Desafío Publicación: MIERCOLES 7 DE ABRIL DE 2010
*Consumo y Violencia
*El Trabajo en Crisis
*Las Razones del Capo
Por Rafael Loret de Mola
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Se trabaja más para recibir menos en las sociedades marcadas por severas desigualdades sociales o vistas como los eslabones más débiles en el concierto de las naciones. Un mexicano, por ejemplo, devenga tras una jornada diaria lo mismo que otro por una hora fuera del territorio nacional con salarios mínimos. Tal correlación, desde luego, explica la emigración y exhibe la incapacidad del gobierno por proveer de oportunidades suficientes de trabajo, con ingresos dignos –lo son aquellos que cubren los apremios básicos compensando así justamente los esfuerzos-, y mantener, al mismo tiempo, el espejismo de las remesas enviadas desde otras latitudes como falso signo de equilibrio colectivo. ¡Ay, pobre del país si no llegaran a su destino tales envíos ni proveyeran a millones de familias!
La segunda fuente de ingresos para México, sólo menor a lo captado por la venta de nuestros petróleo, es tan variable como las condiciones que se ofrecen a los llamados “indocumentados” para contratarse con los ojos vendados en el sur de los Estados Unidos. Al tiempo que se endurecen los contratantes, haciendo decrecer los ingresos de los trabajadores “ilegales” bajo el justificante de que su clandestinidad laboral les puede acarrear dificultades con las autoridades migratorias, y se amplía la persecución en las fronteras y ciudades –por ejemplo, limitando los servicios de salud para quienes posibilitan el auge de una economía basada en la mano de obra barata, obviamente irregular-, los altos funcionarios mexicanos celebran el rescate, por ahora retórico, del “plan Mérida” destinado a hacer confluir recursos desde Estados Unidos para aliviar las limitaciones estructurales de nuestro país. Falacia pura.
Y, desde luego, se mantiene el aval para la edificación del muro de la ignominia, en la frontera norte, que de modo alguno impedirá el flujo de emigrantes hacia el deslumbrante paraíso del consumo si bien elevará, piedra con piedra, el drama de los mismos. De ello no hablan los congresistas republicanos, calculadores y oportunistas, a la hora de ponderar el imperativo de “auxiliar” a la economía de su vecino tal y como se hace con los menesterosos: unos centavos para paliar el hambre y ni un solo peso para elevar su capacidad productiva hasta hacerlo autosuficiente. En este punto, claro, se decanta el secreto de la dependencia.
Ya hemos dicho que la inestabilidad política en México sirve muy bien a la causa del injerentismo. Los poderosos se expanden sobre territorios vulnerables por sus debilidades atávicas aun cuando parezca riesgoso invertir sobre suelos hollados por las convulsiones sociales. Comprar barato para asegurar mejores rendimientos es la fórmula de los empresarios y especuladores más exitosos. Quien lo dude puede mirar hacia el mexicano más rico del planeta ara corroborarlo. Los contrastes no pueden ser más marcados entre la pequeña elite favorecida por sus alianzas con los perentorios depositarios del poder público y una población sometida a ingresos deplorables para subsistir.
De allí la notable bifurcación que propone el señor Carlos Slim para evitar los riesgos de la subversión colectiva: una cosa es la sociedad de consumo, caracterizada por atrapar al colectivo en el tobogán sin final de las deudas impagables –sobre todo por efecto de comprar lo que no se necesita aun cuando se pretenda con ello ganar estatus-, y otra la de bienestar en la que se mejore el nivel de vida general a base de elevar el poder adquisitivo. A lo segundo apuesta el empresario mexicano que se deja asesorar por Felipe González, ex presidente socialista de España aun cuando la visión de éste sobre la izquierda, moderna según reclama, diste mucho de la antigua filosofía de la lucha de clases. La mancuerna funciona.
Pero tal, desde luego, no se ha traslado a los gobiernos. Los republicanos, quienes sopesan la posibilidad de ser erradicados de la Casa Blanca por alguno de los tópicos demócratas –sea un negro o una mujer el abanderado de esta causa dicho sin el menor sentido peyorativo-, no se plantean que México deje de ser dependiente, satélite más bien de la mayor potencia de todos los tiempos. Al contrario: mientras más se le maniate con las deudas y los compromisos a futuro, hipotecando los recursos primarios cuando los mercados va a la alza, las garantías para la inversión foránea serán mayores. La acusación rara vez no funciona aunque, desde luego, hay excepciones.
Queda clara la ambición del poderoso que privilegia su propia seguridad y solvencia acaparando, por ejemplo, los bienes del petróleo. La invasión a Irak, como se ha repetido hasta el cansancio, le asegura el abasto petrolero por un siglo cuando menos. Y tal franja se ampliará en tanto sea mayor su influencia, social, económica y política sobre sus depauperados vecinos del sur, dueños de enormes riquezas en su subsuelo pero también generadores de pésimos administradores políticos.
Debate
El señor Calderón ofreció oportunidades y no limosnas. Y lo primero brilla por su ausencia aun cuando insiste en ponderar las mejorías que genera la propia inercia social. Me explico: por una tremenda deformación, atávica también, suele considerarse que la gracia del gobierno provee de todo, hasta cuando se trata de bachear una calle devastada por el mal asfalto. Y nunca se acredita a la evolución de la comunidad y sus aplicaciones al trabajo la consecución de logro alguno. Ni modo que, en la miseria, permaneciéramos todos guarecidos bajo el techo protector del Estado. Sí, se trabaja más y se percibe mucho menos.
Cada que observo el paso de sociedades con capacidad de compra no puedo evitar hacer las comparaciones respectivas. ¿Pueden imaginarse los amables lectores que el piso que alquilaba en Madrid, con todos los servicios, es propiedad de un voceador que mantiene su quiosco en la Plaza de Castilla desde hace cuatro décadas? En la misma línea, un maestro de albañil cuenta con propiedades suficientes como para considerarse terrateniente incluso frente al mar. Y es que la valoración de unos y otros es muy distinta ante dos perspectivas marcadas, sobre todo, por los ingresos.
En nuestro México una servidora doméstica apenas tiene algún derecho para diferenciarse de una esclava. Ya sé que este comentario molesta mucho a las amas de casa a quienes les pido un acto de íntima reflexión. ¿Cuántas veces han sentado a su mesa a quienes les sirven incluyendo en las festividades navideñas? Las excepciones confirman la regla. Hay distancias, se dice, acaso inalcanzables desde la perspectiva material y abrumadoramente inexplicables desde la espiritual.
Pero ocurre que en la sociedad sin clases, como la que sigue de estreno en la Iberia brava, los comunes olviden los rigores del trabajo y los trasladan a quienes, aunque no lo digan, perciben inferiores: digamos los inmigrantes que anhelan ganar en euros para cumplimentar con ellos el rito de las remesas salvadoras. Desde la tierra del Cid hacia Bolivia, Ecuador, Rumania y Colombia, en ese orden, como si de un euroducto se tratara entre continentes y más allá de las cortinas que fueron de hierro y del oprobio en tiempos no muy lejanos.
La libertad se entiende también como posibilidad de asegurarse el porvenir escogiendo destino y circunstancias. ¿Cuántos, en el mundo, tienen este privilegio? La mera interrogante plantea las diferencias de fondo, lo mismo en la sólida Unión Europea, en donde España sigue a la retaguardia a pesar de su impresionante desarrollo democrático –la dictadura apenas comenzó a extinguirse hace poco más de tres décadas-, que bajo el dominio financiero de la mayor potencia de todos los tiempos. Tal el caso de nuestro México, cada vez más cerca de la Casa Blanca y más lejos, parafraseando a Don Porfirio, de su propia idiosincrasia de la que algunos reniegan.
La injusticia, desde luego, brota en las macetas de los especuladores.
El Reto
Una infortunada sentencia de Vicente Fox puso el dedo en la llaga: “los mexicanos (en Estados Unidos) realizan tareas que ni los negros hacen”. Aquello produjo una explosión de protestas por parte de as comunidades afroamericanas que se sintieron aludidas desdeñosamente. Pero no hubo ni la menor reacción por parte de los grupos chicanos que debieron reclamar la posición deprimente en la que fueron colocados. Porque, además, en el fondo, el sustento de la frase hiriente no está muy alejado de la realidad aunque sí, desde luego, de la diplomacia.
Más allá de palabras y sentencias negativas, nuestro gobierno no responde para intentar salvaguardar los intereses de los tantos mexicanos que son víctimas de las redadas de la xenofobia en los escenarios de la “civilización” occidental, como en Pensilvania en donde los gamberros de uniforme no cesaron de patear, golpear e injuriar a tres elementos a los que identificaron como inmigrantes indeseables. Esto es, en un rango inferior a las bestias y con menos derechos que las mascotas caseras que reciben trato de privilegio dentro de una sociedad farisea.
¿Para cuándo, señor Calderón, su propuesta para arraigar a quienes deben marcharse hacia el exterior?¿Existe alguna alternativa para generar en nuestro territorio los ingresos que substituyan a las remesas generosas que, por cierto, enriquecen más a los socios proverbiales del establishment, como los dueños intocables del Banco Azteca, el principal cambista de estas divisas?
Ya va siendo hora de pensar en algo más que no sean los combates callejeros en pleno reacomodo de mafias y cómplices.
La Anécdota
Cuando conté las vivencias del “Memo” –“Ciudad Juárez”, Océano, 2005-, un nombre ficticio claro para una historia real, me detuve en los orígenes de quien deambulaba por la urbe fronteriza convertido en un gran señor entre las mafias intocables con apenas tres décadas de existencia. Me dijo:
--Mire, nos pasa igual que a los mineros. Ellos saben que no podrán vivir mucho porque los minerales gases tóxicos los destruyen por dentro. La diferencia es que ellos nunca dejan de ser pobres. Nosotros sí. Y vale la pena. Total: cuando nacimos ya estábamos condenados. Yo ya no le temo al infierno porque pasé por uno y aguanté...
Así justificaba su currículo de transgresor de la ley. Pero, claro, todavía hay quienes, desde sus cómodos despachos metropolitanos, consideran que hablar de esto es difamar a los pobres. Y mantienen la demagogia del paternalismo.
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Web: www.rafaelloretdemola.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
martes, 6 de abril de 2010
SOLDADOS Y PODER
Desafío Publicación: MARTES 6 DE ABRIL DE 2010
*Soldados y Poder
*Los Infiltrados
*Mentes Sectarias
Por Rafael Loret de Mola
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Desde que por el presidencialismo asfixiante los mandos castrenses comenzaron a negociar sus fidelidades, esto es extendiendo facturas y advertencias a cambio de obtener prerrogativas no sólo presupuestarias, los generales formados con un irreductible espíritu nacionalista, fogueados además en las tareas de más elevado riesgo para la seguridad del país, pasaron a un segundo plano, muchas veces como testigos silencios de la llegada a la titularidad de la Secretaría de la Defensa de elementos muy inferiores pero suficientemente apadrinados. Las infiltraciones, por tanto, se hicieron no sólo más frecuentes sino también de mayor calado.
Uno de los recios militares que no pudieron alcanzar la mayor jerarquía aunque merecimientos les sobraran fue el general Salvador Rangel Medina, fallecido en 2005 con 92 años a cuestas. Célebre por operativos y actitudes en distintas entidades del país, de manera sobresaliente en Guerrero, Michoacán y Yucatán, fue siempre leal a su propia conciencia lo que, en distintas ocasiones, le separó de la soberbia de quienes, sin autoridad moral alguna, solían dictar órdenes disparatadas. Por ejemplo, se negó, como comandante de zona, a seguir las instrucciones del “alto mando” para acordonar e incendiar los localizados campamentos de la guerrilla de Lucio Cabañas, al correr la década de los setenta, para provocar así que, como conejos, buscaran refugio y encontraran sólo la metralla. Le pareció que tal era un genocidio. Y tenía razón.
Pues bien, el general Rangel Medina, hombre recio y con cierta cultura, terminó sus días siendo una especie de icono para los soldados que, como él, no se confunden al jerarquizar valores y conceptos. Primero la justicia, después las reglas; el país por encima de las castas y los mandatarios por debajo de los mandantes. Es sencillo transcribirlo y tremendamente difícil sostenerlo, mucho más cuando priva la suficiencia de una pequeña elite de arribistas que creen saberlo todo y ni siquiera conocen la geopolítica del país ni la historia de los flagelos sociales, efectos de las distancias de clase y de la impudicia, también la negligencia, gubernamental.
Cuenta Juan Veledíaz, en su espléndida biografía de Rangel –“El General sin Memoria”, Debate, Random House Mondadori, 2010-, que el mílite sostenía, desde hace cuarenta años, una hipótesis que cobra excepcional oportunidad en estos tiempos turbulentos, perdido el respeto a las vidas ajenas y exaltada la fuerza represiva para supuestamente asegurar equilibrios inalcanzables por esta vía:
“Años después –explica Veledíaz-, advirtió que combatir al narcotráfico no sería como enfrentar a Lucio Cabañas o al subcomandante Marcos; era una encomienda que podría costarle más caro al ejército pues el poder corruptor de las mafias era el real enemigo a vencer”.
En la sentencia radica la clave pare entender los negativos saldos de la guerra contra los poderosos cárteles en frenética disputa territorial, desde el norte hasta el sur de esta nuestra atenaceada República, gracias, en buena medida, a la soslayada colusión con un sector del ejército y buena parte de la clase política dominante y, hasta hoy, inamovible con o sin alternancias de por medio.
Por desgracia, “el efecto corruptor” llegó muy hondo a través de soterradas negociaciones con quienes, en Palacio Nacional, se percataban, cada inicio de sexenio y luego de las turbulencias de 1968, de que la seguridad del entorno presidencialista dependía de las concesiones hacia oficiales y soldados animados a obtener prebendas poniendo a subasta sus lealtades. Y cada mandatario, en su turno, fue apremiado a pagar las facturas, una de ellas, la mayor sin duda, la tolerancia aviesa sobre los puentes entre las mafias dominantes y los mandos. Por fortuna, no todo se contaminó pero sí se afectó a la estructura institucional. Lo desgraciado es que la erosión no se ha interrumpido porque, en esta hora aciaga, privan los temores y no el propósito renovador; y sin este no hay, sencillamente, defensa posible.
Así, Echeverría negoció su propia seguridad, luego de privilegiar a su Estado Mayor convirtiéndole en un cuerpo de elite capaz de asegurar y superar a seis efectivos militares con uno solo de sus miembros, aun cuando con ello se colocara, al final de su periodo, en franco predicamento incluso mediante un conato de golpe de Estado, en noviembre de 1976, disipado con el consiguiente y elevado pago de facturas. López Portillo, su sucesor, debió cubrir el tremendo desfalco asumiendo la vieja teoría de “dejar hacer” a las jerarquías castrenses que cobraron muy caros, a su vez, los reproches contra el frívolo comportamiento de este mandatario capaz de erigir en “general de bisutería” a su antiguo colega de pandilla, Arturo “el Negro” Durazo.
Un sexenio más adelante, con Miguel de la Madrid, el intercambio de chantajes tocó fondo. El entonces secretario de éste, Emilio Gamboa Patrón –superviviente con enorme actualidad del malaje político-, llegó a decirme entonces:
--El primer año del sexenio -1983-, estuvimos al borde del abismo... bajo la presión de los generales.
Y con este saldo... comenzó a registrarse el primer “boom” del narcotráfico sobre suelo mexicano.
Debate
Con la asunción de Fox, en diciembre de 2000, las interrelaciones entre los poderes civiles y militares, por supuesto, cambiaron drásticamente. Recuérdese que la formación de los altos oficiales tendía no sólo a desacreditar a los antiguos conservadores, quienes integran hoy la derecha, sino repelían a los mismos al considerarlos “reaccionarios” y, bajo esta misma concepción, apátridas dispuestos a ofertar a su propia patria en descargo de sus afanes mercantilistas. La posible reacción de los sectores duros del ejército, por ende, concitaba a la preocupación de cuantos conocían la historia y las consiguientes condiciones supuestamente estabilizadoras.
Pese a ello, la más densa de las transiciones políticas, vencido el partido que mantuvo la hegemonía por siete décadas largas, se dio sin el menor agobio, tersamente diríamos, en una demostración aparente de elevada civilidad política. Si el enano-brujo fue capaz de construir en una noche el Castillo del Adivino en Uxmal, según la leyenda, ¿por qué los mexicanos de hoy no serían capaces de fabricar una democracia ad hoc igualmente en veinticuatro horas? Esto es amanecimos bajo el dominio de un régimen opresor –como reseñaban los propios opositores- y nos dormimos bajo el iluminado cielo de la libertad con el Ángel también festejando al pie de las tumbas de los insurgentes. Una proeza que se antoja insuperable.
La realidad, por desgracia, es bastante menos romántica. ¿Cuál pudo haber sido el costo de la “carta blanca” extendida a los Fox para que pudieran asegurar el transcurrir de aquel régimen son el menor brote de inconformidad entre la clase militar construida con doctrinas liberales? Podríamos entrelazar lo sucedido en los ochenta con los acontecimientos iniciales del tercer milenio y alcanzar así un esbozo de respuesta. Información versus inducción.
Desde el arribo del PAN a la Presidencia, primero con los Fox y ahora con el vulnerable Calderón, no les ha ido mal a los altos generales. Al contrario: gozan de cabal salud, política y sobre todo jurídica, contra las mil denuncias de abusos por supuesto impunes. ¿Vamos atando cabos? Como si las fidelidades extremas, registradas en la apretada agenda militar del mandatario en ejercicio, se hubiesen trazado con algo más que la formación histórica, por cierto desplazada en loor a una democracia reversible. ¿O acaso el escenario de 2006 puede considerarse un avance de tal modelo político contra las mil evidencias del desaseo comicial y la intervención facciosa del poder presidencial... y el militar también?
Es evidente, para el lector acucioso, que el gato dejó de estar encerrado.
El Reto
Dicen que el gobierno de México reaccionó luego del asesinato de doce jóvenes en Ciudad Juárez. No fue así. Más bien tomó la decisión de retirar a los efectivos militares de la fronteriza urbe luego de que tres civiles relacionados con el Consulado estadounidense en la misma fueron brutalmente acribillados produciendo con ello la furia de la Casa Blanca, del presidente Obama y de cuantos consideran que por cada vida norteamericana la mayor potencia de todos los tiempos puede cobrarse cien de sus “enemigos”.
Felipe Calderón fue, una vez más, rebasado. Bajo la presión del gobierno de Washington, y no por voluntad propia, la desmilitarización mexicana de la frontera no será óbice para que la nación vecina despliegue su ya legendaria capacidad ofensiva con o sin camuflajes de por medio. Para eso vino Hillary Clinton a México y no para lisonjear a los tibios ocupantes de Los Pinos cada vez más copados y reducidos. Dicho de otra manera: las presiones castrenses aumentarán, sin duda, sobre una presidencia voluble. Y ello sin que la poderosa Unión Americana deje de hacer lo propio exigiendo soluciones y no monsergas.
Ni quien se acuerde, en esta hora negra, de los padrinos estadounidenses que deben estar pasándosela muy bien ante el dolor de los mexicanos.
La Anécdota
El caso “Paulette” –la pequeña de cuatro años asfixiada y hallada muerta en un resquicio entre su cama y la cabecera, en su casa de Interlomas-, ha sido nuevo motivo para el lanzamiento de monsergas en un entorno contaminado por los usos sectarios y la creciente polarización partidista.
No faltan voces que recriminan al procurador mexiquense por haber tardado una semana en hallar el cuerpo de la niña acusándolo de negligencia y extendiendo sus acusaciones, claro, contra el gobernador de la misma entidad, el “presidenciable” Peña Nieto quien, no sobra decirlo, dista mucho de estar libre de pecados. Pero lo que cuestiono ahora es la actitud de linchamiento de cuantos manifiestan franca oposición a éste y aprovechan cualquier acontecimiento para afrentarlo iguala cuanto sucedió hace seis años con distintos protagonistas. No salimos del medioevo político.
Cabría recordar que, hace casi tres años, en Algarve Portugal, el matrimonio McCann denunció la desaparición de su hija Madeleine en circunstancias muy parecidas a las que rodean el caso de nuestra niña mexicana: sendas víctimas tenían cuatro años y “desaparecieron” de sus casas mientras dormían. Y en ambos casos, además, los padres fueron vistos como posibles ejecutores. En México, como sea, las autoridades se llevaron una semana en encontrar el cadáver y fincar responsabilidades. En Europa, las policías portuguesas y británicas, conjuntadas, siguen deshojando las margaritas sin poder resolver siquiera el misterio sobre la ubicación del cuerpo. Sólo que allí el asunto no sirve para incendiar el proselitismo oscuro. Abundaremos.
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Blog: www.rafaelloretdemola.blogspot.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
*Soldados y Poder
*Los Infiltrados
*Mentes Sectarias
Por Rafael Loret de Mola
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Desde que por el presidencialismo asfixiante los mandos castrenses comenzaron a negociar sus fidelidades, esto es extendiendo facturas y advertencias a cambio de obtener prerrogativas no sólo presupuestarias, los generales formados con un irreductible espíritu nacionalista, fogueados además en las tareas de más elevado riesgo para la seguridad del país, pasaron a un segundo plano, muchas veces como testigos silencios de la llegada a la titularidad de la Secretaría de la Defensa de elementos muy inferiores pero suficientemente apadrinados. Las infiltraciones, por tanto, se hicieron no sólo más frecuentes sino también de mayor calado.
Uno de los recios militares que no pudieron alcanzar la mayor jerarquía aunque merecimientos les sobraran fue el general Salvador Rangel Medina, fallecido en 2005 con 92 años a cuestas. Célebre por operativos y actitudes en distintas entidades del país, de manera sobresaliente en Guerrero, Michoacán y Yucatán, fue siempre leal a su propia conciencia lo que, en distintas ocasiones, le separó de la soberbia de quienes, sin autoridad moral alguna, solían dictar órdenes disparatadas. Por ejemplo, se negó, como comandante de zona, a seguir las instrucciones del “alto mando” para acordonar e incendiar los localizados campamentos de la guerrilla de Lucio Cabañas, al correr la década de los setenta, para provocar así que, como conejos, buscaran refugio y encontraran sólo la metralla. Le pareció que tal era un genocidio. Y tenía razón.
Pues bien, el general Rangel Medina, hombre recio y con cierta cultura, terminó sus días siendo una especie de icono para los soldados que, como él, no se confunden al jerarquizar valores y conceptos. Primero la justicia, después las reglas; el país por encima de las castas y los mandatarios por debajo de los mandantes. Es sencillo transcribirlo y tremendamente difícil sostenerlo, mucho más cuando priva la suficiencia de una pequeña elite de arribistas que creen saberlo todo y ni siquiera conocen la geopolítica del país ni la historia de los flagelos sociales, efectos de las distancias de clase y de la impudicia, también la negligencia, gubernamental.
Cuenta Juan Veledíaz, en su espléndida biografía de Rangel –“El General sin Memoria”, Debate, Random House Mondadori, 2010-, que el mílite sostenía, desde hace cuarenta años, una hipótesis que cobra excepcional oportunidad en estos tiempos turbulentos, perdido el respeto a las vidas ajenas y exaltada la fuerza represiva para supuestamente asegurar equilibrios inalcanzables por esta vía:
“Años después –explica Veledíaz-, advirtió que combatir al narcotráfico no sería como enfrentar a Lucio Cabañas o al subcomandante Marcos; era una encomienda que podría costarle más caro al ejército pues el poder corruptor de las mafias era el real enemigo a vencer”.
En la sentencia radica la clave pare entender los negativos saldos de la guerra contra los poderosos cárteles en frenética disputa territorial, desde el norte hasta el sur de esta nuestra atenaceada República, gracias, en buena medida, a la soslayada colusión con un sector del ejército y buena parte de la clase política dominante y, hasta hoy, inamovible con o sin alternancias de por medio.
Por desgracia, “el efecto corruptor” llegó muy hondo a través de soterradas negociaciones con quienes, en Palacio Nacional, se percataban, cada inicio de sexenio y luego de las turbulencias de 1968, de que la seguridad del entorno presidencialista dependía de las concesiones hacia oficiales y soldados animados a obtener prebendas poniendo a subasta sus lealtades. Y cada mandatario, en su turno, fue apremiado a pagar las facturas, una de ellas, la mayor sin duda, la tolerancia aviesa sobre los puentes entre las mafias dominantes y los mandos. Por fortuna, no todo se contaminó pero sí se afectó a la estructura institucional. Lo desgraciado es que la erosión no se ha interrumpido porque, en esta hora aciaga, privan los temores y no el propósito renovador; y sin este no hay, sencillamente, defensa posible.
Así, Echeverría negoció su propia seguridad, luego de privilegiar a su Estado Mayor convirtiéndole en un cuerpo de elite capaz de asegurar y superar a seis efectivos militares con uno solo de sus miembros, aun cuando con ello se colocara, al final de su periodo, en franco predicamento incluso mediante un conato de golpe de Estado, en noviembre de 1976, disipado con el consiguiente y elevado pago de facturas. López Portillo, su sucesor, debió cubrir el tremendo desfalco asumiendo la vieja teoría de “dejar hacer” a las jerarquías castrenses que cobraron muy caros, a su vez, los reproches contra el frívolo comportamiento de este mandatario capaz de erigir en “general de bisutería” a su antiguo colega de pandilla, Arturo “el Negro” Durazo.
Un sexenio más adelante, con Miguel de la Madrid, el intercambio de chantajes tocó fondo. El entonces secretario de éste, Emilio Gamboa Patrón –superviviente con enorme actualidad del malaje político-, llegó a decirme entonces:
--El primer año del sexenio -1983-, estuvimos al borde del abismo... bajo la presión de los generales.
Y con este saldo... comenzó a registrarse el primer “boom” del narcotráfico sobre suelo mexicano.
Debate
Con la asunción de Fox, en diciembre de 2000, las interrelaciones entre los poderes civiles y militares, por supuesto, cambiaron drásticamente. Recuérdese que la formación de los altos oficiales tendía no sólo a desacreditar a los antiguos conservadores, quienes integran hoy la derecha, sino repelían a los mismos al considerarlos “reaccionarios” y, bajo esta misma concepción, apátridas dispuestos a ofertar a su propia patria en descargo de sus afanes mercantilistas. La posible reacción de los sectores duros del ejército, por ende, concitaba a la preocupación de cuantos conocían la historia y las consiguientes condiciones supuestamente estabilizadoras.
Pese a ello, la más densa de las transiciones políticas, vencido el partido que mantuvo la hegemonía por siete décadas largas, se dio sin el menor agobio, tersamente diríamos, en una demostración aparente de elevada civilidad política. Si el enano-brujo fue capaz de construir en una noche el Castillo del Adivino en Uxmal, según la leyenda, ¿por qué los mexicanos de hoy no serían capaces de fabricar una democracia ad hoc igualmente en veinticuatro horas? Esto es amanecimos bajo el dominio de un régimen opresor –como reseñaban los propios opositores- y nos dormimos bajo el iluminado cielo de la libertad con el Ángel también festejando al pie de las tumbas de los insurgentes. Una proeza que se antoja insuperable.
La realidad, por desgracia, es bastante menos romántica. ¿Cuál pudo haber sido el costo de la “carta blanca” extendida a los Fox para que pudieran asegurar el transcurrir de aquel régimen son el menor brote de inconformidad entre la clase militar construida con doctrinas liberales? Podríamos entrelazar lo sucedido en los ochenta con los acontecimientos iniciales del tercer milenio y alcanzar así un esbozo de respuesta. Información versus inducción.
Desde el arribo del PAN a la Presidencia, primero con los Fox y ahora con el vulnerable Calderón, no les ha ido mal a los altos generales. Al contrario: gozan de cabal salud, política y sobre todo jurídica, contra las mil denuncias de abusos por supuesto impunes. ¿Vamos atando cabos? Como si las fidelidades extremas, registradas en la apretada agenda militar del mandatario en ejercicio, se hubiesen trazado con algo más que la formación histórica, por cierto desplazada en loor a una democracia reversible. ¿O acaso el escenario de 2006 puede considerarse un avance de tal modelo político contra las mil evidencias del desaseo comicial y la intervención facciosa del poder presidencial... y el militar también?
Es evidente, para el lector acucioso, que el gato dejó de estar encerrado.
El Reto
Dicen que el gobierno de México reaccionó luego del asesinato de doce jóvenes en Ciudad Juárez. No fue así. Más bien tomó la decisión de retirar a los efectivos militares de la fronteriza urbe luego de que tres civiles relacionados con el Consulado estadounidense en la misma fueron brutalmente acribillados produciendo con ello la furia de la Casa Blanca, del presidente Obama y de cuantos consideran que por cada vida norteamericana la mayor potencia de todos los tiempos puede cobrarse cien de sus “enemigos”.
Felipe Calderón fue, una vez más, rebasado. Bajo la presión del gobierno de Washington, y no por voluntad propia, la desmilitarización mexicana de la frontera no será óbice para que la nación vecina despliegue su ya legendaria capacidad ofensiva con o sin camuflajes de por medio. Para eso vino Hillary Clinton a México y no para lisonjear a los tibios ocupantes de Los Pinos cada vez más copados y reducidos. Dicho de otra manera: las presiones castrenses aumentarán, sin duda, sobre una presidencia voluble. Y ello sin que la poderosa Unión Americana deje de hacer lo propio exigiendo soluciones y no monsergas.
Ni quien se acuerde, en esta hora negra, de los padrinos estadounidenses que deben estar pasándosela muy bien ante el dolor de los mexicanos.
La Anécdota
El caso “Paulette” –la pequeña de cuatro años asfixiada y hallada muerta en un resquicio entre su cama y la cabecera, en su casa de Interlomas-, ha sido nuevo motivo para el lanzamiento de monsergas en un entorno contaminado por los usos sectarios y la creciente polarización partidista.
No faltan voces que recriminan al procurador mexiquense por haber tardado una semana en hallar el cuerpo de la niña acusándolo de negligencia y extendiendo sus acusaciones, claro, contra el gobernador de la misma entidad, el “presidenciable” Peña Nieto quien, no sobra decirlo, dista mucho de estar libre de pecados. Pero lo que cuestiono ahora es la actitud de linchamiento de cuantos manifiestan franca oposición a éste y aprovechan cualquier acontecimiento para afrentarlo iguala cuanto sucedió hace seis años con distintos protagonistas. No salimos del medioevo político.
Cabría recordar que, hace casi tres años, en Algarve Portugal, el matrimonio McCann denunció la desaparición de su hija Madeleine en circunstancias muy parecidas a las que rodean el caso de nuestra niña mexicana: sendas víctimas tenían cuatro años y “desaparecieron” de sus casas mientras dormían. Y en ambos casos, además, los padres fueron vistos como posibles ejecutores. En México, como sea, las autoridades se llevaron una semana en encontrar el cadáver y fincar responsabilidades. En Europa, las policías portuguesas y británicas, conjuntadas, siguen deshojando las margaritas sin poder resolver siquiera el misterio sobre la ubicación del cuerpo. Sólo que allí el asunto no sirve para incendiar el proselitismo oscuro. Abundaremos.
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Rafael Loret de Mola
Escritor
lunes, 5 de abril de 2010
PODER DESTRUCTIVO
Desafío Publicación: LUNES 5 DE abril de 2010
*Poder Destructivo
*Querella Olvidada
*El Segundo Plano
Por Rafael Loret de Mola
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Bien se dice que es necesario saber retirarse a tiempo. Sobre todo cuanto se trata de gestiones o actividades públicas. De allí la sabiduría del Constituyente que marcó el lapso sexenal, digamos intermedio entre los cuatrienios que posibilitan una reelección de acuerdo al modelo norteamericano copiado por algunas otras naciones, suficiente para ejercer el poder sin amagos de permanencia. Sin embargo, al paso del tiempo y las ineficacias, cada vez el lapso nos parece más largo.
¿Serían capaces nuestros gobernantes de someterse a un escrutinio a la mitad de sus respectivos periodos en obsequio a la “soberanía que radica esencialmente en el pueblo” de acuerdo a nuestra Carta Magna? Lo hizo López Obrador, cuando ejerció la jefatura del gobierno defeño, con más histrionismo que buenas maneras: la pretendida consulta estuvo contaminada por la rotunda parcialidad con la cual se procedió a realizarla y la muestra general no resultó significativa aun cuando era evidente el aval mayoritario. Es, desde luego, un buen antecedente pese a ello.
¿Y los demás? El titular del Ejecutivo federal quien se empeña en considerar a las supuestas encuestas favorables, encargadas por la Presidencia desde luego, como elementos sustantivos a favor de sus proyectos, incluso los no suficientemente explicados -¿entre la ciudadanía se ponderan los argumentos en pro y contra de la pretendida reforma energética que ha vuelto a crispar a los bandos que partieron por mitad a la sociedad mexicana?-, pero bien sabe que no cuenta con el reconocimiento de un amplio sector aun cuando se insista en descalificarlo por los excesos verborréicos de quienes lo lideran. No debiera olvidar, ni un solo momento, que su “victoria”, desaseada, se alcanzó con el veredicto de sólo el 35 por ciento de los electores, esto es de uno entre cada cinco empadronados, lo que reduce su fuerza de convocatoria notablemente.
Para colmo, las cosas quedaron igual. Si se tratara de una carrera de relevos, la estafeta que pasa de mano en mano bien podría tener la imagen de Elba Esther, la perniciosa “novia de Chucky”, para asumir que quienes entran y salen de la Presidencia pertenecen, en el fondo, a un mismo equipo aun cuando sea diverso su origen y distintos sus clubes de origen. El establishment, nada menos, que posibilitó el milagro: los antiguos cómplices del llamado “viejo régimen” son los mejores y más socorridos aliados del nuevo. Así como está escrito. Cualquiera que sea su tendencia, amable lector, puede corroborarlo a simple vista y sacar conclusiones.
Cuando venció el señor Fox en 2000 sugerí que comenzaría ser creíble su prometido apostolado cuando fuera capaz de instalar, tras las rejas, a alguno de los ex presidentes predadores cuyos daños a la nación fueron inmensos y justificaron el clamor por el cambio. Nada se hizo salvo la parodia con Echeverría a quien luego se dejó en paz por respeto a sus canas. En la misma línea, el señor Calderón merecerá alguna credibilidad si es capaz, y sólo entonces, de finiquitar el cacicazgo magisterial para impulsar la más trascendente de las reformas: la educativa.
Tengo plena conciencia de que el comentario anterior puede parecer reiterativo. Lo es. Porque tengo la convicción de que mientras no se derruyan los cimientos podridos no será posible construir el nuevo andamiaje de la vida institucional. La reforma energética, o el tibio maquillaje en la rectoría electoral, no son sino validaciones del continuismo. De allí la trascendencia de desmantelar, de una vez por todo, los arcaicos modelos que detienen el impulso de los mexicanos. Y ninguno es más ponzoñoso que el educativo porque, sencillamente, es un ancla para una sociedad cuyo andar democrático es zigzagueante y, como tal, obviamente impreciso.
De bien poco sirven los llamados a concentrar esfuerzos en pos de las iniciativas presidenciales, cortadas a la medida de los intereses de los aliados del partido en el gobierno –sea el PRI o el PAN aun con las ligeras diferencias entre ambos-, mientras no se resuelva el tremendo embrollo de un sistema educativo que no es acorde con los requerimientos de las nuevas generaciones ni resulta competitivo frente a los del primer mundo. Mala cosa es seguir dependiendo de quienes tienen el privilegio de cursar posgrados en el exterior y regresan a su país con el convencimiento de que debe inventarse una patria nueva, ad hoc claro con las líneas implementadas desde fuera.
Y lo peor, sin duda, es seguir tropezando con la misma piedra.
Debate
Dos cuestiones no pueden esperar más: el amafiamiento sindical que destruye moralmente al gremio y la saturación de profesionales en determinadas áreas mientras que no se atiende a la infraestructura agrícola. Un país, como el nuestro, con tantos caudales en sus regiones rurales, dentro de una geografía extensa y generosa, requeriría contar con alternativas para impulsar la creación de universidades agroindustriales, mismas que, además, han sido detonantes para aquellas naciones cuyo retraso provenía de la caducidad política, digamos en Europa del este, y pudieron después integrarse a occidente sin mayores sacudimientos.
A principios de los ochenta, para acentuar lo anterior, la posibilidad de un desmantelamiento de la Unión Soviética además del fin de la guerra fría y la significativa caída del muro de Berlín –circunstancia que significó un enorme desafío para la pujante Alemania occidental por cuanto debió asimilar a la oriental con toda su cauda de lastres y asfixias-, hubiera sonado a una novela cortada con la más pura ficción, esto es a utopía pura. Y, sin embargo, al final de la década, en unos cuantos meses de 1989, el sacudimiento se dio para que surgiera, sin contrapesos, la hegemonía estadounidense como gran vencedora del pulso.
Pues bien, en los escenarios previos se puso énfasis sobre los programas educativos. En la Rumania de Ceausescu, el dictador que acabó fusilado junto a su esposa en diciembre de 1989, fueron privilegiadas las universidades agrarias y se redujeron, con el autoritarismo concerniente, los escenarios minados por la saturación de profesionales. Se determinó entonces que la libertad para escoger una carrera debería limitarse a quienes mostraran, además de vocación, un mínimo de capacidades y las mejores calificaciones. Los demás, acaso la mayoría, fueron destinados a otras áreas, muchos de ellos al campo, para vitalizar las tareas agrarias y asegurar su propio porvenir.
Me dijeron entonces que tal era como un trueque de libertades: se reducía la individual puesto que nadie podía asegurar la ruta por cada quien escogida; pero se ampliaba la colectiva al destrabarse candados y abrirse expectativas a favor de la productividad general. El experimento, cuestionable si se quiere, dio resultado. Y ahora Rumania, sin tirano de por medio, puede presumir no sólo de su integración a la Unión Europea sino de haber sobrevivido, sin asfixias terminales se entiende, a la catástrofe que derivó de la caída del socialismo en otras regiones de la que fue llamada “cortina de hierro”.
En México, en cambio, no hay definiciones y se dilapida el tiempo. Por eso permanecemos atados al desgastado corporativismo mientras los discursos oficiales señalan hacia reformas que no son estructurales. Se trata, más bien, de extender el maquillaje. Así, por ejemplo, PEMEX no se vende al sector privado pero se deja a éste invertir en todos los renglones de la sentenciada paraestatal. Estamos en la era de los galimatías políticos.
El Reto
No sería difícil sacudirse de la perniciosa cercanía de Elba Esther Gordillo desde la perspectiva presidencial. Y sin armar intrigas palaciegas ni seguir extendiendo el espionaje telefónico como si se tratara de un bisturí destinado a las autopsias. Su historia la condena.
Hay un caso del que ella no quiere escuchar, además de la polémica sobre su Normal de origen: el asesinato, en 1981, del maestro Misael Núñez Acosta, uno de los dirigentes de la sección 36 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en donde reina la señora Gordilla tras el descabezamiento de su antecesor, Carlos Jonguitud Barrios. Nunca he comprendido cómo si ella fue capaz de imponerse a un cacique en toda forma no le ha sido suministrada la misma medicina a pesar de sus tremendos traspiés, sobre todo morales. Y no vayan a salirme con la falacia de que “la maestra” aglutina cuando son evidentes los recursos por ella usados para mantener los controles, todos amorales. Ayer nos ocupamos de ellos.
Si en México los crímenes del poder no fueran nutrientes para la impunidad, la señora Gordillo dejaría de hacerse cirugías por dentro y por fuera. Otra cosa será cuando, al fin, las querellas contra ella la alcancen y se comience, no sin apremios, la escalada por la verdadera renovación.
La Anécdota
Como la inmigración de argentinos influyentes no cesa y algunas veces mal acaba –Ricardo Miguel Cavallo, Carlos Ahumada Kurtz-, es oportuno recordar una de las sentencias que elevaron la figura del dictador de aquella nación, Juan Domingo Perón, quien legó para la posteridad el modelo del matriarcado político sin más gracia que los matrimonios de conveniencia. Evita e Isabelita, como antecedentes de Cristinita.
Pues bien, Perón solía decir:
--Hay que situarse siempre en un segundo plano para alcanzar el poder desde la oposición. A quienes se sitúan en el primero los convierten en mártires.
No son pocos quienes podrían estar utilizando la estrategia. Por ejemplo, Marcelo, el gran carnal del Distrito Federal. Abundaremos.
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Blog: htpp://www.rafaelloretdemola.blogspot.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
POD
*Poder Destructivo
*Querella Olvidada
*El Segundo Plano
Por Rafael Loret de Mola
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Bien se dice que es necesario saber retirarse a tiempo. Sobre todo cuanto se trata de gestiones o actividades públicas. De allí la sabiduría del Constituyente que marcó el lapso sexenal, digamos intermedio entre los cuatrienios que posibilitan una reelección de acuerdo al modelo norteamericano copiado por algunas otras naciones, suficiente para ejercer el poder sin amagos de permanencia. Sin embargo, al paso del tiempo y las ineficacias, cada vez el lapso nos parece más largo.
¿Serían capaces nuestros gobernantes de someterse a un escrutinio a la mitad de sus respectivos periodos en obsequio a la “soberanía que radica esencialmente en el pueblo” de acuerdo a nuestra Carta Magna? Lo hizo López Obrador, cuando ejerció la jefatura del gobierno defeño, con más histrionismo que buenas maneras: la pretendida consulta estuvo contaminada por la rotunda parcialidad con la cual se procedió a realizarla y la muestra general no resultó significativa aun cuando era evidente el aval mayoritario. Es, desde luego, un buen antecedente pese a ello.
¿Y los demás? El titular del Ejecutivo federal quien se empeña en considerar a las supuestas encuestas favorables, encargadas por la Presidencia desde luego, como elementos sustantivos a favor de sus proyectos, incluso los no suficientemente explicados -¿entre la ciudadanía se ponderan los argumentos en pro y contra de la pretendida reforma energética que ha vuelto a crispar a los bandos que partieron por mitad a la sociedad mexicana?-, pero bien sabe que no cuenta con el reconocimiento de un amplio sector aun cuando se insista en descalificarlo por los excesos verborréicos de quienes lo lideran. No debiera olvidar, ni un solo momento, que su “victoria”, desaseada, se alcanzó con el veredicto de sólo el 35 por ciento de los electores, esto es de uno entre cada cinco empadronados, lo que reduce su fuerza de convocatoria notablemente.
Para colmo, las cosas quedaron igual. Si se tratara de una carrera de relevos, la estafeta que pasa de mano en mano bien podría tener la imagen de Elba Esther, la perniciosa “novia de Chucky”, para asumir que quienes entran y salen de la Presidencia pertenecen, en el fondo, a un mismo equipo aun cuando sea diverso su origen y distintos sus clubes de origen. El establishment, nada menos, que posibilitó el milagro: los antiguos cómplices del llamado “viejo régimen” son los mejores y más socorridos aliados del nuevo. Así como está escrito. Cualquiera que sea su tendencia, amable lector, puede corroborarlo a simple vista y sacar conclusiones.
Cuando venció el señor Fox en 2000 sugerí que comenzaría ser creíble su prometido apostolado cuando fuera capaz de instalar, tras las rejas, a alguno de los ex presidentes predadores cuyos daños a la nación fueron inmensos y justificaron el clamor por el cambio. Nada se hizo salvo la parodia con Echeverría a quien luego se dejó en paz por respeto a sus canas. En la misma línea, el señor Calderón merecerá alguna credibilidad si es capaz, y sólo entonces, de finiquitar el cacicazgo magisterial para impulsar la más trascendente de las reformas: la educativa.
Tengo plena conciencia de que el comentario anterior puede parecer reiterativo. Lo es. Porque tengo la convicción de que mientras no se derruyan los cimientos podridos no será posible construir el nuevo andamiaje de la vida institucional. La reforma energética, o el tibio maquillaje en la rectoría electoral, no son sino validaciones del continuismo. De allí la trascendencia de desmantelar, de una vez por todo, los arcaicos modelos que detienen el impulso de los mexicanos. Y ninguno es más ponzoñoso que el educativo porque, sencillamente, es un ancla para una sociedad cuyo andar democrático es zigzagueante y, como tal, obviamente impreciso.
De bien poco sirven los llamados a concentrar esfuerzos en pos de las iniciativas presidenciales, cortadas a la medida de los intereses de los aliados del partido en el gobierno –sea el PRI o el PAN aun con las ligeras diferencias entre ambos-, mientras no se resuelva el tremendo embrollo de un sistema educativo que no es acorde con los requerimientos de las nuevas generaciones ni resulta competitivo frente a los del primer mundo. Mala cosa es seguir dependiendo de quienes tienen el privilegio de cursar posgrados en el exterior y regresan a su país con el convencimiento de que debe inventarse una patria nueva, ad hoc claro con las líneas implementadas desde fuera.
Y lo peor, sin duda, es seguir tropezando con la misma piedra.
Debate
Dos cuestiones no pueden esperar más: el amafiamiento sindical que destruye moralmente al gremio y la saturación de profesionales en determinadas áreas mientras que no se atiende a la infraestructura agrícola. Un país, como el nuestro, con tantos caudales en sus regiones rurales, dentro de una geografía extensa y generosa, requeriría contar con alternativas para impulsar la creación de universidades agroindustriales, mismas que, además, han sido detonantes para aquellas naciones cuyo retraso provenía de la caducidad política, digamos en Europa del este, y pudieron después integrarse a occidente sin mayores sacudimientos.
A principios de los ochenta, para acentuar lo anterior, la posibilidad de un desmantelamiento de la Unión Soviética además del fin de la guerra fría y la significativa caída del muro de Berlín –circunstancia que significó un enorme desafío para la pujante Alemania occidental por cuanto debió asimilar a la oriental con toda su cauda de lastres y asfixias-, hubiera sonado a una novela cortada con la más pura ficción, esto es a utopía pura. Y, sin embargo, al final de la década, en unos cuantos meses de 1989, el sacudimiento se dio para que surgiera, sin contrapesos, la hegemonía estadounidense como gran vencedora del pulso.
Pues bien, en los escenarios previos se puso énfasis sobre los programas educativos. En la Rumania de Ceausescu, el dictador que acabó fusilado junto a su esposa en diciembre de 1989, fueron privilegiadas las universidades agrarias y se redujeron, con el autoritarismo concerniente, los escenarios minados por la saturación de profesionales. Se determinó entonces que la libertad para escoger una carrera debería limitarse a quienes mostraran, además de vocación, un mínimo de capacidades y las mejores calificaciones. Los demás, acaso la mayoría, fueron destinados a otras áreas, muchos de ellos al campo, para vitalizar las tareas agrarias y asegurar su propio porvenir.
Me dijeron entonces que tal era como un trueque de libertades: se reducía la individual puesto que nadie podía asegurar la ruta por cada quien escogida; pero se ampliaba la colectiva al destrabarse candados y abrirse expectativas a favor de la productividad general. El experimento, cuestionable si se quiere, dio resultado. Y ahora Rumania, sin tirano de por medio, puede presumir no sólo de su integración a la Unión Europea sino de haber sobrevivido, sin asfixias terminales se entiende, a la catástrofe que derivó de la caída del socialismo en otras regiones de la que fue llamada “cortina de hierro”.
En México, en cambio, no hay definiciones y se dilapida el tiempo. Por eso permanecemos atados al desgastado corporativismo mientras los discursos oficiales señalan hacia reformas que no son estructurales. Se trata, más bien, de extender el maquillaje. Así, por ejemplo, PEMEX no se vende al sector privado pero se deja a éste invertir en todos los renglones de la sentenciada paraestatal. Estamos en la era de los galimatías políticos.
El Reto
No sería difícil sacudirse de la perniciosa cercanía de Elba Esther Gordillo desde la perspectiva presidencial. Y sin armar intrigas palaciegas ni seguir extendiendo el espionaje telefónico como si se tratara de un bisturí destinado a las autopsias. Su historia la condena.
Hay un caso del que ella no quiere escuchar, además de la polémica sobre su Normal de origen: el asesinato, en 1981, del maestro Misael Núñez Acosta, uno de los dirigentes de la sección 36 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en donde reina la señora Gordilla tras el descabezamiento de su antecesor, Carlos Jonguitud Barrios. Nunca he comprendido cómo si ella fue capaz de imponerse a un cacique en toda forma no le ha sido suministrada la misma medicina a pesar de sus tremendos traspiés, sobre todo morales. Y no vayan a salirme con la falacia de que “la maestra” aglutina cuando son evidentes los recursos por ella usados para mantener los controles, todos amorales. Ayer nos ocupamos de ellos.
Si en México los crímenes del poder no fueran nutrientes para la impunidad, la señora Gordillo dejaría de hacerse cirugías por dentro y por fuera. Otra cosa será cuando, al fin, las querellas contra ella la alcancen y se comience, no sin apremios, la escalada por la verdadera renovación.
La Anécdota
Como la inmigración de argentinos influyentes no cesa y algunas veces mal acaba –Ricardo Miguel Cavallo, Carlos Ahumada Kurtz-, es oportuno recordar una de las sentencias que elevaron la figura del dictador de aquella nación, Juan Domingo Perón, quien legó para la posteridad el modelo del matriarcado político sin más gracia que los matrimonios de conveniencia. Evita e Isabelita, como antecedentes de Cristinita.
Pues bien, Perón solía decir:
--Hay que situarse siempre en un segundo plano para alcanzar el poder desde la oposición. A quienes se sitúan en el primero los convierten en mártires.
No son pocos quienes podrían estar utilizando la estrategia. Por ejemplo, Marcelo, el gran carnal del Distrito Federal. Abundaremos.
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Blog: htpp://www.rafaelloretdemola.blogspot.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
POD
miércoles, 31 de marzo de 2010
FLAGELOS EXTENDIDOS
Desafío Publicación: MIÉRCOLES 31 DE MARZO DE 2010
*Flagelos Extendidos
*Duelo entre Fariseos
*Quiebra del Vaticano
Por Rafael Loret de Mola
- - - - - - - - - - - - - - - - -
Los cuatro jinetes del Apocalipsis, en la era actual, han mudado de jamelgos. Sin soslayo de los males que causan las guerras y las hambrunas -–la peste y el cólera tienen referentes distintos--, podría concluirse que los flagelos más ominosos son: el narcotráfico, el terrorismo, los pederastas y los plagiarios que son el numen de la descomposición moral, social y política de una sociedad que se ha formado con violencia aun cuando todavía parece anclada en ciertos complejos retrógradas tales como la represión sexual.
Y lo expongo con un ejemplo: ¿Cuántos padres mexicanos toleran que sus pequeños se pasen horas viendo las depredadoras series televisivas y no permiten, al mismo tiempo, que tengan el menor contacto con escenas de contenido erótico?¿Acaso el sexo es más destructivo que la violencia sorda? Pocos asumen que, por cada minuto y a través de todas las cadenas televisoras, por ejemplo, se transmiten, nada menos, veintiún actos violentos con la consiguiente exhibición de cadáveres, pistoleros, aguerridos marines, gángsters sin fronteras, mafiosos empedernidos y ricachones que defienden sus haberes a sangre y fuego para exaltar con ello los privilegios de los modernos mercados capitalistas en donde el consumo y el estatus lo son todo.
Los narcos han extendido las cortinas del terror para marcar sus propias pautas. Incluso algunos cotidianos de la frontera, específicamente de Nuevo Laredo y Reynosa, han optado por claudicar ante la impotencia crítica: amenazados y, más que eso, afrentados –incluso mediante ataques directos a sus redacciones y la “desaparición” y ejecución de reporteros y directivos involucrados con tareas de investigación-, optaron por sobrevivir y así lo comunicaron a sus lectores, a costa claro de evitar cuestionamientos contra quienes mandan, en serio, en sus territorios. Jamás la libertad de prensa había estado tan acotada, ni siquiera bajo los autoritarismos más exacerbados.
En cuanto a los plagiarios, sus feudos parecen intocables. No se olvide, por ejemplo, que fue en Morelos en donde los secuestros se hicieron industria hasta convertirse en corporativos sinuosos con la tolerancia aviesa de las autoridades cuyas fortunas nunca han sido siquiera investigadas aunque, por supuesto, representen los hilos conductores entre el amafiamiento y la simulación grotesca.
Sobre los pederastas, en el nivel del asombro, los escándalos prosiguen hasta el punto de salpicar a la Iglesia Católica, en general, y a la memoria de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, en lo particular, con las terribles evidencias sobre la doble moral, inaceptable aunque revienten de ira los adoradores del personaje que incluso intentan justificarlo lanzando descalificaciones contra cuantos lo señalan. El argumento baladí de que, en todo caso, está más extendido el horror en la sociedad subrayando que es mínima la erosión moral dentro de la Iglesia, no hace sino corroborar la miseria humana de cuantos son incapaces siquiera del menor acto de contrición, fundamento para la redención de los pecados.
Sobre el cuarto flagelo, el terrorismo, también las deformaciones, menos cercanas a la comunidad nacional, perfilan todas las hipocresías concebibles. Por ejemplo, por oponerme a los crímenes de los llamados etarras, quienes alegan ser miembros de un ejército de liberación para los cuales asesinar inocentes son daños colaterales sin importancia, me han dicho “vascófobo”, como si sólo los extremistas representaran al pueblo vasco y únicamente existieran los nacionalistas para los cuales cualquier referente sobre España es poco menos que infamante.
Dicen que los españoles de hoy se han acostumbrado a vivir bajo el permanente acecho de la violencia que puede estallar en cualquier rincón, y en cualquier momento, sin posibilidad alguna de defensa. Y, sin embargo, a diferencia de cuanto pasa en México, las amenazas potenciales no inhiben a los mismos a procurar desdeñar el asunto exacerbando atractivos y placeres mundanos en una España que, poco a poco, se aleja de raíces y propósitos comunes para exaltar los egoísmos, xenofobia incluida, sin el menor recato.
Tres de cuatro apocalípticos modernos, por decirlo de alguna manera, tienen asiento y cumbre en nuestro país. Sin soslayar la posibilidad de que el cuarto malhadado jinete saque la cabeza en cualquier momento, aprovechando digamos los tiempos electorales y la escasa capacidad de reacción de un gobierno en ausencia, rebasado y maniatado, que pese a ello reclama credibilidad a una sociedad atenaceada y ahíta. Como si tal pudiese darse por decreto, dando seguimiento a la corta visión del mandatario federal en funciones, ante un pueblo dispuesto sólo para obedecer a ciegas. ¿Y la democracia?
Los flagelos, sin duda, modificarán sensiblemente los escenarios previsibles.
Debate
Durante la campaña presidencial de 1982, el aspirante priísta, Miguel de la Madrid, ideó ampliar líneas reuniéndose, en cada plaza, con los principales representantes del empresariado, el periodismo... y el clero. Fue fama que no dejó de visitar a uno solo de los Obispos, acudiendo a sus residencias con menoscabo de los protocolos, haciéndoles sentir que sus opiniones, por lo general distintas a las oficiales, marcarían la paulatina transformación general bajo el manto de la “renovación moral”. La falacia duró hasta que brotaron las apetencias, políticas y personales, de este personaje.
En vísperas de su gira por Guanajuato, le formulé a De la Madrid una interrogante directa y precisa:
--¿Es usted católico?
El aludido se tomó su tiempo mientras agudizaba el movimiento de las pestañas y cruzaba las manos para intentar parecer relajado. Y, al fin, respondió con une evasiva:
--Soy un convencido del laicismo del Estado y la correcta separación con la Iglesia. Y cualquier respuesta a lo que plantea podría resultar una inducción. Por ello me abstengo.
¡Y lo decía quien había peregrinado, entre seminarios y conventos, en demanda de bendiciones para asegurar su complejo recorrido presidencial! De allí la complejidad enorme de las interrelaciones que desembocan, no pocas veces, en ciertos entendidos con sabor a chantajes mutuos.
La derecha en el poder, contra lo que pudiera pensarse, no está tan cerca de la alta jerarquía eclesiástica que acaso le demanda una actitud más complaciente y hasta incondicional. No son pocos los Obispos que, de plano, manifiestan malestar y críticas al quehacer gubernamental si bien, por el momento, han cesado en sus señalamientos con tal de guarecerse de las andanadas sostenidas sobre los casos de pederastas, sobre todo el del michoacano Maciel, abominables.
Mal ha reaccionado el Episcopado mexicano al respecto, francamente con saldos muy negativos. Inducir que es disculpa la multiplicación de abusos en la sociedad civil e incluso suponer que todo el escándalo deviene de una conjura general, acaso promovida por la comunidad judía, cae en la torpeza de pretender tapar el sol con las llagas de los dedos. Nada más inapropiado ante una sociedad en estado de maduración política y con creciente capacidad para plantearse polémicas agudas rechazando, si bien gradualmente, las inducciones perniciosas.
Recuérdese que el valor primigenio de la Iglesia es, precisamente, la autoridad moral cuyas nutrientes principales son los liderazgos naturales ejercidos por sacerdotes y misioneros. A tal es a lo que tanto temían los Constituyentes de Querétaro listos a optar por la segregación de los religiosos a quienes se condujo, sin remedio, a la clandestinidad política. Cuando se han cumplido noventa y tres años de la promulgación de la Carta Magna, no son pocos los liberales que señalan hacia la degradación moral de los pederastas eclesiásticos para con ello atenacear a los conservadores.
El Reto
Pero, ¿quiénes protegieron a Maciel? No podemos limitarnos a observar la perspectiva local cuando el asunto cobró dimensiones universales. Esto es, ¿por qué se le defendió desde la Santa Sede cuando cobraban forma las desesperadas denuncias de los afrentados?
La versión que conozco tiene su origen en la quiebra del Banco Ambrosiano que acaso precipitó los acontecimientos sobre el cadáver de Juan Pablo I. El sucesor de éste, Juan Pablo II, el Magno, tomó las riendas de la Iglesia confrontando una severa crisis financiera derivada de la pésima administración del célebre Obispo Paul Marcinkus. Y fue Maciel, sin duda, uno de quienes asumieron el papel de rescatadores en plena catarsis y con las mafias desorbitadas apurando asesinatos.
Por ello, en los corrillos religiosos de nuestro país, no cesa de hablarse de un efecto doloroso y retardado tras corroborarse la vida doble, esto es la doble moral, de Maciel, protector además de las mujeres de Fox, de Lilián de la Concha y Marta Sahagún. Todos los caminos se encuentran. Y por ello se dice que la beatificación del gran Papa amigo de México... deberá esperar. Abundaremos.
La Anécdota
David Yallop, en las conclusiones de su célebre ensayo “En el Nombre de Dios”, -Diana, 1984-, resume así sus acusaciones:
--“Mi libro acusa al Arzobispo Paul Marcinkus de su implicación criminal directa con respecto a la quiebra del Banco Ambrosiano y a la desaparición de 1.3 billón de dólares. Al igual que el asesinato de Albino Luciani (el llamado “Papa de la sonrisa”), este es otro crimen que el Vaticano negó con vehemencia”.
Por cierto desde la publicación de este libro, de acuerdo a la versión del autor, la Santa Sede ha pagado 250 millones de dólares a los acreedores del arruinado banco. Y Marcinkus no dudó en exhibirse como el principal e insustituible... “guarura” del Papa Wojtyla.
En este punto, sin duda, se origina la controversia sobre Maciel. Afróntela, con inteligencia, quienes desean preservar la institución por él fundada; no caigan en la torpeza de lanzar juicios temerarios contra sus acusadores. Mediten lo conducente en esta Semana Mayor.
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Blog: http://www.rafaelloredemola.blogspot.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
*Flagelos Extendidos
*Duelo entre Fariseos
*Quiebra del Vaticano
Por Rafael Loret de Mola
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Los cuatro jinetes del Apocalipsis, en la era actual, han mudado de jamelgos. Sin soslayo de los males que causan las guerras y las hambrunas -–la peste y el cólera tienen referentes distintos--, podría concluirse que los flagelos más ominosos son: el narcotráfico, el terrorismo, los pederastas y los plagiarios que son el numen de la descomposición moral, social y política de una sociedad que se ha formado con violencia aun cuando todavía parece anclada en ciertos complejos retrógradas tales como la represión sexual.
Y lo expongo con un ejemplo: ¿Cuántos padres mexicanos toleran que sus pequeños se pasen horas viendo las depredadoras series televisivas y no permiten, al mismo tiempo, que tengan el menor contacto con escenas de contenido erótico?¿Acaso el sexo es más destructivo que la violencia sorda? Pocos asumen que, por cada minuto y a través de todas las cadenas televisoras, por ejemplo, se transmiten, nada menos, veintiún actos violentos con la consiguiente exhibición de cadáveres, pistoleros, aguerridos marines, gángsters sin fronteras, mafiosos empedernidos y ricachones que defienden sus haberes a sangre y fuego para exaltar con ello los privilegios de los modernos mercados capitalistas en donde el consumo y el estatus lo son todo.
Los narcos han extendido las cortinas del terror para marcar sus propias pautas. Incluso algunos cotidianos de la frontera, específicamente de Nuevo Laredo y Reynosa, han optado por claudicar ante la impotencia crítica: amenazados y, más que eso, afrentados –incluso mediante ataques directos a sus redacciones y la “desaparición” y ejecución de reporteros y directivos involucrados con tareas de investigación-, optaron por sobrevivir y así lo comunicaron a sus lectores, a costa claro de evitar cuestionamientos contra quienes mandan, en serio, en sus territorios. Jamás la libertad de prensa había estado tan acotada, ni siquiera bajo los autoritarismos más exacerbados.
En cuanto a los plagiarios, sus feudos parecen intocables. No se olvide, por ejemplo, que fue en Morelos en donde los secuestros se hicieron industria hasta convertirse en corporativos sinuosos con la tolerancia aviesa de las autoridades cuyas fortunas nunca han sido siquiera investigadas aunque, por supuesto, representen los hilos conductores entre el amafiamiento y la simulación grotesca.
Sobre los pederastas, en el nivel del asombro, los escándalos prosiguen hasta el punto de salpicar a la Iglesia Católica, en general, y a la memoria de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, en lo particular, con las terribles evidencias sobre la doble moral, inaceptable aunque revienten de ira los adoradores del personaje que incluso intentan justificarlo lanzando descalificaciones contra cuantos lo señalan. El argumento baladí de que, en todo caso, está más extendido el horror en la sociedad subrayando que es mínima la erosión moral dentro de la Iglesia, no hace sino corroborar la miseria humana de cuantos son incapaces siquiera del menor acto de contrición, fundamento para la redención de los pecados.
Sobre el cuarto flagelo, el terrorismo, también las deformaciones, menos cercanas a la comunidad nacional, perfilan todas las hipocresías concebibles. Por ejemplo, por oponerme a los crímenes de los llamados etarras, quienes alegan ser miembros de un ejército de liberación para los cuales asesinar inocentes son daños colaterales sin importancia, me han dicho “vascófobo”, como si sólo los extremistas representaran al pueblo vasco y únicamente existieran los nacionalistas para los cuales cualquier referente sobre España es poco menos que infamante.
Dicen que los españoles de hoy se han acostumbrado a vivir bajo el permanente acecho de la violencia que puede estallar en cualquier rincón, y en cualquier momento, sin posibilidad alguna de defensa. Y, sin embargo, a diferencia de cuanto pasa en México, las amenazas potenciales no inhiben a los mismos a procurar desdeñar el asunto exacerbando atractivos y placeres mundanos en una España que, poco a poco, se aleja de raíces y propósitos comunes para exaltar los egoísmos, xenofobia incluida, sin el menor recato.
Tres de cuatro apocalípticos modernos, por decirlo de alguna manera, tienen asiento y cumbre en nuestro país. Sin soslayar la posibilidad de que el cuarto malhadado jinete saque la cabeza en cualquier momento, aprovechando digamos los tiempos electorales y la escasa capacidad de reacción de un gobierno en ausencia, rebasado y maniatado, que pese a ello reclama credibilidad a una sociedad atenaceada y ahíta. Como si tal pudiese darse por decreto, dando seguimiento a la corta visión del mandatario federal en funciones, ante un pueblo dispuesto sólo para obedecer a ciegas. ¿Y la democracia?
Los flagelos, sin duda, modificarán sensiblemente los escenarios previsibles.
Debate
Durante la campaña presidencial de 1982, el aspirante priísta, Miguel de la Madrid, ideó ampliar líneas reuniéndose, en cada plaza, con los principales representantes del empresariado, el periodismo... y el clero. Fue fama que no dejó de visitar a uno solo de los Obispos, acudiendo a sus residencias con menoscabo de los protocolos, haciéndoles sentir que sus opiniones, por lo general distintas a las oficiales, marcarían la paulatina transformación general bajo el manto de la “renovación moral”. La falacia duró hasta que brotaron las apetencias, políticas y personales, de este personaje.
En vísperas de su gira por Guanajuato, le formulé a De la Madrid una interrogante directa y precisa:
--¿Es usted católico?
El aludido se tomó su tiempo mientras agudizaba el movimiento de las pestañas y cruzaba las manos para intentar parecer relajado. Y, al fin, respondió con une evasiva:
--Soy un convencido del laicismo del Estado y la correcta separación con la Iglesia. Y cualquier respuesta a lo que plantea podría resultar una inducción. Por ello me abstengo.
¡Y lo decía quien había peregrinado, entre seminarios y conventos, en demanda de bendiciones para asegurar su complejo recorrido presidencial! De allí la complejidad enorme de las interrelaciones que desembocan, no pocas veces, en ciertos entendidos con sabor a chantajes mutuos.
La derecha en el poder, contra lo que pudiera pensarse, no está tan cerca de la alta jerarquía eclesiástica que acaso le demanda una actitud más complaciente y hasta incondicional. No son pocos los Obispos que, de plano, manifiestan malestar y críticas al quehacer gubernamental si bien, por el momento, han cesado en sus señalamientos con tal de guarecerse de las andanadas sostenidas sobre los casos de pederastas, sobre todo el del michoacano Maciel, abominables.
Mal ha reaccionado el Episcopado mexicano al respecto, francamente con saldos muy negativos. Inducir que es disculpa la multiplicación de abusos en la sociedad civil e incluso suponer que todo el escándalo deviene de una conjura general, acaso promovida por la comunidad judía, cae en la torpeza de pretender tapar el sol con las llagas de los dedos. Nada más inapropiado ante una sociedad en estado de maduración política y con creciente capacidad para plantearse polémicas agudas rechazando, si bien gradualmente, las inducciones perniciosas.
Recuérdese que el valor primigenio de la Iglesia es, precisamente, la autoridad moral cuyas nutrientes principales son los liderazgos naturales ejercidos por sacerdotes y misioneros. A tal es a lo que tanto temían los Constituyentes de Querétaro listos a optar por la segregación de los religiosos a quienes se condujo, sin remedio, a la clandestinidad política. Cuando se han cumplido noventa y tres años de la promulgación de la Carta Magna, no son pocos los liberales que señalan hacia la degradación moral de los pederastas eclesiásticos para con ello atenacear a los conservadores.
El Reto
Pero, ¿quiénes protegieron a Maciel? No podemos limitarnos a observar la perspectiva local cuando el asunto cobró dimensiones universales. Esto es, ¿por qué se le defendió desde la Santa Sede cuando cobraban forma las desesperadas denuncias de los afrentados?
La versión que conozco tiene su origen en la quiebra del Banco Ambrosiano que acaso precipitó los acontecimientos sobre el cadáver de Juan Pablo I. El sucesor de éste, Juan Pablo II, el Magno, tomó las riendas de la Iglesia confrontando una severa crisis financiera derivada de la pésima administración del célebre Obispo Paul Marcinkus. Y fue Maciel, sin duda, uno de quienes asumieron el papel de rescatadores en plena catarsis y con las mafias desorbitadas apurando asesinatos.
Por ello, en los corrillos religiosos de nuestro país, no cesa de hablarse de un efecto doloroso y retardado tras corroborarse la vida doble, esto es la doble moral, de Maciel, protector además de las mujeres de Fox, de Lilián de la Concha y Marta Sahagún. Todos los caminos se encuentran. Y por ello se dice que la beatificación del gran Papa amigo de México... deberá esperar. Abundaremos.
La Anécdota
David Yallop, en las conclusiones de su célebre ensayo “En el Nombre de Dios”, -Diana, 1984-, resume así sus acusaciones:
--“Mi libro acusa al Arzobispo Paul Marcinkus de su implicación criminal directa con respecto a la quiebra del Banco Ambrosiano y a la desaparición de 1.3 billón de dólares. Al igual que el asesinato de Albino Luciani (el llamado “Papa de la sonrisa”), este es otro crimen que el Vaticano negó con vehemencia”.
Por cierto desde la publicación de este libro, de acuerdo a la versión del autor, la Santa Sede ha pagado 250 millones de dólares a los acreedores del arruinado banco. Y Marcinkus no dudó en exhibirse como el principal e insustituible... “guarura” del Papa Wojtyla.
En este punto, sin duda, se origina la controversia sobre Maciel. Afróntela, con inteligencia, quienes desean preservar la institución por él fundada; no caigan en la torpeza de lanzar juicios temerarios contra sus acusadores. Mediten lo conducente en esta Semana Mayor.
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Blog: http://www.rafaelloredemola.blogspot.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
jueves, 25 de marzo de 2010
SOCIEDAD CON MIEDO
Desafío Publicación: JUEVES 25 DE MARZO DE 2010
*Sociedad con Miedo
*Sitio en Los Pinos
*Fórmula de Gobierno
Por Rafael Loret de Mola
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En 1994, los observadores expertos tardaron en explicar el fenómeno electoral aduciendo que los mexicanos, pese a tantos escenarios de corrupción, habían votado en pro del continuismo y en contra de la barbarie... aunque ésta hubiese sido, como paradoja brutal, la condición imperante en el fin del sexenio salinista. De seguir los mismos en el poder, como demandaban los resultados, eran previsibles nuevos ajustes de cuentas entre los bandos políticos, infiltrados ya por los cárteles en ascenso –la Procuraduría General estimó siempre que esta línea impedía cerrar el manoseado expediente del crimen de Lomas Taurinas-, contrariando con ello la supuesta directriz del colectivo manifestada en las urnas. Entonces, ¿para qué habían sufragado los mexicanos?
En aquella perspectiva hubo dos lecturas relevantes:
1.- El candidato más gris, políticamente hablando, de cuantos había postulado el PRI y quien debió reducir su campaña a sólo tres meses, Ernesto Zedillo, se convirtió en el mexicano más votado de la historia. Lo es hasta ahora con un alforja con más de 17 millones de sufragios, muy lejanos a los resultados obtenidos por Vicente Fox y los “reconocidos” a favor de Felipe Calderón.
2.- El asesinato de Luis Donaldo Colosio, a mansalva y sin que aún se determinen las autorías intelectuales para sostener oficialmente la tesis del “tirador solitario”, se convirtió, por añadidura, en el más exitoso de los actos proselitistas del partido oficial aunque el señalamiento nos produzca náuseas. A partir del magnicidio los momios cambiaron y los opositores, sobre todo el panista Diego Fernández de Cevallos, mordieron el polvo e incluso optaron por replegarse para dejar pasar, una vez más, la pesada maquinaria institucional.
Fue en este punto en donde comenzamos a desenredar la madeja. Hubiese sido ingenuo considerar que la operatividad del suspirante oscuro habría sido suficiente para trocar las cosas; o que la disidencia, sencillamente, naufragara bajo la presión de las circunstancias y los anuncios de mayor violencia. Escuché decir a algún priísta empedernido, con intenciones de explicar el fenómeno:
--Cuando están ante las urnas, a los mexicanos les tiembla la mano y votan por el PRI. Saben que otra cosa podría asfixiarlos.
Entendí, por supuesto, que tal era la filosofía del miedo, cuyo secreto es extenderlo tanto como sea posible para hacerlo pesar en cada conciencia vulnerable y por ende manipulable. El temor no sólo a la destrucción del propio entorno sino también a los riesgos de otear hacia otras perspectivas para intentar vencer las grandes inercias del establishment y a cuantos, sexenio a sexenio, se cubren entre sí las espaldas para seguir medrando con el conformismo y la perseverante resignación.
Miedo a los subversivos y a lo desconocido; a los terremotos financieros y políticos; a las vendettas de las mafias organizadas y al alza, también socialmente, mientras los partidos se empequeñecen o extravían cada vez a un ritmo mayor; a las destemplanzas y a las crisis que asfixian los hogares y depauperan a cuantos dependen de sus emolumentos cotidianos; a los poderosos del norte que aprovechan cada una de nuestras debilidades ancestrales para expandirse y marginarnos. Miedo, en fin, al cambio de estafeta en ausencia de conocimientos firmes sobre quienes podrían reemplazar a los predadores de la vieja e intratable clase política.
Con el temor aflorando desde cada elector, tras la prolongación de los homicidios políticos –tras las elecciones cayó Francisco Ruiz Massie como víctima de una intriga palaciega con tintes de cobardes venganzas personales-, Zedillo fue ungido mandatario aun cuando no se lo hubiera planteado cuando ingresó al gabinete de Salinas. Acaso pensaba que los consejos de Joseph-Marie Córdoba Montoya, quien aseguró su plan alternativo contra las corrientes triunfalistas, eran sólo buenos deseos... hasta que la sangre política corrió en una ladera de Tijuana desde donde la frontera se extiende zigzagueante como cada episodio de la crónica del México moderno.
Dieciséis años después acaso han cambiado algunos rostros y otros sólo muestran el maquillaje obligado por el paso del tiempo. Pero el miedo no se ha ido. Permanece en rincones y rúas, en oficinas y hogares, en cada empresa y en los partidos políticos; también entre los mandos castrenses en donde nadie se atreve a señalar a los perniciosos; y no se diga en los escenarios gubernamentales marcados por el medio tiempo del mandatario en funciones y las posteriores cotidianas entre quienes representan la seguridad del Estado pero no se inhiben al desprenderse de los uniformes y las jerarquías para sentirse más poderosos, institucionalmente hablando, que los conflictos resistentes a los que no pueden superar. Son sólo unas horas y enseguida vuelve el miedo.
Debate
El temor arraigado crece. Debo confesar a mis amables lectores que en ninguna otra ocasión, como ahora, ha sido tan manifiesto el miedo entre cuantos integramos esta compleja y plural sociedad mexicana. Ni bajo los flagelos de los autoritarismos presidenciales –digamos, 1968-, ni en aquellos días -otra vez 1994- cuando despertamos al año nuevo con el clamor del “Ya Basta” en voces que parecían entonces irreductibles.
Ahora todo es angustia. Lo mismo la percepción de que, “en cualquier momento”, nos llega una catástrofe sísmica como la de Chile o Haití, o la que indica hacia la descomposición política extrema para explicar algunas candidaturas con sesgos de parodias. Lo peor no es cuanto observamos alrededor del acorralado Calderón –su rostro, cada día, es reflejo de su propia impotencia operativa-, sino al medir intenciones, perfiles y bocetos de cuantos aspiran a ganar el futuro inmediato sin otro plan que sentarse en la novelada “silla del águila” para alcanzar la utopía de sentirse semidioses.
Insisto: incluso en el cauce de las editoriales, por donde deambula este columnista, encuentro los mismos rastros del miedo. Jamás las presiones habían sido tan sostenidas y estrictas, tan frecuentes, sobre emisoras, cotidianos y empresas diversas de comunicación. Antes podía dialogarse con los emisarios del gobierno federal –aun cuando poco pudiera hacerse ante una consigna salvo acatarla-; ahora los mismos exigen pero no cesan sus afanes persecutorios ni siquiera cuando las consignas son cumplimentadas. El agobio es insoportable entre quienes deben matizar las amenazas sin claudicar en los principios torales sobre la libertad de expresión.
Por eso, desde luego, crece el miedo. Más cuando se establece que quienes advierten son los mandos con fuerza pública. El conflicto es que, además, el mismo entorno sirve de camuflaje: si se afrenta a un periodista, por ejemplo, ¿no es bastante más sencillo culpar de ello a la delincuencia organizada sin mirar la viga gubernamental? Y desde este punto se expanden las censuras.
Hay miedo, igualmente, entre la clase política que reconoce la presencia de capos y cárteles como elementos definitorios de los procesos. En algunas entidades, como Sinaloa, la estabilidad de las candidaturas depende, en gran medida, de las buenas “alianzas” o de las complicidades, para decirlo sin eufemismos. Así me lo han reconocido varios de los protagonistas. Y lo que falta, por desgracia.
Pero no hay temor mayor, subrayo, que el del gesto presidencial atribulado por la imposibilidad de ofrecer resultados no sólo en Ciudad Juárez sino ante la nación atribulada. Se le fue el tiempo, sí, sin ganarse los controles ni asegurar las lealtades. Está más solo que nunca, sitiado en la propia residencia oficial, sin otra ilusión más que el tiempo pase volando. Pero el miedo no se irá tan fácilmente.
El Reto
Peor es cuando los temores se topan con los engaños superlativos. ¿No es angustiante, cuando menos, corroborar que el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, difunda la versión de que la violencia ha disminuido en cuarenta por ciento sobre los cadáveres de los ejecutados en Juárez?¿Y ridículo, sí, que César Nava –mejor conocido como “Cesarín” o “Pinocho”-, dirigente nacional del PAN, se parodie a sí mismo admitiendo, de hecho, que la solicitud de licencia para separarse de la Cámara baja perentoriamente no era por cumplir como jefe de las campañas de su partido sino para rendirse a los pies de la cantante Patylu, Patricia Sirvent, con quien hace un contraste de todo y para todo? Un rosario de mentiras.
¿Cómo no sentir miedo ante la concatenación de hechos que surgen por efecto de la negligencia oficial, acaso por privilegiar las tardeadas en Los Pinos por encima del clamor general? Primero, claro, la seguridad del mandatario; después, todo lo demás. Y los eslabones siguen y siguen, sin final previsible. La frivolidad, por supuesto, es exultante.
Por ello la sociedad está atemorizada. No sólo porque el gobierno resulta ineficaz sino, sobre todo, porque de sus omisiones surgen los espacios que cubren las mafias dominantes, cada vez más prepotentes e intolerantes. Y los políticos están rendidos ante ellas.
La Anécdota
Entre los viejos lobos de la política se apuesta por los apotegmas notables que definen y describen no sólo al sistema sino a los mexicanos mismos.
Así, un conocido ex gobernador del sureste solía repetir:
--Definitivamente, se puede gobernar de muchas maneras... menos con miedo.
Explicaba que el temor ofusca y cancela los controles, aprieta el espíritu y anula toda iniciativa personal. Los medrosos deben asumir que no están hechos para el liderazgo ni, mucho menos, para el ejercicio de las funciones públicas porque su timidez inhibe cualquier posible decisión.
Vale el mensaje para quien quiera recibirlo en el turbulento México de hoy.
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Blog: http://www.rafaelloretdemola.blogspot.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
*Sociedad con Miedo
*Sitio en Los Pinos
*Fórmula de Gobierno
Por Rafael Loret de Mola
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En 1994, los observadores expertos tardaron en explicar el fenómeno electoral aduciendo que los mexicanos, pese a tantos escenarios de corrupción, habían votado en pro del continuismo y en contra de la barbarie... aunque ésta hubiese sido, como paradoja brutal, la condición imperante en el fin del sexenio salinista. De seguir los mismos en el poder, como demandaban los resultados, eran previsibles nuevos ajustes de cuentas entre los bandos políticos, infiltrados ya por los cárteles en ascenso –la Procuraduría General estimó siempre que esta línea impedía cerrar el manoseado expediente del crimen de Lomas Taurinas-, contrariando con ello la supuesta directriz del colectivo manifestada en las urnas. Entonces, ¿para qué habían sufragado los mexicanos?
En aquella perspectiva hubo dos lecturas relevantes:
1.- El candidato más gris, políticamente hablando, de cuantos había postulado el PRI y quien debió reducir su campaña a sólo tres meses, Ernesto Zedillo, se convirtió en el mexicano más votado de la historia. Lo es hasta ahora con un alforja con más de 17 millones de sufragios, muy lejanos a los resultados obtenidos por Vicente Fox y los “reconocidos” a favor de Felipe Calderón.
2.- El asesinato de Luis Donaldo Colosio, a mansalva y sin que aún se determinen las autorías intelectuales para sostener oficialmente la tesis del “tirador solitario”, se convirtió, por añadidura, en el más exitoso de los actos proselitistas del partido oficial aunque el señalamiento nos produzca náuseas. A partir del magnicidio los momios cambiaron y los opositores, sobre todo el panista Diego Fernández de Cevallos, mordieron el polvo e incluso optaron por replegarse para dejar pasar, una vez más, la pesada maquinaria institucional.
Fue en este punto en donde comenzamos a desenredar la madeja. Hubiese sido ingenuo considerar que la operatividad del suspirante oscuro habría sido suficiente para trocar las cosas; o que la disidencia, sencillamente, naufragara bajo la presión de las circunstancias y los anuncios de mayor violencia. Escuché decir a algún priísta empedernido, con intenciones de explicar el fenómeno:
--Cuando están ante las urnas, a los mexicanos les tiembla la mano y votan por el PRI. Saben que otra cosa podría asfixiarlos.
Entendí, por supuesto, que tal era la filosofía del miedo, cuyo secreto es extenderlo tanto como sea posible para hacerlo pesar en cada conciencia vulnerable y por ende manipulable. El temor no sólo a la destrucción del propio entorno sino también a los riesgos de otear hacia otras perspectivas para intentar vencer las grandes inercias del establishment y a cuantos, sexenio a sexenio, se cubren entre sí las espaldas para seguir medrando con el conformismo y la perseverante resignación.
Miedo a los subversivos y a lo desconocido; a los terremotos financieros y políticos; a las vendettas de las mafias organizadas y al alza, también socialmente, mientras los partidos se empequeñecen o extravían cada vez a un ritmo mayor; a las destemplanzas y a las crisis que asfixian los hogares y depauperan a cuantos dependen de sus emolumentos cotidianos; a los poderosos del norte que aprovechan cada una de nuestras debilidades ancestrales para expandirse y marginarnos. Miedo, en fin, al cambio de estafeta en ausencia de conocimientos firmes sobre quienes podrían reemplazar a los predadores de la vieja e intratable clase política.
Con el temor aflorando desde cada elector, tras la prolongación de los homicidios políticos –tras las elecciones cayó Francisco Ruiz Massie como víctima de una intriga palaciega con tintes de cobardes venganzas personales-, Zedillo fue ungido mandatario aun cuando no se lo hubiera planteado cuando ingresó al gabinete de Salinas. Acaso pensaba que los consejos de Joseph-Marie Córdoba Montoya, quien aseguró su plan alternativo contra las corrientes triunfalistas, eran sólo buenos deseos... hasta que la sangre política corrió en una ladera de Tijuana desde donde la frontera se extiende zigzagueante como cada episodio de la crónica del México moderno.
Dieciséis años después acaso han cambiado algunos rostros y otros sólo muestran el maquillaje obligado por el paso del tiempo. Pero el miedo no se ha ido. Permanece en rincones y rúas, en oficinas y hogares, en cada empresa y en los partidos políticos; también entre los mandos castrenses en donde nadie se atreve a señalar a los perniciosos; y no se diga en los escenarios gubernamentales marcados por el medio tiempo del mandatario en funciones y las posteriores cotidianas entre quienes representan la seguridad del Estado pero no se inhiben al desprenderse de los uniformes y las jerarquías para sentirse más poderosos, institucionalmente hablando, que los conflictos resistentes a los que no pueden superar. Son sólo unas horas y enseguida vuelve el miedo.
Debate
El temor arraigado crece. Debo confesar a mis amables lectores que en ninguna otra ocasión, como ahora, ha sido tan manifiesto el miedo entre cuantos integramos esta compleja y plural sociedad mexicana. Ni bajo los flagelos de los autoritarismos presidenciales –digamos, 1968-, ni en aquellos días -otra vez 1994- cuando despertamos al año nuevo con el clamor del “Ya Basta” en voces que parecían entonces irreductibles.
Ahora todo es angustia. Lo mismo la percepción de que, “en cualquier momento”, nos llega una catástrofe sísmica como la de Chile o Haití, o la que indica hacia la descomposición política extrema para explicar algunas candidaturas con sesgos de parodias. Lo peor no es cuanto observamos alrededor del acorralado Calderón –su rostro, cada día, es reflejo de su propia impotencia operativa-, sino al medir intenciones, perfiles y bocetos de cuantos aspiran a ganar el futuro inmediato sin otro plan que sentarse en la novelada “silla del águila” para alcanzar la utopía de sentirse semidioses.
Insisto: incluso en el cauce de las editoriales, por donde deambula este columnista, encuentro los mismos rastros del miedo. Jamás las presiones habían sido tan sostenidas y estrictas, tan frecuentes, sobre emisoras, cotidianos y empresas diversas de comunicación. Antes podía dialogarse con los emisarios del gobierno federal –aun cuando poco pudiera hacerse ante una consigna salvo acatarla-; ahora los mismos exigen pero no cesan sus afanes persecutorios ni siquiera cuando las consignas son cumplimentadas. El agobio es insoportable entre quienes deben matizar las amenazas sin claudicar en los principios torales sobre la libertad de expresión.
Por eso, desde luego, crece el miedo. Más cuando se establece que quienes advierten son los mandos con fuerza pública. El conflicto es que, además, el mismo entorno sirve de camuflaje: si se afrenta a un periodista, por ejemplo, ¿no es bastante más sencillo culpar de ello a la delincuencia organizada sin mirar la viga gubernamental? Y desde este punto se expanden las censuras.
Hay miedo, igualmente, entre la clase política que reconoce la presencia de capos y cárteles como elementos definitorios de los procesos. En algunas entidades, como Sinaloa, la estabilidad de las candidaturas depende, en gran medida, de las buenas “alianzas” o de las complicidades, para decirlo sin eufemismos. Así me lo han reconocido varios de los protagonistas. Y lo que falta, por desgracia.
Pero no hay temor mayor, subrayo, que el del gesto presidencial atribulado por la imposibilidad de ofrecer resultados no sólo en Ciudad Juárez sino ante la nación atribulada. Se le fue el tiempo, sí, sin ganarse los controles ni asegurar las lealtades. Está más solo que nunca, sitiado en la propia residencia oficial, sin otra ilusión más que el tiempo pase volando. Pero el miedo no se irá tan fácilmente.
El Reto
Peor es cuando los temores se topan con los engaños superlativos. ¿No es angustiante, cuando menos, corroborar que el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, difunda la versión de que la violencia ha disminuido en cuarenta por ciento sobre los cadáveres de los ejecutados en Juárez?¿Y ridículo, sí, que César Nava –mejor conocido como “Cesarín” o “Pinocho”-, dirigente nacional del PAN, se parodie a sí mismo admitiendo, de hecho, que la solicitud de licencia para separarse de la Cámara baja perentoriamente no era por cumplir como jefe de las campañas de su partido sino para rendirse a los pies de la cantante Patylu, Patricia Sirvent, con quien hace un contraste de todo y para todo? Un rosario de mentiras.
¿Cómo no sentir miedo ante la concatenación de hechos que surgen por efecto de la negligencia oficial, acaso por privilegiar las tardeadas en Los Pinos por encima del clamor general? Primero, claro, la seguridad del mandatario; después, todo lo demás. Y los eslabones siguen y siguen, sin final previsible. La frivolidad, por supuesto, es exultante.
Por ello la sociedad está atemorizada. No sólo porque el gobierno resulta ineficaz sino, sobre todo, porque de sus omisiones surgen los espacios que cubren las mafias dominantes, cada vez más prepotentes e intolerantes. Y los políticos están rendidos ante ellas.
La Anécdota
Entre los viejos lobos de la política se apuesta por los apotegmas notables que definen y describen no sólo al sistema sino a los mexicanos mismos.
Así, un conocido ex gobernador del sureste solía repetir:
--Definitivamente, se puede gobernar de muchas maneras... menos con miedo.
Explicaba que el temor ofusca y cancela los controles, aprieta el espíritu y anula toda iniciativa personal. Los medrosos deben asumir que no están hechos para el liderazgo ni, mucho menos, para el ejercicio de las funciones públicas porque su timidez inhibe cualquier posible decisión.
Vale el mensaje para quien quiera recibirlo en el turbulento México de hoy.
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E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
miércoles, 24 de marzo de 2010
CANDADOS Y LLAVES
Desafío Publicación: Miércoles 24 de Marzo de 2010
*Candados y Llaves
*Comercio Político
*Armas: Gran Botín
Por Rafael Loret de Mola
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Los candados legales son, en México, fuentes de fobias, prejuicios y temores. En algunos casos, incluso, tienen dedicatoria precisa y reflejan, sin duda, la mediocridad de cuantos, uniendo intereses soterrados, en “bola” para decirlo coloquialmente, se sienten incapaces de remontar a los adversarios brillantes de otra manera. Así, por ejemplo, durante el Congreso Constituyente de 1917, lo mismo que en el de 1857, se marginó a los mexicanos hijos de extranjeros de cualquier pretensión presidencialista y lo mismo se segregó a religiosos y militares de la vida política, entre otras muchas decisiones sesgadas.
Para nadie es un secreto que cuando se apostó por las instituciones, suprimiendo de tajo a los caudillajes posrevolucionarios, uno de los prejuicios más arraigados, con ventilaciones históricas polarizadas, se dio en torno a los “curas de pueblo”, como desdeñosamente los calificaban, por cuanto significaban, cada quien en su feudo, verdaderos liderazgos naturales capaces de contrarrestar a quienes, por lo general mediante la fuerza bruta, se erigían en caciques aldeanos inamovibles. Las sotanas, entonces, eran un auténtico estorbo para la fusilería. Y, por supuesto, bajo el prurito de alcanzar la añorada paz social, se optó por marginar a los religiosos y también a los militares porque en ellos anidan, más que en ningún otro grupo de presión, los sueños golpistas.
Por supuesto, las maledicencias soterradas acaban por aflorar, sin remedio, y enfrentar las reformas obligadas por la dinámica social y política aunque para ello pasen décadas. Por ejemplo, hasta 1993, esto setenta y seis años después de la promulgación de la Carta Magna con sesgos fariseos indiscutibles, no fue posible poner en orden la normativa para rescatar a las iglesias de la clandestinidad jurídica y enderezar con ello la nave de una democracia siempre cernida a la voluntad central. Y tal se dio, por coincidencia casi perversa, durante un periodo presidencial, el de Carlos Salinas, que desembocó en la barbarie con inclusión del asesinato de un príncipe de la Iglesia, el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.
Las simulaciones han sido extremas. Y la línea sigue, sin remedio, en tanto se mantiene la demagogia en condición de escudo insondable. Porque, en esencia, los actuales legisladores, quienes aseveran haberse separado del presidencialismo asfixiante aun cuando éste sigue imponiendo las reglas y las iniciativas claves, no son sino continuadores de los viejos bandos, liberales y conservadores, que han medrado con la historia de México según sus personales apetencias. De allí los vaivenes incesantes entre la derecha y la izquierda bajo mandatos sólo aparentemente del mismo signo.
Sobre el particular, es destacable que así como los priístas no se parecían entre sí -¿existe alguna relación, por ejemplo, entre la izquierda cardenista y la derecha alemanista?-, los dos regímenes provenientes de Acción Nacional distan una barbaridad uno del otro en cuestiones ideológicas e incluso en cuanto a la praxis. El anterior, cernido a un cogobierno en ausencia de carácter por parte del titular del Ejecutivo, privilegió al empresariado como su sostén principal en tanto Felipe Calderón, quien ya riñó con los patrones, apuesta por el viejo corporativismo y se cierne, cada vez más, a las líneas de personajes deleznables como la poderosa “novia de Chucky”, Elba Esther.
No es de extrañar, por tanto, la puesta en escena de trampas tendenciosas, armadas al gusto de los pasajeros usufructuarios del poder central, y de acuerdo a los lineamientos de quienes ejercen dominio territorial y sostienen la fuerza fáctica, destinadas a quebrantar a los rivales incómodos, esto es a cuantos no se someten automáticamente a los designios superiores, aun cuando ello suponga elevar los niveles de simulación con el consiguiente sometimiento del colectivo inerme. Y, no pocas veces, ello se traduce en pugnas abiertas entre mafias con alcances similares, o cárteles para decirlo sin eufemismos, enfrentados también por los fueros políticos como si tales representaran el primero de los pasos para asegurarse los controles generales.
Por lo mismo se insiste en que cuantos están dispuestos a los “sacrificios” de las postulaciones partidistas, antes requieren ya no el aval presidencial sino el visto bueno de los poderosos, los capos claro, con ramificaciones multinacionales y padrinazgos continentales, sobre todo en el suelo estadounidense en donde los fariseísmos son mayores cuando sólo se observan pajas en los ojos ajenos.
En esta encrucijada, que se nos presenta casi sin salidas, está anclada la vida política de la nación en un año, el que corre, de enorme importancia para delinear el futuro inmediato y la consiguiente carrera por la sucesión presidencial en la que, de antemano, el bien parece vencido por cuantos apuestan al mal.
Debate
El Consejo Estatal Electoral de Sinaloa dispuso, con las líneas sectarias descritas, prohibir el uso de acrónimos en la propaganda de los candidatos a puestos de elección popular. Por acrónimo se entiende, de acuerdo al Diccionario Práctico de la Lengua Española (Grijalbo), la palabra “formada por sílabas o letras de otras”. La cuestión, por supuesto, estriba en cuál es el daño infringido a la democracia por cuantos pretendan el uso de los mismos. Dentro de poco las síntesis, los apodos y las contracciones serán también merecedoras de la descalificación sesgada. ¿Acaso tienen el sello de Belcebú?
Al paso que vamos será necesario legislar, dentro de muy poco, sobre las palabras, modismos, mexicanismos y sentencias que puedan usarse durante cada lid comicial para no “vulgarizar” los debates de acuerdo a los criterios de los invisibles siete sabios del establishment. Y será reo del fuego eterno quien ose hablar, por supuesto, de las satánicas “chachalacas”. No vaya a ser que se repita la terrible historia de los peligros para México. Tendremos que persignarnos, todos, ante las capillas de los falsos redentores.
¿Y todo por qué? Sencillo: en tierras sinaloenses, el senador Mario López Valdez, es conocido como “Malova”, esto es un acrónimo formado con las primeras sílabas de su nombre y apellidos y que trasladó a sus ferreterías, fuentes del patrimonio gregario, con todo y sus efectos comerciales. Y como ahora Malova ha optado por alejarse del PRI, al constatar las infiltraciones non santas de este partido erosionado por la voluntad del gobernador en ejercicio, Jesús Aguilar Padilla, tal basta para que sea merecedor de la “dedicatoria” por parte de un consejo electoral que se mueve al ritmo marcado por los operadores del mandatario. Pobre de aquel que pretenda romper la cadena de simulaciones, lugares comunes y valores entendidos. No en Sinaloa, desde donde salieron los capos relevantes del presente.
Habrá quienes digan que también el favorito de la dirigencia priísta amafiada, el ex alcalde de Culiacán, Jesús Vizcarra utiliza la sílaba “Viz” para enmarcar con ella a sus empresas rutilantes. Pese a ello, tal no tiene un contexto similar porque no se ha generalizado como en el caso de Malova. La distancia es abismal y, por supuesto, con ello se evidencia la tortuosa senda utilizada por los consejeros testaferros del gobernador. Una vergüenza que se aprecia per se, por sí misma, en un plano en el que la democracia es como pretenden dictarla desde las componendas inconfesables. Abyección pueril, nada más.
¿Así es como se construyen los escenarios democráticos para el mañana?¿De una vez no se animan a prohibir el uso de ciertos apellidos incómodos para exaltar con ello la jocosa imparcialidad de los “autónomos” rectores de los procesos electorales? Propongo el mío para el arranque.
El Reto
Desde Estados Unidos y Rusia se factura el 53 por ciento de las ventas de armamento en el mundo. Nuestros poderosos vecinos trasladan gran parte de los arsenales hacia México con el propósito de utilizar, como escala técnica y estratégica, a nuestro país. Un negocio que ha resultado redondo en materia subversiva por sus coberturas hacia el mercado negro, tan bien aprovechado por los grupos armados en rebeldía que ya son más de un centenera sobre territorio patrio.
¿Para cuándo, en serio, habrá de investigarse a las armerías instaladas en la línea fronteriza de los Estados Unidos con México –una cada cinco kilómetros-, como indiscutibles fuentes del recrudecimiento de la violencia y las vendettas a través de las entidades limítrofes con el vecino país del norte? Si se siguen las vertientes, ténganlo por seguro, podrá llegarse ante los padrinos que hoy permanecen “ocultos” estrechando las complicidades, sobre todo, con los mandos judiciales y castrenses.
Tal sería, por supuesto, bastante más efectivo que los inútiles periplos de Calderón por Ciudad Juárez y sus secuelas marcadas por la impudicia política. Las banderas de la demagogia se agitan a todo poder.
La Anécdota
Cuando visité, hace justamente ocho años, al defenestrado general Jesús Gutiérrez Rebollo, en el pelan de alta seguridad de Almoloya, éste me confió un nombre como “clave” para comprender las dimensiones del contrabando de armas hacia México y su contexto:
--Jaime Camil Garza –oriundo de Torreón e intocable desde hace ya varios sexenios-.
Por cierto, la esposa de Camil, la modelo Toni Starr, estuvo antes matrimoniada, nada menos, con Carlos Trouyet junior, heredero de una de las mayores fortunas de México, y otro de los factores significativos en las interrelaciones de los ex mandatarios. ¿Cuándo se inició el contubernio? Un amigo de esta columna asegura tener la pieza que falta para armar el rompecabezas:
--No te olvides –me dice- que Alicia “Licha” de la Madrid Hurtado, hermana de Miguel, fue la secretaria, con fama de muy eficiente, de Carlos Trouyet Sr.
La década de los ochenta, con Miguel de la Madrid instalado en Los Pinos, puede marcar el inicio no sólo del “boom” del narcotráfico.
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Blog: http://www.rafaelloretdemola.blogspot.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
*Candados y Llaves
*Comercio Político
*Armas: Gran Botín
Por Rafael Loret de Mola
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Los candados legales son, en México, fuentes de fobias, prejuicios y temores. En algunos casos, incluso, tienen dedicatoria precisa y reflejan, sin duda, la mediocridad de cuantos, uniendo intereses soterrados, en “bola” para decirlo coloquialmente, se sienten incapaces de remontar a los adversarios brillantes de otra manera. Así, por ejemplo, durante el Congreso Constituyente de 1917, lo mismo que en el de 1857, se marginó a los mexicanos hijos de extranjeros de cualquier pretensión presidencialista y lo mismo se segregó a religiosos y militares de la vida política, entre otras muchas decisiones sesgadas.
Para nadie es un secreto que cuando se apostó por las instituciones, suprimiendo de tajo a los caudillajes posrevolucionarios, uno de los prejuicios más arraigados, con ventilaciones históricas polarizadas, se dio en torno a los “curas de pueblo”, como desdeñosamente los calificaban, por cuanto significaban, cada quien en su feudo, verdaderos liderazgos naturales capaces de contrarrestar a quienes, por lo general mediante la fuerza bruta, se erigían en caciques aldeanos inamovibles. Las sotanas, entonces, eran un auténtico estorbo para la fusilería. Y, por supuesto, bajo el prurito de alcanzar la añorada paz social, se optó por marginar a los religiosos y también a los militares porque en ellos anidan, más que en ningún otro grupo de presión, los sueños golpistas.
Por supuesto, las maledicencias soterradas acaban por aflorar, sin remedio, y enfrentar las reformas obligadas por la dinámica social y política aunque para ello pasen décadas. Por ejemplo, hasta 1993, esto setenta y seis años después de la promulgación de la Carta Magna con sesgos fariseos indiscutibles, no fue posible poner en orden la normativa para rescatar a las iglesias de la clandestinidad jurídica y enderezar con ello la nave de una democracia siempre cernida a la voluntad central. Y tal se dio, por coincidencia casi perversa, durante un periodo presidencial, el de Carlos Salinas, que desembocó en la barbarie con inclusión del asesinato de un príncipe de la Iglesia, el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.
Las simulaciones han sido extremas. Y la línea sigue, sin remedio, en tanto se mantiene la demagogia en condición de escudo insondable. Porque, en esencia, los actuales legisladores, quienes aseveran haberse separado del presidencialismo asfixiante aun cuando éste sigue imponiendo las reglas y las iniciativas claves, no son sino continuadores de los viejos bandos, liberales y conservadores, que han medrado con la historia de México según sus personales apetencias. De allí los vaivenes incesantes entre la derecha y la izquierda bajo mandatos sólo aparentemente del mismo signo.
Sobre el particular, es destacable que así como los priístas no se parecían entre sí -¿existe alguna relación, por ejemplo, entre la izquierda cardenista y la derecha alemanista?-, los dos regímenes provenientes de Acción Nacional distan una barbaridad uno del otro en cuestiones ideológicas e incluso en cuanto a la praxis. El anterior, cernido a un cogobierno en ausencia de carácter por parte del titular del Ejecutivo, privilegió al empresariado como su sostén principal en tanto Felipe Calderón, quien ya riñó con los patrones, apuesta por el viejo corporativismo y se cierne, cada vez más, a las líneas de personajes deleznables como la poderosa “novia de Chucky”, Elba Esther.
No es de extrañar, por tanto, la puesta en escena de trampas tendenciosas, armadas al gusto de los pasajeros usufructuarios del poder central, y de acuerdo a los lineamientos de quienes ejercen dominio territorial y sostienen la fuerza fáctica, destinadas a quebrantar a los rivales incómodos, esto es a cuantos no se someten automáticamente a los designios superiores, aun cuando ello suponga elevar los niveles de simulación con el consiguiente sometimiento del colectivo inerme. Y, no pocas veces, ello se traduce en pugnas abiertas entre mafias con alcances similares, o cárteles para decirlo sin eufemismos, enfrentados también por los fueros políticos como si tales representaran el primero de los pasos para asegurarse los controles generales.
Por lo mismo se insiste en que cuantos están dispuestos a los “sacrificios” de las postulaciones partidistas, antes requieren ya no el aval presidencial sino el visto bueno de los poderosos, los capos claro, con ramificaciones multinacionales y padrinazgos continentales, sobre todo en el suelo estadounidense en donde los fariseísmos son mayores cuando sólo se observan pajas en los ojos ajenos.
En esta encrucijada, que se nos presenta casi sin salidas, está anclada la vida política de la nación en un año, el que corre, de enorme importancia para delinear el futuro inmediato y la consiguiente carrera por la sucesión presidencial en la que, de antemano, el bien parece vencido por cuantos apuestan al mal.
Debate
El Consejo Estatal Electoral de Sinaloa dispuso, con las líneas sectarias descritas, prohibir el uso de acrónimos en la propaganda de los candidatos a puestos de elección popular. Por acrónimo se entiende, de acuerdo al Diccionario Práctico de la Lengua Española (Grijalbo), la palabra “formada por sílabas o letras de otras”. La cuestión, por supuesto, estriba en cuál es el daño infringido a la democracia por cuantos pretendan el uso de los mismos. Dentro de poco las síntesis, los apodos y las contracciones serán también merecedoras de la descalificación sesgada. ¿Acaso tienen el sello de Belcebú?
Al paso que vamos será necesario legislar, dentro de muy poco, sobre las palabras, modismos, mexicanismos y sentencias que puedan usarse durante cada lid comicial para no “vulgarizar” los debates de acuerdo a los criterios de los invisibles siete sabios del establishment. Y será reo del fuego eterno quien ose hablar, por supuesto, de las satánicas “chachalacas”. No vaya a ser que se repita la terrible historia de los peligros para México. Tendremos que persignarnos, todos, ante las capillas de los falsos redentores.
¿Y todo por qué? Sencillo: en tierras sinaloenses, el senador Mario López Valdez, es conocido como “Malova”, esto es un acrónimo formado con las primeras sílabas de su nombre y apellidos y que trasladó a sus ferreterías, fuentes del patrimonio gregario, con todo y sus efectos comerciales. Y como ahora Malova ha optado por alejarse del PRI, al constatar las infiltraciones non santas de este partido erosionado por la voluntad del gobernador en ejercicio, Jesús Aguilar Padilla, tal basta para que sea merecedor de la “dedicatoria” por parte de un consejo electoral que se mueve al ritmo marcado por los operadores del mandatario. Pobre de aquel que pretenda romper la cadena de simulaciones, lugares comunes y valores entendidos. No en Sinaloa, desde donde salieron los capos relevantes del presente.
Habrá quienes digan que también el favorito de la dirigencia priísta amafiada, el ex alcalde de Culiacán, Jesús Vizcarra utiliza la sílaba “Viz” para enmarcar con ella a sus empresas rutilantes. Pese a ello, tal no tiene un contexto similar porque no se ha generalizado como en el caso de Malova. La distancia es abismal y, por supuesto, con ello se evidencia la tortuosa senda utilizada por los consejeros testaferros del gobernador. Una vergüenza que se aprecia per se, por sí misma, en un plano en el que la democracia es como pretenden dictarla desde las componendas inconfesables. Abyección pueril, nada más.
¿Así es como se construyen los escenarios democráticos para el mañana?¿De una vez no se animan a prohibir el uso de ciertos apellidos incómodos para exaltar con ello la jocosa imparcialidad de los “autónomos” rectores de los procesos electorales? Propongo el mío para el arranque.
El Reto
Desde Estados Unidos y Rusia se factura el 53 por ciento de las ventas de armamento en el mundo. Nuestros poderosos vecinos trasladan gran parte de los arsenales hacia México con el propósito de utilizar, como escala técnica y estratégica, a nuestro país. Un negocio que ha resultado redondo en materia subversiva por sus coberturas hacia el mercado negro, tan bien aprovechado por los grupos armados en rebeldía que ya son más de un centenera sobre territorio patrio.
¿Para cuándo, en serio, habrá de investigarse a las armerías instaladas en la línea fronteriza de los Estados Unidos con México –una cada cinco kilómetros-, como indiscutibles fuentes del recrudecimiento de la violencia y las vendettas a través de las entidades limítrofes con el vecino país del norte? Si se siguen las vertientes, ténganlo por seguro, podrá llegarse ante los padrinos que hoy permanecen “ocultos” estrechando las complicidades, sobre todo, con los mandos judiciales y castrenses.
Tal sería, por supuesto, bastante más efectivo que los inútiles periplos de Calderón por Ciudad Juárez y sus secuelas marcadas por la impudicia política. Las banderas de la demagogia se agitan a todo poder.
La Anécdota
Cuando visité, hace justamente ocho años, al defenestrado general Jesús Gutiérrez Rebollo, en el pelan de alta seguridad de Almoloya, éste me confió un nombre como “clave” para comprender las dimensiones del contrabando de armas hacia México y su contexto:
--Jaime Camil Garza –oriundo de Torreón e intocable desde hace ya varios sexenios-.
Por cierto, la esposa de Camil, la modelo Toni Starr, estuvo antes matrimoniada, nada menos, con Carlos Trouyet junior, heredero de una de las mayores fortunas de México, y otro de los factores significativos en las interrelaciones de los ex mandatarios. ¿Cuándo se inició el contubernio? Un amigo de esta columna asegura tener la pieza que falta para armar el rompecabezas:
--No te olvides –me dice- que Alicia “Licha” de la Madrid Hurtado, hermana de Miguel, fue la secretaria, con fama de muy eficiente, de Carlos Trouyet Sr.
La década de los ochenta, con Miguel de la Madrid instalado en Los Pinos, puede marcar el inicio no sólo del “boom” del narcotráfico.
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Rafael Loret de Mola
Escritor
lunes, 22 de marzo de 2010
SECTARISMO EXITOSO
Desafío Publicación: LUNES 22 DE MARZO DE 2010
*Sectarismo Exitoso
*Secretos Costeros
*Eficaz Secretaria
Por Rafael Loret de Mola
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Según los indicios recientes será muy difícil que prospere la iniciativa presidencial en pro de las candidaturas independientes; y en la misma tesitura se encuentran las propuestas acerca de una segunda vuelta electoral y la reelección directa de alcaldes. En cuanto a los legisladores, por supuesto, el tema de la perpetuidad no disgusta si lo pueden aplicar ellos mismos de cara al futuro inmediato. El sectarismo, hasta el momento, va ganando, y con amplio margen, todas sus batallas.
En esta perspectiva, sigo preguntándome, ¿puede reprocharse a un amplio sector de la ciudadanía su inclinación por el abstencionismo bajo el hastío y la decepción hacia los partidos infiltrados, correosos, incongruentes y oportunistas? Este columnista, desde luego, no se atrevería a expresar condena alguna aun cuando los exaltados estimen que quienes no voten deben callarse. De este talante viciado están llenos los cuadros oficiales incapaces de acuerdo alguno tendiente, siquiera, a construir mejores escenarios para el futuro. Una vez más: la sociedad, cada vez con mayor fuerza, se aleja de sus órganos de representatividad política porque, sencillamente, le quedan demasiado chicos o, de plano, están hondamente erosionados.
No quiero ni pensar en el drama político de los panistas de Veracruz, por ejemplo, a quienes la dirigencia nacional conduce al ominoso escenario en donde se exalta al ex priísta ladrón Miguel Ángel Yunes Linares, por efecto de los contubernios, por cierto muy “democráticos”, entre el mandatario federal de medio tiempo y la todopoderosa “novia de Chucky”, Elba Esther. (Por cierto, reclamo la autoría del bautizo a la siempre sinuosa –y perversa- dirigente del SNTE; no vaya a ser que otros, como suele ocurrir, se la adjudiquen para pararse el cuello a toro pasado).
Y en la misma línea entiendo a los perredistas de Hidalgo –no a los arribistas que encabeza el otrora alquimista priísta José Guadarrama Márquez-, cuya militancia es observada como si se tratara de una mercancía dispuesta para la indecorosa subasta de candidatos que, en este caso, ganó la foxista Xóchitl Gálvez quien insiste en no haber sido “impuesta”; esto es como si su plataforma hubiera surgido de manera natural, esto es sin padrinazgos ni antecedentes, elevada por la causa de la pretendida redención. Y que ella misma, sólo ella, reclame el privilegio de ser intocable porque cuantos la cuestionen lo hacen, según dice, por sus propias apetencias subjetivas. Democracia de la buena.
Tampoco me preciaría de ponerme en los zapatos de los priístas de Sinaloa, en donde quien quiera escalar hacia la cumbre gubernamental debe antes contactar con los representantes del verdadero poder –esto es el de los cárteles-, a quienes se obliga a disciplinarse ante los designios de sus líderes, con inclusión del gobernador testaferro Jesús Aguilar Padilla, y avalar con ello el lanzamiento de Jesús Vizcarra Calderón, ex alcalde de Culiacán bajo sospecha –y no sólo de la entrometida DEA estadounidense- de estar infiltrado por los mafiosos o incluso de formar parte de la mafia misma. Para todos hay un escenario convulso.
Pero que no se hable de candidaturas independientes, aun cuando pudieran surgir con el tremendo handicap de no contar con resucios financieros suficientes para contrarrestar la cascada de inversiones proselitistas que se desarrollan desde las fuentes de las prerrogativas oficiales que en otros tiempos rechazaban los opositores dignos, con tal de hacer prevalecer, como si fuese una manda de beatas enfebrecidas, los derechos partidistas y la ofuscada, cerrada tendencia a ungir abanderados de donde se pueda... con tal de hacerse de sufragios oficiosos y circunstanciales por la vía de la manipulación colectiva.
¿No se tiene, entonces, el derecho a rechazar tal esquema y abrir la ventana del abstencionismo como único recurso contra los predadores sectarios que deshonran la vida democrática del país? Podrías repetir, una vez más, la incontestable sentencia bíblica: “quien esté libre de pecado...”
Por lo anterior es que la descomposición democrática, mediando los más aviesos usos facciosos, continúa profundizándose cada vez más. No se toca techo ni suelo alguno; va a más, lamentablemente, por el indecoro de los protagonistas que se arrogan el privilegio de hacer política como les viene en gana, colocando piezas, las suyas nada más, en el extraño ajedrez en donde hasta las jugadas de “jaque” responden a los dueños del tablero... y de reyes, reinas, torres, caballos y alfiles. A los peones, que somos todos, no se nos ofrece otro destino que el de ser “engullidos”, de un solo bocado, por los inductores negociantes.
Triunfan los sectarios, fracasan los demás. Y se rechaza la apertura porque en la mancillada casa presidencial apenas se abre una rendija, como solía ocurrir igualmente bajo la hegemonía priísta. ¿Acaso son tan ciegos los intocables miembros de la clase política que no puedan resolver los desafíos separándolos de las dobles intenciones para quedarse con el numen positivo? En cambio, le temen a los acuerdos porque carecen de fundamentos.
Debate
Fíjense hasta donde llega la inducción facciosa. Sobre la posibilidad de que se dieran las segundas vueltas electorales, se escondía una trampa obvia: se proponía, de la misma manera, que los comicios destinados a la renovación del Congreso federal se dieran, precisamente, de manera simultánea a la segunda concurrencia presidencial, esto es habiéndose eliminado de la justa por la Primera Magistratura a todos los pretendientes que no hubiese quedado en las dos posiciones superiores.
Con ello, claro, se tendía a reducir los espacios para las corrientes minoritarias y a favor, de modo inductivo, de un bipartidismo reñido con la idiosincrasia nacional cuya pluralidad es tan evidente como los tres colores de la enseña patria. ¿Qué se hizo entonces? Justificar la oposición a toda la iniciativa de reformas electorales sin siquiera debatir sobre la condicionante viciada de origen. Esto es: de procederse democráticamente bien se podría acordar sobre el imperativo de recuperar la voluntad mayoritaria, así fuera mediando dos vueltas, dialogando sobre el aspecto controvertido, tan evidente, hasta alcanzar los consensos necesarios, esto es con un seguro sobre la elección de diputados y senadores para hacerla coincidir con la primera y no la segunda vuelta.
A diferencia de ello, se pretende un carpetazo ominoso y acaso rescatar tan solo la propuesta de reelección directa de los legisladores... que tanto conviene y satisface a los actuales usufructuarios de curules y escaños. Hasta este nivel, bajísimo, llegan hoy los diferendos políticos de la mano del sectarismo antidemocrático y, por ende, más cercano al arraigado fascismo al que se arraiga también el presidencialismo autoritario.
Por ello, y bastante más, es que las dirigencias partidistas y las militancias convenencieras, se han descalificado a sí mismas. ¿O no fue vergonzoso que las voces priístas llamaran “espurio” a Calderón tres años y medio después de que avalaron el dictamen infamado sobre la “legitimidad” de Calderón?¿La sociedad afrentada permanecerá inerte ante esta descomunal confesión tardía que resta al priísmo toda pizca de autoridad moral?
El sectarismo marcha sobre caballo de hacienda y la democracia parece atrapada en los pantanos de la demagogia feroz. ¿Es esto por lo que votamos en 2000 o en 2006?
El Reto
No es coincidencia. En Tamaulipas fue ungido candidato del PRI, Rodolfo Torre Cantú, en un acto en el que se contó con la presencia de los ex mandatarios Cárdenas González, Cavazos Lerma y Yarrington Ruvalcaba, amen del mandatario actual, Eugenio Hernández, caracterizado por privilegiar lo que podríamos llamar la “conexión Muñoz Rocha”. Y lo explico.
Por principio de cuentas, el candidato Torre Cantú, fue compañero de Manuel Muñoz Rocha –por si ustedes ya lo olvidaron, se trata del ex diputado que fue señalado como autor intelectual del crimen contra Francisco Ruiz Massieu en septiembre de 1994 y que desde entonces está “prófugo” o “desaparecido”-, en el Congreso y antes en Banrural en donde Muñoz fue gerente bajo los auspicios de Carlos Hank González.
Pero hay bastante más. Hace unas semanas fue designado secretario general del Gobierno de Tamaulipas, Hugo Andrés Araujo, un salinista tan de cepa que fue él quien, por ejemplo, compró la residencia, en la calle de Palenque 425 de la colonia del Valle del Distrito Federal, donde fue ultimada una humilde sirvienta de catorce años, Manuela N., por parte de los juniors Salinas de Gortari y el vecinito de éstos, Gustavo Zapata. El mismo personaje, dos veces compadre de Carlos Salinas por si faltara algún ingrediente, se desempeñaba como dirigente de la CNC cuando ocurrió el crimen mencionado. No se olvide que Muñoz formaba parte de la Comisión de Agricultura de la Cámara baja entonces mientras el secretario de este renglón era, claro, el profesor Hank.
Finalmente, Eugenio Hernández designó secretario de Desarrollo Social a ¡Manuel Muñoz Cano!, hijo de Muñoz Rocha con la señora Marcia Cano –de quien ya estaba separado cuando “desapareció”-, para cerrar el curioso círculo. Merece la pena que abundemos al respecto.
La Anécdota
Para que no quede duda sobre las interrelaciones entre el poder político y la clase financiera, un buen amigo de esta columna me reveló hace días:
--¿Sabes quién fue la secretaria privada, por demás muy eficiente, de Don Carlos Trouyet –quien formó una de las mayores fortunas de México hasta su muerte, en un avionazo-?
--Supongo que tú sí sabes...
--Pues nada menos, Alicia “Licha” de la Madrid, hermana de Miguel y esposa del hoy “editorialista” Ricardo Raphael. Desde este punto comenzó a sacar éste la cara hasta que llegó al gabinete de López Portillo y de allí a la Presidencia.
De sendas tenebrosas están rebosantes las rutas hacia Los Pinos.
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Rafael Loret de Mola
Escritor
*Sectarismo Exitoso
*Secretos Costeros
*Eficaz Secretaria
Por Rafael Loret de Mola
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Según los indicios recientes será muy difícil que prospere la iniciativa presidencial en pro de las candidaturas independientes; y en la misma tesitura se encuentran las propuestas acerca de una segunda vuelta electoral y la reelección directa de alcaldes. En cuanto a los legisladores, por supuesto, el tema de la perpetuidad no disgusta si lo pueden aplicar ellos mismos de cara al futuro inmediato. El sectarismo, hasta el momento, va ganando, y con amplio margen, todas sus batallas.
En esta perspectiva, sigo preguntándome, ¿puede reprocharse a un amplio sector de la ciudadanía su inclinación por el abstencionismo bajo el hastío y la decepción hacia los partidos infiltrados, correosos, incongruentes y oportunistas? Este columnista, desde luego, no se atrevería a expresar condena alguna aun cuando los exaltados estimen que quienes no voten deben callarse. De este talante viciado están llenos los cuadros oficiales incapaces de acuerdo alguno tendiente, siquiera, a construir mejores escenarios para el futuro. Una vez más: la sociedad, cada vez con mayor fuerza, se aleja de sus órganos de representatividad política porque, sencillamente, le quedan demasiado chicos o, de plano, están hondamente erosionados.
No quiero ni pensar en el drama político de los panistas de Veracruz, por ejemplo, a quienes la dirigencia nacional conduce al ominoso escenario en donde se exalta al ex priísta ladrón Miguel Ángel Yunes Linares, por efecto de los contubernios, por cierto muy “democráticos”, entre el mandatario federal de medio tiempo y la todopoderosa “novia de Chucky”, Elba Esther. (Por cierto, reclamo la autoría del bautizo a la siempre sinuosa –y perversa- dirigente del SNTE; no vaya a ser que otros, como suele ocurrir, se la adjudiquen para pararse el cuello a toro pasado).
Y en la misma línea entiendo a los perredistas de Hidalgo –no a los arribistas que encabeza el otrora alquimista priísta José Guadarrama Márquez-, cuya militancia es observada como si se tratara de una mercancía dispuesta para la indecorosa subasta de candidatos que, en este caso, ganó la foxista Xóchitl Gálvez quien insiste en no haber sido “impuesta”; esto es como si su plataforma hubiera surgido de manera natural, esto es sin padrinazgos ni antecedentes, elevada por la causa de la pretendida redención. Y que ella misma, sólo ella, reclame el privilegio de ser intocable porque cuantos la cuestionen lo hacen, según dice, por sus propias apetencias subjetivas. Democracia de la buena.
Tampoco me preciaría de ponerme en los zapatos de los priístas de Sinaloa, en donde quien quiera escalar hacia la cumbre gubernamental debe antes contactar con los representantes del verdadero poder –esto es el de los cárteles-, a quienes se obliga a disciplinarse ante los designios de sus líderes, con inclusión del gobernador testaferro Jesús Aguilar Padilla, y avalar con ello el lanzamiento de Jesús Vizcarra Calderón, ex alcalde de Culiacán bajo sospecha –y no sólo de la entrometida DEA estadounidense- de estar infiltrado por los mafiosos o incluso de formar parte de la mafia misma. Para todos hay un escenario convulso.
Pero que no se hable de candidaturas independientes, aun cuando pudieran surgir con el tremendo handicap de no contar con resucios financieros suficientes para contrarrestar la cascada de inversiones proselitistas que se desarrollan desde las fuentes de las prerrogativas oficiales que en otros tiempos rechazaban los opositores dignos, con tal de hacer prevalecer, como si fuese una manda de beatas enfebrecidas, los derechos partidistas y la ofuscada, cerrada tendencia a ungir abanderados de donde se pueda... con tal de hacerse de sufragios oficiosos y circunstanciales por la vía de la manipulación colectiva.
¿No se tiene, entonces, el derecho a rechazar tal esquema y abrir la ventana del abstencionismo como único recurso contra los predadores sectarios que deshonran la vida democrática del país? Podrías repetir, una vez más, la incontestable sentencia bíblica: “quien esté libre de pecado...”
Por lo anterior es que la descomposición democrática, mediando los más aviesos usos facciosos, continúa profundizándose cada vez más. No se toca techo ni suelo alguno; va a más, lamentablemente, por el indecoro de los protagonistas que se arrogan el privilegio de hacer política como les viene en gana, colocando piezas, las suyas nada más, en el extraño ajedrez en donde hasta las jugadas de “jaque” responden a los dueños del tablero... y de reyes, reinas, torres, caballos y alfiles. A los peones, que somos todos, no se nos ofrece otro destino que el de ser “engullidos”, de un solo bocado, por los inductores negociantes.
Triunfan los sectarios, fracasan los demás. Y se rechaza la apertura porque en la mancillada casa presidencial apenas se abre una rendija, como solía ocurrir igualmente bajo la hegemonía priísta. ¿Acaso son tan ciegos los intocables miembros de la clase política que no puedan resolver los desafíos separándolos de las dobles intenciones para quedarse con el numen positivo? En cambio, le temen a los acuerdos porque carecen de fundamentos.
Debate
Fíjense hasta donde llega la inducción facciosa. Sobre la posibilidad de que se dieran las segundas vueltas electorales, se escondía una trampa obvia: se proponía, de la misma manera, que los comicios destinados a la renovación del Congreso federal se dieran, precisamente, de manera simultánea a la segunda concurrencia presidencial, esto es habiéndose eliminado de la justa por la Primera Magistratura a todos los pretendientes que no hubiese quedado en las dos posiciones superiores.
Con ello, claro, se tendía a reducir los espacios para las corrientes minoritarias y a favor, de modo inductivo, de un bipartidismo reñido con la idiosincrasia nacional cuya pluralidad es tan evidente como los tres colores de la enseña patria. ¿Qué se hizo entonces? Justificar la oposición a toda la iniciativa de reformas electorales sin siquiera debatir sobre la condicionante viciada de origen. Esto es: de procederse democráticamente bien se podría acordar sobre el imperativo de recuperar la voluntad mayoritaria, así fuera mediando dos vueltas, dialogando sobre el aspecto controvertido, tan evidente, hasta alcanzar los consensos necesarios, esto es con un seguro sobre la elección de diputados y senadores para hacerla coincidir con la primera y no la segunda vuelta.
A diferencia de ello, se pretende un carpetazo ominoso y acaso rescatar tan solo la propuesta de reelección directa de los legisladores... que tanto conviene y satisface a los actuales usufructuarios de curules y escaños. Hasta este nivel, bajísimo, llegan hoy los diferendos políticos de la mano del sectarismo antidemocrático y, por ende, más cercano al arraigado fascismo al que se arraiga también el presidencialismo autoritario.
Por ello, y bastante más, es que las dirigencias partidistas y las militancias convenencieras, se han descalificado a sí mismas. ¿O no fue vergonzoso que las voces priístas llamaran “espurio” a Calderón tres años y medio después de que avalaron el dictamen infamado sobre la “legitimidad” de Calderón?¿La sociedad afrentada permanecerá inerte ante esta descomunal confesión tardía que resta al priísmo toda pizca de autoridad moral?
El sectarismo marcha sobre caballo de hacienda y la democracia parece atrapada en los pantanos de la demagogia feroz. ¿Es esto por lo que votamos en 2000 o en 2006?
El Reto
No es coincidencia. En Tamaulipas fue ungido candidato del PRI, Rodolfo Torre Cantú, en un acto en el que se contó con la presencia de los ex mandatarios Cárdenas González, Cavazos Lerma y Yarrington Ruvalcaba, amen del mandatario actual, Eugenio Hernández, caracterizado por privilegiar lo que podríamos llamar la “conexión Muñoz Rocha”. Y lo explico.
Por principio de cuentas, el candidato Torre Cantú, fue compañero de Manuel Muñoz Rocha –por si ustedes ya lo olvidaron, se trata del ex diputado que fue señalado como autor intelectual del crimen contra Francisco Ruiz Massieu en septiembre de 1994 y que desde entonces está “prófugo” o “desaparecido”-, en el Congreso y antes en Banrural en donde Muñoz fue gerente bajo los auspicios de Carlos Hank González.
Pero hay bastante más. Hace unas semanas fue designado secretario general del Gobierno de Tamaulipas, Hugo Andrés Araujo, un salinista tan de cepa que fue él quien, por ejemplo, compró la residencia, en la calle de Palenque 425 de la colonia del Valle del Distrito Federal, donde fue ultimada una humilde sirvienta de catorce años, Manuela N., por parte de los juniors Salinas de Gortari y el vecinito de éstos, Gustavo Zapata. El mismo personaje, dos veces compadre de Carlos Salinas por si faltara algún ingrediente, se desempeñaba como dirigente de la CNC cuando ocurrió el crimen mencionado. No se olvide que Muñoz formaba parte de la Comisión de Agricultura de la Cámara baja entonces mientras el secretario de este renglón era, claro, el profesor Hank.
Finalmente, Eugenio Hernández designó secretario de Desarrollo Social a ¡Manuel Muñoz Cano!, hijo de Muñoz Rocha con la señora Marcia Cano –de quien ya estaba separado cuando “desapareció”-, para cerrar el curioso círculo. Merece la pena que abundemos al respecto.
La Anécdota
Para que no quede duda sobre las interrelaciones entre el poder político y la clase financiera, un buen amigo de esta columna me reveló hace días:
--¿Sabes quién fue la secretaria privada, por demás muy eficiente, de Don Carlos Trouyet –quien formó una de las mayores fortunas de México hasta su muerte, en un avionazo-?
--Supongo que tú sí sabes...
--Pues nada menos, Alicia “Licha” de la Madrid, hermana de Miguel y esposa del hoy “editorialista” Ricardo Raphael. Desde este punto comenzó a sacar éste la cara hasta que llegó al gabinete de López Portillo y de allí a la Presidencia.
De sendas tenebrosas están rebosantes las rutas hacia Los Pinos.
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