sea necesario. No es que sea poderosa per se, esto es por el solo hecho de mantener feudos intocables a costa de corromper a sus secuaces hasta convertirlos en dependientes de su matriarcado, sino, más bien, su fundamento, para ser inamovible y perpetua –como la vela y los iconos-, es el temor extremo de cuantos optan por eludir enfrentamientos conviniendo con ella lo que a ésta le viene en gana... incluyendo sus bastiones inalterables, la Secretaría de Educación Pública y ahora también la dirección del ISSSTE –en donde un “elbista”, Miguel Ángel Yunes, ocupó el cargo como camuflaje a su verdadera intención, el pretendido abordaje malsano del gobierno de Veracruz- amen de su perniciosa influencia para determinar candidaturas y hasta contrapesos esquiroles para ampliar sus cuotas de chantajes.

Recientemente, el secretario de Educación, Alonso Lujambio Irazábal, a quien muchos consideran el verdadero “delfín” de cara a la sucesión presidencial –esto es a la vieja usanza del presidencialismo inescrutable-, salió en defensa de “la maestra” enamorada del “muñeco diabólico”, arguyendo que, junto al SNTE bajo la férula de ésta, es “un actor privilegiado” en el palenque de la vida institucional. ¡Y lo suscribió, nada menos, quien como tarjeta de presentación en política publicó una obra, “La Democracia Indispensable”, en donde fustiga el arraigado corporativismo, que nos reduce a la era del presidencialismo autocrático, cuyo ejemplo mayor es la señora Gordillo!

En el juego de la perinola demagógica mienten todos y pierden los mexicanos. Allí está Elba Esther, intocable, como fiel de una balanza contaminada por las peores herencias del viejo régimen. ¿Y por qué? Sencillo: ha sido muy útil en la mutación de los maestros convertidos en alquimistas electorales, al servicio de las más aviesas causas de la derecha. Por eso se sostiene mientras continúa administrando los fondos de la corrupción a placer mientras viaja, seduce a los ambiciosos que ofertan dignidades a cambio de canonjías y sostiene su derecho de picaporte al despacho presidencial. Tales son los nuevos tiempos... y lo que falta.

No queda duda alguna acerca de cuál es la misión de la señora en pleno frenesí de cacicazgos y componendas soterradas. Lo del cambio no es sino una monserga que se convierte en carcajada de vampiresa.

El Reto

También por cobardía se segregó a los altos mandos militares, a cincuenta y dos de ellos concretamente, de los ajustes presupuestarios que, por decreto, se hicieron en todo el gabinete con el propósito, explicable además, de que ningún funcionario del gobierno federal devengara más que el presidente en funciones. Las autoridades hacendarias, tan solícitas a la hora de aplicar el terrorismo fiscal a la sociedad mexicana en estado de indefensión, se les “olvidaron” las jerarquías castrenses para evitar con ello algunas deslealtades en la álgida hora coyuntural del combate al narcotráfico. No vaya a ser el diablo.

De esta manera se nos está gobernando: esto es, sin la menor intención de romper las antiguas ataduras institucionales entre el llamado viejo régimen y su sucedáneo de la derecha. Bastante más pernicioso el segundo en cuanto que no gobierna, agobiado acaso por su fatídica inoperancia, posibilitando con ello la ocupación de los espacios vacíos.

¿Habrá lectores que ante esta relatoría pregunten todavía por qué el PRI está en fase de retornar a la Presidencia con todo y su cauda de mafiosos consumados cumplimentando papeles de falsos redentores? Sería, desde luego, tremendamente ingenuo.

La Anécdota

En su heredad de San Cristóbal, muy cerca de donde tenían lugar los festines promiscuos de Las Poquianchis, Vicente Fox estrena chamba: es, nada menos, capitán de meseros y en esta condición espera, consecuenta y alterna con la clientela que se acerca a almorzar al recién estrenado restaurante al pie del templo faraónico del foxismo, a la manera echeverriana pues.

Las imágenes son jocosas. El ex presidente, portando sombrero propio de la década de los cincuenta, muy fino eso sí, y con anteojos sobre el pecho colgando del cuello, se esmera en atender a los comensales quienes le observan, sentados, a punto de ordenar sus platillos. Una imagen nítida del demagógico México “democrático”. Por supuesto, tengo conciencia de la enorme confusión conceptual.

Un joven hostelero capitalino se animó a concluir, entre risotadas:

--Si después de ser presidente se antoja ser mesero... mejor me quedo donde estoy. Lástima que no somos tan ricos.

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E-mail: rafloret@hotmail.com

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Rafael Loret de Mola
Escritor

miércoles, 24 de febrero de 2010

POBRES SOBERANÍAS/COLUMNA DESAFIO

Desafío Publicación: MIÉRCOLES 24 DE FEBRERO DE 2010

*Pobres Soberanías

*Marinos Judiciales

*El Gran Escondite

Por Rafael Loret de Mola

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La Secretaría de Marina mantiene el misterio sobre las razones por las cuales supuestamente está habilitada para realizar operativos fuera de las costas y del mar patrimonial de nuestro país. No se olvide el principio rector que fundamenta el Estado de Derecho: los servidores públicos –los miembros de la Armada lo son-, sólo pueden hacer lo que les está específicamente ordenado. Esto es: las interpretaciones sesgadas respecto al imperativo de preservar la seguridad nacional no debe transgredir los límites territoriales ni las facultades expresas que la ley otorga.

¿O acaso los policías municipales de Ecatepec podrán actuar, con los mismos fueros, en Ciudad Juárez, alegando que un miembro de su comunidad ha sido afrentado allí? En la misma línea, cualquier funcionario que se pretenda responsable podrá arrogarse el derecho de armarse y proceder con la fuerza contra sus vecinos sospechosos aduciendo que actúa en beneficio global como si siguiera el papel de un gendarme o el de un agente judicial o del Ministerio Público. En este escenario, con seguridad, la anarquía sería total y la ciudadanía quedaría al garete, en estado de indefensión.

En 1985, en Michoacán, un destacamento del ejército y centenares de agentes judiciales, sin aviso previo a las autoridades estatales, rodearon el rancho “El Marengo” con la intención de aprehender al “capo” Rafael Caro Quintero y sus secuaces tras los secuestros y asesinatos del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, y su piloto mexicano. Fuera del imperativo de actuar contra el entonces célebre “cártel de Guadalajara”, bajo la presión creciente del gobierno de Washington, el entonces gobernador de la entidad, Cuauhtémoc Cárdenas, protestó enérgicamente contra el proceder incorrecto de soldados y policías federales al violentar la soberanía de la entidad.

Por supuesto, siguiendo el protocolo en boga durante la hegemonía priísta, el serio diferendo, con altos decibeles por la actitud de Cárdenas --esto es fuera de los cartabones de la disciplina y el sometimiento al poder central--, no culminó, como era de esperarse, con una seria sacudida institucional y la consiguiente consignación de los culpables que habían pasado por uno de los principios rectores de la ida republicana. Sin embargo, como podemos apreciar en la perspectiva actual, quedó como un referente, de la mayor importancia, para señalar la trascendencia de respetar el llamado “pacto federal” por encima de circunstancias y condiciones perentorias.

Por supuesto, en aquel tiempo, esto es a lo largo del deplorable sexenio de Miguel de la Madrid, no había gobernador alguno que no perteneciera al PRI y eran muy contados los alcaldes y legisladores opositores –en la Cámara Alta apenas unos escaños habían sido tomados por ellos-. Tal facilitaba la operatividad excesiva del presidencialismo y de sus brazos ejecutores sobre todo cuando se pretendían justificar los excesos en aras, insisto, de mantener la estabilidad... ad hoc con intereses y estrategias de la administración central.

En el horizonte actual, las aguas se salen de cauce con frecuencia aun cuando no se da el debido seguimiento para erradicar excesos y sancionar a los funcionarios abusivos. En buena medida, la pluralidad política, marcada por la presencia de veintisiete mandatarios estatales, de treinta y dos posibles incluyendo al jefe del gobierno defeño, contrarios, en cuanto a filiaciones partidistas, al titular del Ejecutivo federal. Una relación que no concuerda con el continuismo en el gobierno federal considerando, además, que el núcleo, en donde se generan más votos, el Distrito Federal, es gobernado por el PRD desde 1997.

A partir de 2000, por tanto –y es ésta una de las más trascendentes aportaciones, acaso la mayor, del convulso proceso democrático de México-, los gobernadores, salvo los panistas, parecieron liberarse del yugo disciplinario respecto a la casa presidencial de Los Pinos. Y acabaron por fundar un singular sindicato, la CONAGO, que ha sido el contrapeso efectivo a los excesos del poder presidencial aun cuando no los han acotado del todo por la preeminencia de controles y operadores centrales acogidos a la fuerza castrense del Estado.

Pese a lo anterior, acaso por aviesa deformación anclada en el modus operandis del llamado “viejo régimen”, han sido escasas las ocasiones en las que los mandatarios estatales han señalado los abusos con los cuales se anula el principio rector de las soberanías estatales –son, más bien, autonomías en cuanto, de acuerdo a la Carta Magna, prevalece un poder superior, precisamente el que da cohesión a la República-, bajo el peso del presidencialismo autoritario, no extinto y aún con enorme capacidad de maniobra.

Mientras el titular del Ejecutivo federal no se acoja a sus límites, no podrá existir el menor sentido democrático en su actuación.

Debate

Hace una semana, el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira Valdés, uno de los mandatarios más incómodos desde la perspectiva de Los Pinos por su talante contestatario y sus desplantes ante quien ejerce la Presidencia, se querelló verbalmente por la intervención de trescientos elementos federales, incluyendo un pelotón de marineros –en una entidad en la que mar y costas quedan a cientos de kilómetros-, en Monclova, para catear casas y empresas, sobre todo la del director de la siderúrgica Altos Hornos de México, Luis Zamudio.

(En septiembre pasado igualmente la Marina procedió, a sus anchas, en un centro comercial, Plaza Moliere, de la colonia Polanco, en el Distrito Federal, para incautar documentación de una empresa minera bajo la insostenible justificación de que daban seguimiento a un caso que comenzó en una entidad con litorales. Y lo mismo sucedió en Morelos, en diciembre último, con motivo de la localización y muerte del “capo” Arturo Beltrán Leyva. Actuaron sin explicar qué o quién los facultaba para ello con la increíble displicencia de los también atemorizados legisladores).

Moreira, además, se ha caracterizado por denunciar los atropellos fehacientes de militares, sobre todo, y judiciales federales también, en su estado, con saldos muy negativos para la ciudadanía. Ello le ha llevado, incluso, a encarar al secretario de la Defensa Nacional, cuando fungía como tal el general Clemente Vega García, cuando un pelotón violó a once mujeres en territorio coahuilense. Finalmente le entregaron a unos cuantos soldados como culpables y con ello se calmó a la población civil afrentada.

Por supuesto, la denuncia ocasionó más ruido que nueces ante la ya acostumbrada negligencia de las autoridades del centro, maniatadas por la agenda militar del presidente en funciones y cuanto de ella deriva, entre otras cosas la inocultable impunidad que cobija a mandos medios y superiores castrenses ubicados en las regiones en donde la guerra entre los cárteles se mantiene en auge. Por ejemplo, a lo largo y ancho de la frontera norte del país.

No obstante, el paso se ha dado. Uno solo, pero con peso político indiscutible aun cuando haya pasado un cuarto de siglo entre el incidente en “El Marengo” y este en Monclova, muy cerca de Cuatro Ciénegas, en donde nació el prócer que transformó las revueltas y las armas en instituciones y leyes, Don Venustiano Carranza. De allí la obligación de defender el estado de derecho contra los amagos violentos de cuantos, amparados en el poder presidencial, creen no tener límites ni obligación alguna siquiera para informar de sus actos.

Cada vez, y es doloroso reconocerlo, estamos más cerca del abismo de la anarquía.

El Reto

Otra cosa, pero igualmente preocupante, es la cada vez mayor dificultad para cohesionar las posturas partidistas de quienes integran los distintos niveles de gobierno, el federal, los estatales y los municipales. Y esta tendencia se acrecentará, sin duda, a medida que nos acerquemos al 2012 con la baza puesta en la sucesión presidencial.

Desde ahora, postulantes y tiradores, cada quien en su respetivo feudo, ponen al día sus tácticas para denostar a los contrarios, esto es a los funcionarios con filiación partidista distinta, señalándolos con visión sectaria: esto es, sin el menor sentido de autocrítica para analizar conductas propias semejantes a las ajenas que condenan. Y ello, desde luego, eleva la dosis de confusión general. Otra cosa sería si, de verdad, los actores políticos relevantes buscaran el bien común.

Por ejemplo, en cuanto a lo analizado, ¿no es el momento para que, fuera de posturas facciosas, se defina, con corrección, el principio autonómico para exaltar la posibilidad de obrar en consecuencia en cada región del país y no tener que defender las soberanías estatales que no lo son?

Por algo debe comenzarse.

La Anécdota

En abril de 1999, al tiempo de que el entonces presidente Ernesto Zedillo vacacionaba en Cozumel y la Isla de Holbox, Mario Villanueva Madrid, sin entregar a su sucesor en la gubernatura de Quintana Roo, Ernesto Hendricks, el despacho respectivo, dejó con un palmo de narices a los agentes judiciales que trataban de asegurarle por efecto de severas denuncias contra él por sus presuntos nexos con el narcotráfico.

Desde ese momento hasta mayo de 2001, cuando fue aprehendido en Cancún, el personaje supuestamente “más buscado” permaneció refugiado en un singular escondite: uno de los ranchos del cacique y entonces mandatario yucateco, Víctor Cervera, en el sur de su entidad. Hasta allí acudió la periodista Isabel Arvide invitada a hacerle a Villanueva una entrevista que publicó sin dar lugar a pesquisas sobre el paradero del sujeto. ¿Por qué le encubrieron?

Cervera arguyó, para retener al indiciado colega suyo, ejerciendo una especie de padrinazgo peninsular, que la soberanía de Yucatán debía ser preservada ante quienes quisieran violentar su territorio en busca del quintanarroense. Y, muy orondo, organizó el encuentro entre Zedillo y su par estadounidense, Bill Clinton... en su feudo yucateco. ¿Coincidencias?

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E-mail: rafloret@hotmail.com

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