RAFAEL LORET DE MOLAjueves, 13 de mayo de 2010*No se han ido
*Golpes bajos
*Un “reproche”
Entre las pruebas sobre la resistencia de las viejas mafias a los vanos clamores en pro del cambio, anotamos, sin género de duda, la sostenida influencia de algunos de los más señalados como artífices de los regímenes autoritarios per se, esto es atenidos al presidencialismo “imperial”, y su notoria capacidad para reubicarse y seguir determinando decisiones y destinos; y más todavía cuando se extienden los espacios vacíos dejados por un gobierno claudicante.
En 2000, tras la euforia por la caída del “muro” priísta, apuntamos que el verdadero primer síntoma para determinar un nuevo curso político, con la consiguiente cancelación de la hegemonía priísta, se daría en cuanto los aliados del llamado “viejo régimen” perdieran presencias y privilegios en aras de una verdadera transformación estructural.
Todo quedó, lamentablemente, en esbozo, a la par con la intentona fugaz de ir hacia una “reforma integral del Estado” con tintes de refundación institucional y acentos puestos en el imperativo de sanear los contaminados escenarios de la vida pública. Nada se hizo porque, pasada la euforia por el triunfo electoral, se apostó de nuevo por el continuismo y los cómplices del pasado se convirtieron en los mayores apoyos del “nuevo régimen”.
Quizá por lo anterior, el priísmo desechó la oportunidad de renovarse, aprovechando la condición opositora que estrenó hace una década, y optó por dejar intacta a la vieja clase política, condenada en las urnas pero en apariencia insustituible para zanjar los desafíos del gobierno. Y en la misma ruta, la derecha en el poder, incapaz por sí sola de salir adelante con la administración federal, inició su andadura en Los Pinos convocando a financieros y técnicos ligados al otrora priísmo invencible. Igualmente, los grandes empresarios, con sus enormes capitales, simplemente se reacomodaron luego de producirse una alternancia que sólo sirvió para atemperar la irritabilidad colectiva por los muchos lustros de latrocinios.
¿Quiénes son los ricos que han incrementado fortunas a la vera del panismo presidencial? Hagan los amables lectores su particular repaso y descubrirán que son los mismos apoyos del antiguo priísmo cuya defensa asumieron sin recato alguno como escudo para sus propias expansiones. Esta es una evidencia, como tal incontrovertible, que exhibe las alianzas soterradas y explica los temores hacia cualquier posibilidad de desborde hacia la izquierda, fuerte en 2006 y hondamente fracturada en la visión hacia 2012.
No es sorprendente, por tanto, que en materia política permanezcan en la escena algunos de los más controvertidos personajes. Por ejemplo, cada día se vindica un poco la figura de los ex mandatarios, sobre todo Ernesto “el gran simulador” Zedillo y Carlos “el gnomo” Salinas, por el imperativo de contar con consejeros y operadores amparados por éstos. Y son cada día más quienes, por ejemplo, señalan a Zedillo como uno de los mayores benefactores de la democracia por haber prohijado las condiciones –esto es la ingente corrupción y la complicidad financiera-, para reclamar un cambio sustantivo que no fue. Al rato dirán otro tanto de Salinas por haber conducido al paredón de Lomas Taurinas a su virtual sucesor que se quedó en el camino.
El PRI, con vientos favorables en el horizonte –tanto este año como respecto a la carrera por la sucesión presidencial-, no ha tenido, por tanto, necesidad de renovarse aunque haya perdido dos elecciones presidenciales bajo el estruendo de la radicalización social. Y sigue apostando por más de lo mismo. No se puede interpretar de otra manera la permanencia de figuras como Emilio Gamboa Patrón, ex secretario privadísimo de Miguel de la Madrid, llamado “el maestro” por no pocos rufianes que se incubaron durante su período presidencial –esto es entre 1982 y 1988-, en lista de ser designado secretario general de la CNOP priísta, la que aglutina por igual a empresarios y obreros provenientes de los llamados “sindicatos blancos”, y en ruta hacia la dirigencia nacional del mismo partido una vez que la habilidosa tlaxcalteca, Beatriz Paredes Rangel, cese en el cargo por efecto de la ineludible caducidad.
¿Qué importancia tiene que Gamboa haya sido mencionado, doce veces nada menos, por las víctimas del gran pederasta de Cancún, Jean Succar Kuri, como uno de los más asiduos clientes del mismo? ¿Y qué decir del poblano Mario Marín Torres quien conservó la gubernatura de Puebla, sin la menor autoridad moral, e incluso presume de contar con el respaldo de la mayoría de sus gobernados al grado de ser garante de su propia, inminente sucesión? La mera permanencia de estos personajes, sin posibilidad alguna de salvar el juicio inapelable de la historia, es contundente demostración de que nada ha cambiado en el espectro político a diez años de consumarse la alternancia en el poder Ejecutivo federal.
¿No basta con ello para insistir en que el elemento central que priva en los palenques de la vida institucional es, precisamente, la ausencia de gobierno? Y sobre esta condición incontrovertible no existe defensa posible.
Debate
Tampoco parece existir amparo alguno para los periodistas que se atreven a ejercer la crítica. Ya hemos dicho, en reiteradas ocasiones, que quienes son afectados por los señalamientos de éstos tienen diversas salidas para su protección, desde las denuncias por difamación y calumnias hasta la controvertida figura del “daño moral” que se estima puede causarse aun cuando se divulguen hechos corroborados. Esto es: quienes perciban haber sufrido deterioro en cuanto a su “prestigio”, en vez de ser conminados a explicar excesos y contubernios, cuentan con este recurso para inhibir a los denunciantes e incluso someterlos jurídicamente a un proceso desgastante, por demás costoso, en aras de una supuesta civilidad que sirve como refugio a los predadores poderosos con enorme capacidad económica para solventar los onerosos gastos de los juicios tendenciosos. A esta terrible paradoja hemos llegado.
En sentido contrario, los informadores de todos los niveles no cuentan con recursos jurídicos para, a su vez, proceder en contra de las fuentes del poder político que, sin recato alguno, maniobran contra la libertad de expresión, amedrentan a los mismos con sesgados argumentos y vergonzosas reprimendas, incluso mediante acciones represoras disfrazadas como operativos policíacos justificados por respaldos legaloides moralmente insostenibles, y usan la parafernalia gubernamental para sentarse sobre sus reales. Suelen los periodistas quedarse al garete, muchas veces en estado de indefensión, ante la mayor exhibición de prepotencia: la que lleva a silenciar denuncias y hechos al amparo del poder público mañosamente justificado por jueces, magistrados y ministros no sólo de mentes esquemáticas sino igualmente cómplices de cuanto representa, en sentido negativo, el establishment.
Por ello, claro, han podido llegar al presente, libres de indagatorias si bien rebosantes de denuncias, los grandes predadores del pasado. Y la confusión se extiende, de manera lastimosa, cuando alguno de éstos pasa a formar parte de los grupos a los que reprimieron, en su momento, tomando banderas que ellos pisotearon refugiados ahora en la amnesia colectiva. Tales los casos, entre otros, del siniestro Manuel Bartlett y de no pocos tránsfugas partidistas como Manuel Camacho y algunos de los asesores de cabecera del “legítimo” Andrés Manuel.
En estos tiempos en los que los riesgos de la profesión periodística aumentan de la mano del clima de violencia imparable, bien se haría en meditar sobre cuál es la parte débil, sin protección jurídica adecuada, en los foros en donde se simula la democracia y se acrecienta la persecución contra la verdad.
El Reto
La Fundación para la Libertad de Expresión A.C., de la que este columnista es miembro fundador del Consejo Directivo, es de los pocos valladares para intentar frenar los burdos excesos del poder político que, por el momento, se sostiene con un andamiaje judicial armado ad hoc.
La lucha es por demostrar, más allá de los procesos amañados con argucias legales, la preeminencia de la autoridad moral de los afectados, sobre todo cuando lo divulgado es cierto y su difusión se enmarca dentro del derecho a la información que debe ser considerado uno de los privilegios naturales de los seres humanos, mujeres y hombres, libres.
Un caso es por demás significativo, el que deviene de los señalamientos sobre varias irregularidades en la construcción de inmuebles pertenecientes al Tribunal Fiscal de la Federación. La magistrada afectada, a través de un abogado con fama de intransigente, en uso de sus amplios conocimientos acerca de los recursos y lagunas jurídicas, en vez de responder a las acusaciones armó el tinglado judicial basándose en el controvertido principio del “daño moral”. Y esta circunstancia llevó a varios colegas a un proceso que ya se extiende a dos años y en el cual, además, han surgido nuevas denuncias que no son sino evidentes acosos contra la libertad de expresión.
Lo lamentable de la cuestión, insisto, es el franco deterioro de los principios fundamentales, el de la libertad sobre todo.
La Anécdota
Hace algunos años, durante una conferencia organizada por grupos universitarios, a la hora de las preguntas y respuestas, un joven se levantó, micrófono en ristre, y me dijo:
-Usted no sabe cuánto daño causa, con sus denuncias, a personas que no tenemos nada que ver. Eso es todo.
Felicité al muchacho –quien resultó ser familiar del ex subprocurador Javier Coello Trejo-, y le respondí:
--Es evidente que cuantos son señalados por distintas causas tienen esposa, hijos, amigos. Y cada uno de ellos puede reclamar como usted lo hace. Sin embargo, ¿si nos hacemos esta consideración, justificando con ella nuestro silencio, cómo podríamos escribir la crónica del presente y la historia? Porque es claro que esposas, hijos y amigos siempre considerarán que el afectado por las críticas es inocente y que la denuncia es perversa... hasta que, al fin, caiga el veredicto inapelable.
Con nobleza de espíritu, aquel chico quiso disculparse pero no le dejé hacerlo porque, en todo caso, también los informadores, muchas veces, nos excedemos. El desafío es encontrar el justo medio.
E-mail: rafloret@hotmail.com
jueves, 13 de mayo de 2010
miércoles, 12 de mayo de 2010
GOLPES DE INTOLERANCIA
miércoles, 12 de mayo de 2010
Los peores pleitos, sin duda alguna, son los de familia. No son escasos los matrimonios en los que las altisonancias prenden la irritabilidad mutua por la ausencia de respeto, perdidos los sustentos de la razón y la ponderación. Y lo mismo sucede entre padres e hijos, o entre hermanos, cuando surge la competencia por encaramarse a mejores estatus liderando con ello a sus respectivos clanes. Los epítetos que se lanzan los otrora fraternales, por cuanto se conoce la sensibilidad del destinatario, suelen convertirse en puntas de lanzas envenenadas destinadas a doblar los pilares de la emoción íntima. Mientras más historias comunes se tengan entre los nuevos “adversarios” las ofensas serán de mayor calado. Triste regla pero incontrovertible.
En el escenario de la política nacional, ahora mismo, no hay partido sin amenaza cismática ni liderazgo que no esté profundamente cuestionado. Esto es como si reflejaran, a golpes de intolerancias, la honda radicalización, consolidada a partir de los turbios comicios de 2006, entre los mexicanos. Tal es, además, una de las principales fuentes de la extendida violencia ya no sólo en las urbes contaminadas por los cárteles y capos sino incluso en aquellas en donde se estimaba estar lejos de los campos de batallas. Ningún rincón de la geografía patria está libre, hoy, de las sacudidas del odio y las del vicio.
Quienes suman hacia la izquierda sostienen que la perspectiva del encono deviene de cuanto ocurrió en 2006 cuando se situó como “un peligro” a su abanderado a través de la campaña “negra” más costosa, y por lo visto efectiva, de la historia. Sobrevino, desde entonces, una severa polarización política que desmembró a las instituciones partidistas erosionándolas tan severamente que, a casi cuatro años de distancia, son evidentes la permanencia del deterioro y las dificultades por superar los tremendos traspiés. Y no pocos se mantienen en el mismo sitio, obcecados, esperando que llegue el 2012.
En el otro extremo, el de la derecha, se expresa que cuanto sucede alrededor es consecuencia de las herencias del pasado, esto es cuando se prohijaron los contubernios y se produjo el “boom” del narcotráfico alterando, para siempre, el paisaje político nacional. Y no se acepta, de modo alguno, que la negligencia de sus mayores figuras haya sido causa de un nuevo repunte de la descomposición social, sin banderas ni equidades de por medio. Sin embargo, al paso de los meses, se hace notoria una profunda divergencia al respecto acaso guiada por las confrontaciones, no visibles, entre la Presidencia de la República, con todo y su influencia en la dirigencia panista, y cuantos se pretenden antagonistas para servir a otra casta dentro del mismo instituto, la de los Fox por ejemplo.
También hacia el interior del PRI priva la tendencia hacia la radicalización, en el punto medio de la batahola. Dos bandos, para decirlo sin eufemismos, pretenden disputarse el futuro. Uno, influido por los parámetros mediáticos, no acepta más rey que el suyo considerando la imposibilidad de promover, con éxito, otra causa; otro, cortado a la vieja usanza, se inconforma ante la fórmula de contar con un “buen candidato” que no resulte, llegado el momento, un “buen candidato”. Y prefiere revertir los términos: esto es aunque se apoye a un mal candidato que acabe por ser un presidente enérgico y eficaz. En el duelo, por supuesto, puede este partido perder el juego. Es acaso el mayor de sus desafíos.
Lo peor es que los pleitos de familia, en el palenque de la vida institucional, parecen irreversibles en el corto y el mediano plazo por cuanto a los impactos externos y las sacudidas internas que han venido generando. Para colmo, pervive la idea, entre quienes se postulan sensatos, de que deben responderse las provocaciones porque con ellas se incendiarían más los espacios. Lo malo, claro, es que con este criterio han avanzado los perversos, y mucho, para quienes sólo importan sus propias causas. Obsérvese, por ejemplo, el controvertido expediente de Aguascalientes para medir los alcances de unos y otros bajo la misma bandera, la del PAN.
Para infortunio general los diferendos exhiben la verdadera causa de nuestra parálisis. El mal se incubó en 2006 y se mantiene, pernicioso, desarrollándose como un cáncer sobre el que se ha aplicado quimioterapia alguna. Todo lo demás es consecuencia. La crispación no se da por generación espontánea como pretenden algunos observadores imberbes; tiene antecedentes, causas y efectos. Por ello, claro, a veces tenemos la impresión de haber regresado al 2006. Será porque algunos siguen anclados a las circunstancias de entonces; o porque otros hayan pretendido borrar huellas sin darse cuenta de que ellos mismos pasaban sobre las mismas haciéndolas más hondas.
¿O vamos a negar que en 2006 la pretendida democracia cayó en una espiral de contradicciones agudas, en el presente generadoras de absurdos como las tales coaliciones “catch-it-all” –así las llama Manlio Fabio Beltrones, esto es “atrápalo todo”-, cuyos desenlaces, tengan o no éxito, habrán de ser fraguas de nuevos, tremendos enfrentamientos viscerales? En este punto hemos anclado.
Debate
La dirigencia perredista, encabezada por el aguascalentense Jesús Ortega Martínez –por cierto, jamás profeta en su tierra en donde el organigrama de su partido es francamente marginal, con sólo seis puntos de las preferencias-, considera que Andrés Manuel López Obrador tiene ya, de hecho, un pie fuera de este partido, del que fue fundador luego de los estruendos impositivos en Tabasco. Y éste, una vez más, manifestó su confianza en las “redes ciudadanas”, por él convocadas y que, de acuerdo a lo dicho por él mismo –ya sabemos que tiene un modo peculiar de medir encuestas y estadísticas-, suman dos millones doscientos mil presuntos electores y operadores de su causa.
López Obrador, por supuesto, está convencido de que su arrastre volverá a sentirse en cuanto lleguen los tiempos y vuelvan a soplar los vientos sucesorios aunque la carrera este avanzada ya. De hecho, no puede negarse, sólo los tuertos y los ciegos lo hacen, el indiscutible poder de convocatoria del personaje a quien también dibujan sus propias contradicciones: es demócrata, según subraya, y al mismo tiempo profundamente intolerante hacia la crítica al grado de fustigar, sin dar elementos de peso, a cuantos no se suman de manera incondicional a él.
Para Ortega, en cambio –y así me lo confió cuando conversé con él cuando elaboraba “2012: La Sucesión” –Océano, 2010-, que estará en librerías la próxima semana, Andrés Manuel habrá de convertirse en el líder de un grupo cada vez más reducido y radicalizado, fuera del PRD se entiende como de hecho lo está ya. El mero pronunciamiento es más que un anuncio: la reválida de una ineludible escisión de la izquierda por el agobio de las intransigencias mutuas y la ausencia de un proyecto definidor por razonable.
La ruptura se evidencia. En Zacatecas, por ejemplo, los Monreal Ávila, considerados como el mejor capital político de la izquierda en esta región a pesar del odioso origen priísta de Ricardo, el hermano patriarca, han quedado francamente relegados a una cuarta posición, detrás de los abanderados del PRI, que encabeza la puja por la recuperación de la plaza, el PRD y el PAN, cuyo aspirante clama por el estímulo y la bendición de los Fox, liberados hasta el momento del juicio de la historia por obra y gracia de la manipulación. Y todo como consecuencia de la pugna irreversible e insuperable entre los mencionados Monreal y la gobernadora, Amalia García, quien no pudo conservar la unidad que a ella la arropó hace seis años. Pese a ello hay quienes la consideran “presidenciable”.
La izquierda fraccionada jamás será garantía hacia el futuro.
El Reto
El episodio más deplorable en cuanto al divisionismo y la radicalización, sin embargo, se ha dado en Aguascalientes, perdido el rumbo y el decoro político. Allí, el intocado gobernador panista, Luis Armando Reynoso, fue el pilar para armar el entramado grotesco del linchamiento “jurídico” contra el aspirante de su partido, Martín Orozco Sandoval, ex alcalde a quien igualmente fustigó el mandatario estatal en su momento.
Pese a que, desde hace tres años, Reynoso fue conminado a actuar con apego a la ideología panista y en concordancia con su dirigencia nacional, bajo amenazas de expulsión, el temor a fracturar la “unidad” –ya rota, desde luego, por cuanto Reynoso privilegió sus alianzas soterradas y dio vuelo a sus apetencias-, impidió que se le sancionara. El mismo criterio, por desgracia, al que determinó el curso extraviado de Elba Esther, la novia de Chucky, quien desde la secretaría general del PRI terminó financiando y organizando al Panal con un apretado grupo de saltimbanquis, entre ellos el hoy aspirante panista al gobierno de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, el tortuoso de las mil historias infamantes.
Orozco fue puesto en la picota, negándosele el registro por las autoridades electorales estatales y obligándosele a acudir ante las federales mientras el gobernador traidor se apuraba a favorecer al PRI contra toda moral política. Y nadie le ha tocado, todavía, un pelo. A estos niveles ha descendido la política.
La Anécdota
En conferencias recientes, invitado por agentes de seguros –Metlife, para ser precisos- y universitarios, los de la Universidad de León, realizamos sendos ejercicios democráticos para conocer, de manera directa y sin amagos de ninguna naturaleza, las preferencias electorales de los escuchas. Y me he llevado varias sorpresas.
En el Distrito Federal, los profesionales dieron la siguiente pauta:
Enrique Peña Nieto, del PRI, cuarenta y cuatro votos.
Alonso Lujambio Irazábal, del PAN, catorce.
Andrés Manuel López Obrador, considerando al PRD, siete.
En el mismo escenario, con otros aspirantes, los resultados fueron:
Juan Ramón de la Fuente, por el PRD, cuarenta y dos.
Santiago Creel Miranda, por el PAN, catorce.
Manlio Fabio Beltrones, por el PRI, cuatro.
Y ante los jóvenes que estudian en Guanajuato, una entidad forzada hacia la derecha, las preferencias fueron otras:
Enrique Peña Nieto, cuarenta y seis votos.
Juan Manuel Oliva, el gobernador de la entidad apoyado por el Yunque, por el PAN, veintidós.
Juan Ramón de la Fuente, por el PRD, siete.
El posicionamiento ni es parejo ni congruente, como las alianzas “catch-it-all” del PAN y el PRD. Abundaremos.
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BLOG: www.rafaelloretdemola.blogspot.com
E-Mail: rafloret@hotmail.com
Contacto para Conferencias: alexavadillo@yahoo.es
Los peores pleitos, sin duda alguna, son los de familia. No son escasos los matrimonios en los que las altisonancias prenden la irritabilidad mutua por la ausencia de respeto, perdidos los sustentos de la razón y la ponderación. Y lo mismo sucede entre padres e hijos, o entre hermanos, cuando surge la competencia por encaramarse a mejores estatus liderando con ello a sus respectivos clanes. Los epítetos que se lanzan los otrora fraternales, por cuanto se conoce la sensibilidad del destinatario, suelen convertirse en puntas de lanzas envenenadas destinadas a doblar los pilares de la emoción íntima. Mientras más historias comunes se tengan entre los nuevos “adversarios” las ofensas serán de mayor calado. Triste regla pero incontrovertible.
En el escenario de la política nacional, ahora mismo, no hay partido sin amenaza cismática ni liderazgo que no esté profundamente cuestionado. Esto es como si reflejaran, a golpes de intolerancias, la honda radicalización, consolidada a partir de los turbios comicios de 2006, entre los mexicanos. Tal es, además, una de las principales fuentes de la extendida violencia ya no sólo en las urbes contaminadas por los cárteles y capos sino incluso en aquellas en donde se estimaba estar lejos de los campos de batallas. Ningún rincón de la geografía patria está libre, hoy, de las sacudidas del odio y las del vicio.
Quienes suman hacia la izquierda sostienen que la perspectiva del encono deviene de cuanto ocurrió en 2006 cuando se situó como “un peligro” a su abanderado a través de la campaña “negra” más costosa, y por lo visto efectiva, de la historia. Sobrevino, desde entonces, una severa polarización política que desmembró a las instituciones partidistas erosionándolas tan severamente que, a casi cuatro años de distancia, son evidentes la permanencia del deterioro y las dificultades por superar los tremendos traspiés. Y no pocos se mantienen en el mismo sitio, obcecados, esperando que llegue el 2012.
En el otro extremo, el de la derecha, se expresa que cuanto sucede alrededor es consecuencia de las herencias del pasado, esto es cuando se prohijaron los contubernios y se produjo el “boom” del narcotráfico alterando, para siempre, el paisaje político nacional. Y no se acepta, de modo alguno, que la negligencia de sus mayores figuras haya sido causa de un nuevo repunte de la descomposición social, sin banderas ni equidades de por medio. Sin embargo, al paso de los meses, se hace notoria una profunda divergencia al respecto acaso guiada por las confrontaciones, no visibles, entre la Presidencia de la República, con todo y su influencia en la dirigencia panista, y cuantos se pretenden antagonistas para servir a otra casta dentro del mismo instituto, la de los Fox por ejemplo.
También hacia el interior del PRI priva la tendencia hacia la radicalización, en el punto medio de la batahola. Dos bandos, para decirlo sin eufemismos, pretenden disputarse el futuro. Uno, influido por los parámetros mediáticos, no acepta más rey que el suyo considerando la imposibilidad de promover, con éxito, otra causa; otro, cortado a la vieja usanza, se inconforma ante la fórmula de contar con un “buen candidato” que no resulte, llegado el momento, un “buen candidato”. Y prefiere revertir los términos: esto es aunque se apoye a un mal candidato que acabe por ser un presidente enérgico y eficaz. En el duelo, por supuesto, puede este partido perder el juego. Es acaso el mayor de sus desafíos.
Lo peor es que los pleitos de familia, en el palenque de la vida institucional, parecen irreversibles en el corto y el mediano plazo por cuanto a los impactos externos y las sacudidas internas que han venido generando. Para colmo, pervive la idea, entre quienes se postulan sensatos, de que deben responderse las provocaciones porque con ellas se incendiarían más los espacios. Lo malo, claro, es que con este criterio han avanzado los perversos, y mucho, para quienes sólo importan sus propias causas. Obsérvese, por ejemplo, el controvertido expediente de Aguascalientes para medir los alcances de unos y otros bajo la misma bandera, la del PAN.
Para infortunio general los diferendos exhiben la verdadera causa de nuestra parálisis. El mal se incubó en 2006 y se mantiene, pernicioso, desarrollándose como un cáncer sobre el que se ha aplicado quimioterapia alguna. Todo lo demás es consecuencia. La crispación no se da por generación espontánea como pretenden algunos observadores imberbes; tiene antecedentes, causas y efectos. Por ello, claro, a veces tenemos la impresión de haber regresado al 2006. Será porque algunos siguen anclados a las circunstancias de entonces; o porque otros hayan pretendido borrar huellas sin darse cuenta de que ellos mismos pasaban sobre las mismas haciéndolas más hondas.
¿O vamos a negar que en 2006 la pretendida democracia cayó en una espiral de contradicciones agudas, en el presente generadoras de absurdos como las tales coaliciones “catch-it-all” –así las llama Manlio Fabio Beltrones, esto es “atrápalo todo”-, cuyos desenlaces, tengan o no éxito, habrán de ser fraguas de nuevos, tremendos enfrentamientos viscerales? En este punto hemos anclado.
Debate
La dirigencia perredista, encabezada por el aguascalentense Jesús Ortega Martínez –por cierto, jamás profeta en su tierra en donde el organigrama de su partido es francamente marginal, con sólo seis puntos de las preferencias-, considera que Andrés Manuel López Obrador tiene ya, de hecho, un pie fuera de este partido, del que fue fundador luego de los estruendos impositivos en Tabasco. Y éste, una vez más, manifestó su confianza en las “redes ciudadanas”, por él convocadas y que, de acuerdo a lo dicho por él mismo –ya sabemos que tiene un modo peculiar de medir encuestas y estadísticas-, suman dos millones doscientos mil presuntos electores y operadores de su causa.
López Obrador, por supuesto, está convencido de que su arrastre volverá a sentirse en cuanto lleguen los tiempos y vuelvan a soplar los vientos sucesorios aunque la carrera este avanzada ya. De hecho, no puede negarse, sólo los tuertos y los ciegos lo hacen, el indiscutible poder de convocatoria del personaje a quien también dibujan sus propias contradicciones: es demócrata, según subraya, y al mismo tiempo profundamente intolerante hacia la crítica al grado de fustigar, sin dar elementos de peso, a cuantos no se suman de manera incondicional a él.
Para Ortega, en cambio –y así me lo confió cuando conversé con él cuando elaboraba “2012: La Sucesión” –Océano, 2010-, que estará en librerías la próxima semana, Andrés Manuel habrá de convertirse en el líder de un grupo cada vez más reducido y radicalizado, fuera del PRD se entiende como de hecho lo está ya. El mero pronunciamiento es más que un anuncio: la reválida de una ineludible escisión de la izquierda por el agobio de las intransigencias mutuas y la ausencia de un proyecto definidor por razonable.
La ruptura se evidencia. En Zacatecas, por ejemplo, los Monreal Ávila, considerados como el mejor capital político de la izquierda en esta región a pesar del odioso origen priísta de Ricardo, el hermano patriarca, han quedado francamente relegados a una cuarta posición, detrás de los abanderados del PRI, que encabeza la puja por la recuperación de la plaza, el PRD y el PAN, cuyo aspirante clama por el estímulo y la bendición de los Fox, liberados hasta el momento del juicio de la historia por obra y gracia de la manipulación. Y todo como consecuencia de la pugna irreversible e insuperable entre los mencionados Monreal y la gobernadora, Amalia García, quien no pudo conservar la unidad que a ella la arropó hace seis años. Pese a ello hay quienes la consideran “presidenciable”.
La izquierda fraccionada jamás será garantía hacia el futuro.
El Reto
El episodio más deplorable en cuanto al divisionismo y la radicalización, sin embargo, se ha dado en Aguascalientes, perdido el rumbo y el decoro político. Allí, el intocado gobernador panista, Luis Armando Reynoso, fue el pilar para armar el entramado grotesco del linchamiento “jurídico” contra el aspirante de su partido, Martín Orozco Sandoval, ex alcalde a quien igualmente fustigó el mandatario estatal en su momento.
Pese a que, desde hace tres años, Reynoso fue conminado a actuar con apego a la ideología panista y en concordancia con su dirigencia nacional, bajo amenazas de expulsión, el temor a fracturar la “unidad” –ya rota, desde luego, por cuanto Reynoso privilegió sus alianzas soterradas y dio vuelo a sus apetencias-, impidió que se le sancionara. El mismo criterio, por desgracia, al que determinó el curso extraviado de Elba Esther, la novia de Chucky, quien desde la secretaría general del PRI terminó financiando y organizando al Panal con un apretado grupo de saltimbanquis, entre ellos el hoy aspirante panista al gobierno de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, el tortuoso de las mil historias infamantes.
Orozco fue puesto en la picota, negándosele el registro por las autoridades electorales estatales y obligándosele a acudir ante las federales mientras el gobernador traidor se apuraba a favorecer al PRI contra toda moral política. Y nadie le ha tocado, todavía, un pelo. A estos niveles ha descendido la política.
La Anécdota
En conferencias recientes, invitado por agentes de seguros –Metlife, para ser precisos- y universitarios, los de la Universidad de León, realizamos sendos ejercicios democráticos para conocer, de manera directa y sin amagos de ninguna naturaleza, las preferencias electorales de los escuchas. Y me he llevado varias sorpresas.
En el Distrito Federal, los profesionales dieron la siguiente pauta:
Enrique Peña Nieto, del PRI, cuarenta y cuatro votos.
Alonso Lujambio Irazábal, del PAN, catorce.
Andrés Manuel López Obrador, considerando al PRD, siete.
En el mismo escenario, con otros aspirantes, los resultados fueron:
Juan Ramón de la Fuente, por el PRD, cuarenta y dos.
Santiago Creel Miranda, por el PAN, catorce.
Manlio Fabio Beltrones, por el PRI, cuatro.
Y ante los jóvenes que estudian en Guanajuato, una entidad forzada hacia la derecha, las preferencias fueron otras:
Enrique Peña Nieto, cuarenta y seis votos.
Juan Manuel Oliva, el gobernador de la entidad apoyado por el Yunque, por el PAN, veintidós.
Juan Ramón de la Fuente, por el PRD, siete.
El posicionamiento ni es parejo ni congruente, como las alianzas “catch-it-all” del PAN y el PRD. Abundaremos.
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lunes, 10 de mayo de 2010
LA GRILLA EN LAS MADRES
En 2004, la grilla desplazó a las afrentas internacionales. Desde la Presidencia la percepción sobre una posible alternancia hacia la izquierda era bastante más que una pesadilla, considerando el evidente rezago del partido en el gobierno, el PAN, colocado en tercera posición, detrás del PRD y el PRI, en el arranque de la carrera sucesoria. Y en buena medida ello se debía a la deficitaria actuación de los Fox cuyas expectativas de cambio se trocaron en proclamas a favor del continuismo, la antítesis. Fue entonces cuando la parafernalia presidencial se jugó el resto con los resultados ya conocidos.
En aquella perspectiva quedaban pocos espacios para dar cuenta de algunos hechos significativos. Por ejemplo, la aparición de los llamados “minuteman” en Arizona, bajo los auspicios de la entonces gobernadora, Janet Napolitano –por cierto ahora integrante del gabinete de Barack Obama-, que avaló el derecho de cualquier ciudadano para armarse y actuar en contra de los inmigrantes “ilegales” que perturbaran la paz de sus jardines y heredades. Esto es: una especie de licencia para matar con la fuerza de la xenofobia y el racismo, dos doctrinas fascistas muy arraigadas en la anglosajona sociedad del norte.
El gobierno mexicano apenas abrió los labios, en una etapa en la que requería recuperar la gracia de la Casa Blanca, perdida desde abril de 2003 cuando nuestros representantes no secundaron el proyecto belicista de Bush junior cuya culminación fue la invasión a Irak con el consiguiente control de las petroleras de la región. El gesto de dignidad salió caro por cuanto los operadores de Washington pretendieron ubicarnos al lado de los contrarios a la Unión Americana de acuerdo a la prepotente tesis del huésped de la Casa Blanca: quien no apoyaba a los Estados Unidos –esto es, sin definirse a favor de la guerra-, cruzaba la raya para ser observado, y tratado, como enemigo no sólo de la potencia incontestable sino de la “democracia” y la “libertad” –vistos estos conceptos de acuerdo a la parcial y arcaica visión de los norteamericanos-.
Los Fox, por tanto, debieron realizar esfuerzos extremos para, primero, acudir en busca de encuentros fortuitos con el insondable Bush junior, y después mostrar no sólo comedimiento sino una postura incondicional respecto a las decisiones tomadas en la oficina oval. El “semblanteo”, con sonrisas hipócritas de por medio, duró hasta el final de la administración federal precedente mientras, en el mismo lapso, surgían voces exigiendo nuevas medidas “preventivas”, como la pretendida edificación del muro de la ignominia a lo largo de la frontera y la aparición, “legalizada”, de los cazadores de seres humanos. Y todo ello fue visto de soslayo por un régimen torpe, sin visión y sin sustentos. ¿Tampoco por esto pediremos cuentas a los intocables habitantes principales de San Cristóbal?
Por supuesto, la “bola de nieve” creció hasta convertirse en un alud de inimaginables consecuencias. En la pasividad y negligencia de los responsables de nuestra política exterior, se origina la represiva ley, llamada Arizona, destinada a perseguir a los “ilegales”, cuyos empeños sirven a los agricultores del sur estadounidense para asegurarse mayores dividendos por los ahorros sustantivos que les llegan por contratar mano de obra “clandestina” –la doble moral está a la vista, de manera incontrovertible-, considerando un delito la mera inmigración sin papeles, y ampliando sospechas contra cuantos, por origen o perfil, pudieran serlo. Esto es: la policía podrá proceder, para interrogar supuestamente si bien con las consiguientes humillaciones, contra quienes parezcan mexicanos, sólo eso, aunque no hayan cometido infracción o ilícito alguno. Así procedían las fuerzas represivas de Hitler y Mussolini.
La reacción contra el gobierno de Arizona comenzó, curiosamente, dentro de los Estados Unidos. Desde allí se manifestó el repudio de algunos dirigentes, incluyendo el presidente Obama, contra una ley considerada violenta y, por ende, inaceptable. Y desde algunos otros estados se proyectó la idea de boicotear las mercancías procedentes de Arizona y cancelar el comercio hacia allá. Fue entonces cuando el singular gobierno mexicano entendió que no podía evadirse del tema y extendió una especie de advertencia a los mexicanos que pretendieran viajar hacia la zona de peligro. Digo, en tono similar a las descalificaciones emitidas desde los Estados Unidos hacia varias entidades de nuestro país en las que la violencia se ha agudizado aun cuando, por cierto, las mediciones de la misma van a la par con otras intenciones de carácter político. (No se entiende, por ejemplo, que Coahuila se ubique por encima de Nuevo León y Tamaulipas en el renglón de las vendettas).
Por supuesto, nadie niega los acentos xenófobos que debieran ser inadmisibles en la perspectiva actual si bien siguen pesando, y mucho, entre las sociedades exaltadas por cuenta de las campañas mediáticas. Y desde septiembre de 2001, sin duda, el campo estadounidense ha sido fértil para sembrar nacionalismos desfogados a costa de reconstruir las antiguas fobias racistas. Quizá por ello la “Ley Arizona” ha estimulado a los extremistas que creen tener derecho a tratar a los demás como animales.
Debate
Hay quienes han supuesto que la afrenta recibida permite a Felipe Calderón contar con un buen oxígeno para intentar revertir las tendencias comiciales a lo largo de esta complejo 2010 visto como la antesala para la carrera sucesoria aun cuando ésta, de hecho, ya está bastante avanzada. Como nunca.
El sofisma surge por cuanto el señor Calderón, aprovechando su reciente periplo por Europa, optó por endurecer el tono, al amparo de lo que ya había hecho Obama, y mostrarse como defensor de los mexicanos en cauce de ser sojuzgados y ofendidos. No hay tortura mayor que la laceración de la dignidad y de la honra bajo la fuerza bruta de la sinrazón. Y es esto, precisamente, lo que está provocándose en la nación norteña donde tanto se presume de ser reducto de libertades. ¿Lo es realmente o más bien se evidencia, a cada rato, la tendencia a robatizar a una comunidad a golpes de propaganda inducida por las cúpulas?
Calderón, como siempre, actuó tardíamente aun cuando mostrara cierta energía cuando midió que no podía quedarse a la zaga de Washington. Por desgracia, bajo su administración cuestionada, no se ha honrado la paridad en ninguno de las controversias internacionales que han derivado de las decisiones unilaterales de otros gobiernos. Por ejemplo, ¿se procedió en la misma línea cuando el gobierno canadiense exigió visas a los mexicanos sin siquiera anunciarlo previamente? ¿O más bien se dejó pasar la inamistosa actitud midiendo las desproporciones, comerciales y financieras, entre los dos países? No hubo decoro sino impudicia, en plena degradación de nuestra ya deteriorada soberanía.
Ya va siendo costumbre, por tanto, que se ponga en jaque a los mexicanos por la ausencia de un gobierno capaz de responderles. Cuando se viaja al exterior se percibe la tremenda diferencia entre quienes se saben seguros por cuanto significa el apoyo de sus diplomáticos y cuantos, como los mexicanos, nos colocamos en estado de indefensión con elevados riesgos. Las historias al respecto –y este columnista conoce decenas de ellas-, son suficientes para extender el repudio general hacia la negligencia incalificable de nuestra clase política extendida hacia la diplomacia por marginación de cuantos, por carrera, debieran ocupar embajadas y consulados.
Nuestra política, también la exterior, se ha cubierto de mediocres, muchos de ellos sin la menor cultura histórica. Y esto pesa una barbaridad a la hora de enfrentar las pugnas inevitables, sobre todo porque las andanadas desde el exterior son provocadas por elementos mucho mejor pertrechados en materia política y financiera. Y, para colmo, a Calderón ya le han tomado la medida.
El Reto
En Arizona han llegado a quejarse sobre las presuntas violaciones a su territorio por parte de efectivos militares mexicanos quienes, de acuerdo a esta versión, protegen cargamentos de drogas y a los respectivos cárteles. Como respuesta, más bien oficiosa, se insiste en que tal es imposible por una razón: los vecinos están infinitamente mejor pertrechados y cuentan con sofisticados detectores para localizar y perseguir a cualquier intruso... aun cuando, pese a ello, miles de indocumentados cruzan el Bravo y las mojoneras.
Con la arcaica y tendenciosa visión de los vecinos, no dudamos que los “minuteman” reclamen su derecho a cazar mexicanos, persiguiéndolos hasta más allá de los límites fronterizos cobrándose así por las supuestas “invasiones” militares. Falta, sí, que la gobernadora tuerta se anime a seguir exaltándose a costa de extender la xenofobia justificando cuanto se haga contra los que llegan del sur al suelo de la falsa libertad.
Quizá esta sea la razón de fondo para descalificar la presencia castrense en las ciudades mexicanas a lo largo de la frontera más transitada en el mundo. Y sólo estamos ciertos de una cosa: nuestro gobierno, seguramente, ni siquiera se ha enterado.
La Anécdota
Es día de la madre. Y los políticos también festejan, faltaba más.
Va de cuento. Durante una de las recurrentes campañas por una entidad ribereña, uno de los postulantes fue severamente incordiado por los grupos antagónicos. En el momento climático, el personaje envió, para que protegieran a su progenitora de baja estatura, a un abigarrado grupo de gendarmes. El auditorio, por supuesto, descubrió a la señora y la silbatina creció cuando un atrevido espetó:
--Fulanito... ¡no tienes madre!
El aludido entonces envió por la señora y le pidió que subiera al templete. Ya instalada allí la dama, el candidato siguió con un referente inapelable, como respuesta:
--¿Qué no tengo madre? Pues miren ustedes: sí tengo... pero muy poca.
La ironía y la sonrisa son también regalos para quienes celebran este día. Felicidades a todas.
E-MAIL: rafloret@hotmail.com
En aquella perspectiva quedaban pocos espacios para dar cuenta de algunos hechos significativos. Por ejemplo, la aparición de los llamados “minuteman” en Arizona, bajo los auspicios de la entonces gobernadora, Janet Napolitano –por cierto ahora integrante del gabinete de Barack Obama-, que avaló el derecho de cualquier ciudadano para armarse y actuar en contra de los inmigrantes “ilegales” que perturbaran la paz de sus jardines y heredades. Esto es: una especie de licencia para matar con la fuerza de la xenofobia y el racismo, dos doctrinas fascistas muy arraigadas en la anglosajona sociedad del norte.
El gobierno mexicano apenas abrió los labios, en una etapa en la que requería recuperar la gracia de la Casa Blanca, perdida desde abril de 2003 cuando nuestros representantes no secundaron el proyecto belicista de Bush junior cuya culminación fue la invasión a Irak con el consiguiente control de las petroleras de la región. El gesto de dignidad salió caro por cuanto los operadores de Washington pretendieron ubicarnos al lado de los contrarios a la Unión Americana de acuerdo a la prepotente tesis del huésped de la Casa Blanca: quien no apoyaba a los Estados Unidos –esto es, sin definirse a favor de la guerra-, cruzaba la raya para ser observado, y tratado, como enemigo no sólo de la potencia incontestable sino de la “democracia” y la “libertad” –vistos estos conceptos de acuerdo a la parcial y arcaica visión de los norteamericanos-.
Los Fox, por tanto, debieron realizar esfuerzos extremos para, primero, acudir en busca de encuentros fortuitos con el insondable Bush junior, y después mostrar no sólo comedimiento sino una postura incondicional respecto a las decisiones tomadas en la oficina oval. El “semblanteo”, con sonrisas hipócritas de por medio, duró hasta el final de la administración federal precedente mientras, en el mismo lapso, surgían voces exigiendo nuevas medidas “preventivas”, como la pretendida edificación del muro de la ignominia a lo largo de la frontera y la aparición, “legalizada”, de los cazadores de seres humanos. Y todo ello fue visto de soslayo por un régimen torpe, sin visión y sin sustentos. ¿Tampoco por esto pediremos cuentas a los intocables habitantes principales de San Cristóbal?
Por supuesto, la “bola de nieve” creció hasta convertirse en un alud de inimaginables consecuencias. En la pasividad y negligencia de los responsables de nuestra política exterior, se origina la represiva ley, llamada Arizona, destinada a perseguir a los “ilegales”, cuyos empeños sirven a los agricultores del sur estadounidense para asegurarse mayores dividendos por los ahorros sustantivos que les llegan por contratar mano de obra “clandestina” –la doble moral está a la vista, de manera incontrovertible-, considerando un delito la mera inmigración sin papeles, y ampliando sospechas contra cuantos, por origen o perfil, pudieran serlo. Esto es: la policía podrá proceder, para interrogar supuestamente si bien con las consiguientes humillaciones, contra quienes parezcan mexicanos, sólo eso, aunque no hayan cometido infracción o ilícito alguno. Así procedían las fuerzas represivas de Hitler y Mussolini.
La reacción contra el gobierno de Arizona comenzó, curiosamente, dentro de los Estados Unidos. Desde allí se manifestó el repudio de algunos dirigentes, incluyendo el presidente Obama, contra una ley considerada violenta y, por ende, inaceptable. Y desde algunos otros estados se proyectó la idea de boicotear las mercancías procedentes de Arizona y cancelar el comercio hacia allá. Fue entonces cuando el singular gobierno mexicano entendió que no podía evadirse del tema y extendió una especie de advertencia a los mexicanos que pretendieran viajar hacia la zona de peligro. Digo, en tono similar a las descalificaciones emitidas desde los Estados Unidos hacia varias entidades de nuestro país en las que la violencia se ha agudizado aun cuando, por cierto, las mediciones de la misma van a la par con otras intenciones de carácter político. (No se entiende, por ejemplo, que Coahuila se ubique por encima de Nuevo León y Tamaulipas en el renglón de las vendettas).
Por supuesto, nadie niega los acentos xenófobos que debieran ser inadmisibles en la perspectiva actual si bien siguen pesando, y mucho, entre las sociedades exaltadas por cuenta de las campañas mediáticas. Y desde septiembre de 2001, sin duda, el campo estadounidense ha sido fértil para sembrar nacionalismos desfogados a costa de reconstruir las antiguas fobias racistas. Quizá por ello la “Ley Arizona” ha estimulado a los extremistas que creen tener derecho a tratar a los demás como animales.
Debate
Hay quienes han supuesto que la afrenta recibida permite a Felipe Calderón contar con un buen oxígeno para intentar revertir las tendencias comiciales a lo largo de esta complejo 2010 visto como la antesala para la carrera sucesoria aun cuando ésta, de hecho, ya está bastante avanzada. Como nunca.
El sofisma surge por cuanto el señor Calderón, aprovechando su reciente periplo por Europa, optó por endurecer el tono, al amparo de lo que ya había hecho Obama, y mostrarse como defensor de los mexicanos en cauce de ser sojuzgados y ofendidos. No hay tortura mayor que la laceración de la dignidad y de la honra bajo la fuerza bruta de la sinrazón. Y es esto, precisamente, lo que está provocándose en la nación norteña donde tanto se presume de ser reducto de libertades. ¿Lo es realmente o más bien se evidencia, a cada rato, la tendencia a robatizar a una comunidad a golpes de propaganda inducida por las cúpulas?
Calderón, como siempre, actuó tardíamente aun cuando mostrara cierta energía cuando midió que no podía quedarse a la zaga de Washington. Por desgracia, bajo su administración cuestionada, no se ha honrado la paridad en ninguno de las controversias internacionales que han derivado de las decisiones unilaterales de otros gobiernos. Por ejemplo, ¿se procedió en la misma línea cuando el gobierno canadiense exigió visas a los mexicanos sin siquiera anunciarlo previamente? ¿O más bien se dejó pasar la inamistosa actitud midiendo las desproporciones, comerciales y financieras, entre los dos países? No hubo decoro sino impudicia, en plena degradación de nuestra ya deteriorada soberanía.
Ya va siendo costumbre, por tanto, que se ponga en jaque a los mexicanos por la ausencia de un gobierno capaz de responderles. Cuando se viaja al exterior se percibe la tremenda diferencia entre quienes se saben seguros por cuanto significa el apoyo de sus diplomáticos y cuantos, como los mexicanos, nos colocamos en estado de indefensión con elevados riesgos. Las historias al respecto –y este columnista conoce decenas de ellas-, son suficientes para extender el repudio general hacia la negligencia incalificable de nuestra clase política extendida hacia la diplomacia por marginación de cuantos, por carrera, debieran ocupar embajadas y consulados.
Nuestra política, también la exterior, se ha cubierto de mediocres, muchos de ellos sin la menor cultura histórica. Y esto pesa una barbaridad a la hora de enfrentar las pugnas inevitables, sobre todo porque las andanadas desde el exterior son provocadas por elementos mucho mejor pertrechados en materia política y financiera. Y, para colmo, a Calderón ya le han tomado la medida.
El Reto
En Arizona han llegado a quejarse sobre las presuntas violaciones a su territorio por parte de efectivos militares mexicanos quienes, de acuerdo a esta versión, protegen cargamentos de drogas y a los respectivos cárteles. Como respuesta, más bien oficiosa, se insiste en que tal es imposible por una razón: los vecinos están infinitamente mejor pertrechados y cuentan con sofisticados detectores para localizar y perseguir a cualquier intruso... aun cuando, pese a ello, miles de indocumentados cruzan el Bravo y las mojoneras.
Con la arcaica y tendenciosa visión de los vecinos, no dudamos que los “minuteman” reclamen su derecho a cazar mexicanos, persiguiéndolos hasta más allá de los límites fronterizos cobrándose así por las supuestas “invasiones” militares. Falta, sí, que la gobernadora tuerta se anime a seguir exaltándose a costa de extender la xenofobia justificando cuanto se haga contra los que llegan del sur al suelo de la falsa libertad.
Quizá esta sea la razón de fondo para descalificar la presencia castrense en las ciudades mexicanas a lo largo de la frontera más transitada en el mundo. Y sólo estamos ciertos de una cosa: nuestro gobierno, seguramente, ni siquiera se ha enterado.
La Anécdota
Es día de la madre. Y los políticos también festejan, faltaba más.
Va de cuento. Durante una de las recurrentes campañas por una entidad ribereña, uno de los postulantes fue severamente incordiado por los grupos antagónicos. En el momento climático, el personaje envió, para que protegieran a su progenitora de baja estatura, a un abigarrado grupo de gendarmes. El auditorio, por supuesto, descubrió a la señora y la silbatina creció cuando un atrevido espetó:
--Fulanito... ¡no tienes madre!
El aludido entonces envió por la señora y le pidió que subiera al templete. Ya instalada allí la dama, el candidato siguió con un referente inapelable, como respuesta:
--¿Qué no tengo madre? Pues miren ustedes: sí tengo... pero muy poca.
La ironía y la sonrisa son también regalos para quienes celebran este día. Felicidades a todas.
E-MAIL: rafloret@hotmail.com
viernes, 7 de mayo de 2010
MEMORIES OF THE PAST
It was 1982, and in Guanajuato, the hegemonic PRI began to falling off a cliff pushed by the inexcusable negligence of a "little governor, Enrique Velasco Ibarra. In the combative Journal of Irapuato, which I am proud of having led since converged to the formation of a new generation of professional journalists with a different mentality, the chief editor, Mario Barajas Perez, I made a substantive approach:
"Hey, would it not be better than our front page was more balanced? Some advertisers complain that they only see negative angles. Maybe we could make an effort to rescue the good. What do you think?
"Sounds great. What we as the primary tomorrow? Ah, yes The increasing desertification indices where previously planted strawberry-symbol of that region-watered, to top it with sewage. Pretty bad, right? But there will be something positive. Tell me.
"Well, the City reports that trees planted on the ridges of the avenue through which will pass tomorrow, the governor. It is the strongest note. Does the first place?
And so every day. The dilemma, in a context of severe social and economic inequalities, hung over a sharp blow of conscience:that is, we must decide whether the facts and suavizábamos critical readers will not cause the ensuing unrest, considering that our only duty was to exalt the routine to give the impression that the government met and thereby, the company could not sleep quiet.But at the same time, it would be to give in to political power whose discomfort was reflected in the decline of institutional advertising and even the business under pressure from the Government Palace.
We chose to stay in our trench and the costs were appalling: Velasco Ibarra-board order ended largely under the noise of the signs of the Journal, "and we lost, undercapitalized, the newspaper.We closed the doors, I remember, none of whom were my colleagues oppose the least requirement, each one, and I'll never forget, I repeat, "encouraged me not to give, to find different spaces and continue to denounce. One of them told me:
"Our greatest victory is precisely that we have been driven into bankruptcy. This reflects that our criticisms, for certain, impacted in the official organs.
I gave him the reason and a hug.Weeks ago, in the struggle, who served as coordinator of government press, Manuel Villa Aguilera, phoned me to give me "good news":
- We will send the registration list boxes for the publication-that was his obligation since, by law, be disseminated to these sites through major newspapers in every square, and in our case was fully accredited as position. All I ask in return, a small consideration.
- What, sir Villa?
- That, from today, we send your editorial on the eve of his appearance. So we will honor our decision to cooperate more closely.
- I suggest something, I said: that right now you are the director of the Journal. So you even have the privilege of using the forums ... honoring its particular sense of freedom of expression.
Of course, there was no treatment and pay the consequences.(By the way this episode has been recalled on the occasion of the recent death of Velasco Ibarra, for his part, Villa Aguilera was concentrated in the center of the country, reaching, beneficial predators of their duties, ownership of the Federal Radio and Television ample time. They say that the system always rewards the oppressors).
Parallels.I learn, with growing concern the so-called "president" Felipe Calderon said, out loud, what is your dream in relation to information management:
- I dream of seeing, reading and listening in a medium that there are two sides of the page (sic). In a ... they are the facts or the bad news and on the other side, the good news. You know a balance.
The way for Calderon is open:has no more to invest, as principal shareholder in a new journal intended to displace the journalists, especially those of race, increasingly harassed.Thus, acting director-we be rid of a bad executive in the political sphere, not in the newspaper, "would occasion, for example, to exalt his speeches placing appellants on page sixteen, where he found a stimulating picture said, "the information about the release from prison of two Indians, after nearly four years of confinement, victims of injustice, the unprecedented arrogance of the Attorney General and the astonishing neglect of the Presidency dand the Republic.
And it would, of course, very happy ... dreaming, free of nightmares.
Debate
Pure justice. Onesimo Cepeda Silva, Bishop of Ecatepec, alleged fraud by simulating a "loan" for 130 million pesos for Olga Azcarraga, as if this lady, who died months after the operation, he needed-based judicial loophole its many relationships with political control and until now has been largely protected.In another scenario, were released at last Otomi Alberta ladies and Teresa González Alcántara, after being held since August 2006, this is just a month after the consummation of the electoral travesty that year-on charges for allegedly kidnapping six AFI agents without, at any time, could prove his responsibility. Does not even deserve an apology from the authorities of Queretaro where he rigged channel to the process.
Mr. Onesimus - "a poor rich man to enter Bishop" by his own definition, "argues, in his defense," victim "of an orchestrated campaign against the Jewish community-perhaps universal, always identified by the Catholic hierarchy as the instigators of cause disrepute to them. And extended sentences, as if it were excommunications against all those insisting on the imperative to administer justice freed from the plain old prejudices and atavism.No answer, it hides behind his robes ... and the mysteries of faith.
In the case of indigenous insulted, without doubt, the newspaper remarks were key to not leave them in legal distress, given the scale of the slogans and the need to exacerbate the warning to the helpless in order to silence as flawed know the interrelationships between gangsters and officials obviously shielded.
Which of these two notes should be given priority as part of the "good"? Does a premature declaration of sainthood for the Bishop of Carlos Slim, before being anointed, Cepeda was Inbursa adviser, "so they go up to the altar as a financial patron of impunity?This also would work for Mr. Calderón, so slaughtered, could accomplish his dream, like the vision of a Mexico without violence and unemployment that would be sensed bequests to their children at a key time for promoting proselytizing. (Read "The Disobedient Son," Santillana, 2006, written by Felipe Calderón).
Exaltation as it merely confirm what is the dominant trend in a stunted right government that does not learn:demagoguery and it alone. Or will we have to explain what is the sustenance of the political duel between optimists, pessimists, messianic, continuity and amafiados? What side is the "good", blessed by the official spokesmen immovable?
The Challenge
Some time ago, say from the consummation of unpunished crimes against journalists during the disastrous administration of Miguel de la Madrid -1982 to 88 -, and its executive arm, Manuel Bartlett, currently climbing the left temple of memory, this columnist lost faith in justice. I know you read terrible, and it is.
Under these conditions, under the scourge of political impudence allowed the cartels and kingpins facing of the pyramid of government power, there is no higher priority than building a judicial system that will translate into a rule of law, overcome inertia, injustices and simulations .First this, then politics, with the agreement of those who say monitor, from the Chambers, the country's interests and are unable to agree unless the proselytizing ambitions come and converge to alliances of the absurd.
Even that proposed by Mr. Calderón to deserve some space within the good course without request with empty hands.Remember several months ago-five, to be exact, passed the zenith of its disputed mandate.
The Trivia
It was 1986, the year specified by the "boom" of drug trafficking and the persecution of critics silenced dozens of them at close range.In the Southern Prison in Mexico City, the engineer Jorge Diaz Serrano, a victim of political vendetta under the auspices higher awaited a ruling that never gave up his imprisonment years later.
That's when the defending former director of PEMEX, the attorney Enrique Mendoza, issued a chilling assertion:
- The fiercest fighting in Mexico is to avoid falling into the jail while being innocent.Against the slogans, rarely have any chance.
Well know specialists in criminal matters and the dozens of victims of a system that chooses to keep in prison two Indians, were three for almost four years so as not to budge. Brutal paradox of this.
E-mail: rafloret@hotmail.com
"Hey, would it not be better than our front page was more balanced? Some advertisers complain that they only see negative angles. Maybe we could make an effort to rescue the good. What do you think?
"Sounds great. What we as the primary tomorrow? Ah, yes The increasing desertification indices where previously planted strawberry-symbol of that region-watered, to top it with sewage. Pretty bad, right? But there will be something positive. Tell me.
"Well, the City reports that trees planted on the ridges of the avenue through which will pass tomorrow, the governor. It is the strongest note. Does the first place?
And so every day. The dilemma, in a context of severe social and economic inequalities, hung over a sharp blow of conscience:that is, we must decide whether the facts and suavizábamos critical readers will not cause the ensuing unrest, considering that our only duty was to exalt the routine to give the impression that the government met and thereby, the company could not sleep quiet.But at the same time, it would be to give in to political power whose discomfort was reflected in the decline of institutional advertising and even the business under pressure from the Government Palace.
We chose to stay in our trench and the costs were appalling: Velasco Ibarra-board order ended largely under the noise of the signs of the Journal, "and we lost, undercapitalized, the newspaper.We closed the doors, I remember, none of whom were my colleagues oppose the least requirement, each one, and I'll never forget, I repeat, "encouraged me not to give, to find different spaces and continue to denounce. One of them told me:
"Our greatest victory is precisely that we have been driven into bankruptcy. This reflects that our criticisms, for certain, impacted in the official organs.
I gave him the reason and a hug.Weeks ago, in the struggle, who served as coordinator of government press, Manuel Villa Aguilera, phoned me to give me "good news":
- We will send the registration list boxes for the publication-that was his obligation since, by law, be disseminated to these sites through major newspapers in every square, and in our case was fully accredited as position. All I ask in return, a small consideration.
- What, sir Villa?
- That, from today, we send your editorial on the eve of his appearance. So we will honor our decision to cooperate more closely.
- I suggest something, I said: that right now you are the director of the Journal. So you even have the privilege of using the forums ... honoring its particular sense of freedom of expression.
Of course, there was no treatment and pay the consequences.(By the way this episode has been recalled on the occasion of the recent death of Velasco Ibarra, for his part, Villa Aguilera was concentrated in the center of the country, reaching, beneficial predators of their duties, ownership of the Federal Radio and Television ample time. They say that the system always rewards the oppressors).
Parallels.I learn, with growing concern the so-called "president" Felipe Calderon said, out loud, what is your dream in relation to information management:
- I dream of seeing, reading and listening in a medium that there are two sides of the page (sic). In a ... they are the facts or the bad news and on the other side, the good news. You know a balance.
The way for Calderon is open:has no more to invest, as principal shareholder in a new journal intended to displace the journalists, especially those of race, increasingly harassed.Thus, acting director-we be rid of a bad executive in the political sphere, not in the newspaper, "would occasion, for example, to exalt his speeches placing appellants on page sixteen, where he found a stimulating picture said, "the information about the release from prison of two Indians, after nearly four years of confinement, victims of injustice, the unprecedented arrogance of the Attorney General and the astonishing neglect of the Presidency dand the Republic.
And it would, of course, very happy ... dreaming, free of nightmares.
Debate
Pure justice. Onesimo Cepeda Silva, Bishop of Ecatepec, alleged fraud by simulating a "loan" for 130 million pesos for Olga Azcarraga, as if this lady, who died months after the operation, he needed-based judicial loophole its many relationships with political control and until now has been largely protected.In another scenario, were released at last Otomi Alberta ladies and Teresa González Alcántara, after being held since August 2006, this is just a month after the consummation of the electoral travesty that year-on charges for allegedly kidnapping six AFI agents without, at any time, could prove his responsibility. Does not even deserve an apology from the authorities of Queretaro where he rigged channel to the process.
Mr. Onesimus - "a poor rich man to enter Bishop" by his own definition, "argues, in his defense," victim "of an orchestrated campaign against the Jewish community-perhaps universal, always identified by the Catholic hierarchy as the instigators of cause disrepute to them. And extended sentences, as if it were excommunications against all those insisting on the imperative to administer justice freed from the plain old prejudices and atavism.No answer, it hides behind his robes ... and the mysteries of faith.
In the case of indigenous insulted, without doubt, the newspaper remarks were key to not leave them in legal distress, given the scale of the slogans and the need to exacerbate the warning to the helpless in order to silence as flawed know the interrelationships between gangsters and officials obviously shielded.
Which of these two notes should be given priority as part of the "good"? Does a premature declaration of sainthood for the Bishop of Carlos Slim, before being anointed, Cepeda was Inbursa adviser, "so they go up to the altar as a financial patron of impunity?This also would work for Mr. Calderón, so slaughtered, could accomplish his dream, like the vision of a Mexico without violence and unemployment that would be sensed bequests to their children at a key time for promoting proselytizing. (Read "The Disobedient Son," Santillana, 2006, written by Felipe Calderón).
Exaltation as it merely confirm what is the dominant trend in a stunted right government that does not learn:demagoguery and it alone. Or will we have to explain what is the sustenance of the political duel between optimists, pessimists, messianic, continuity and amafiados? What side is the "good", blessed by the official spokesmen immovable?
The Challenge
Some time ago, say from the consummation of unpunished crimes against journalists during the disastrous administration of Miguel de la Madrid -1982 to 88 -, and its executive arm, Manuel Bartlett, currently climbing the left temple of memory, this columnist lost faith in justice. I know you read terrible, and it is.
Under these conditions, under the scourge of political impudence allowed the cartels and kingpins facing of the pyramid of government power, there is no higher priority than building a judicial system that will translate into a rule of law, overcome inertia, injustices and simulations .First this, then politics, with the agreement of those who say monitor, from the Chambers, the country's interests and are unable to agree unless the proselytizing ambitions come and converge to alliances of the absurd.
Even that proposed by Mr. Calderón to deserve some space within the good course without request with empty hands.Remember several months ago-five, to be exact, passed the zenith of its disputed mandate.
The Trivia
It was 1986, the year specified by the "boom" of drug trafficking and the persecution of critics silenced dozens of them at close range.In the Southern Prison in Mexico City, the engineer Jorge Diaz Serrano, a victim of political vendetta under the auspices higher awaited a ruling that never gave up his imprisonment years later.
That's when the defending former director of PEMEX, the attorney Enrique Mendoza, issued a chilling assertion:
- The fiercest fighting in Mexico is to avoid falling into the jail while being innocent.Against the slogans, rarely have any chance.
Well know specialists in criminal matters and the dozens of victims of a system that chooses to keep in prison two Indians, were three for almost four years so as not to budge. Brutal paradox of this.
E-mail: rafloret@hotmail.com
COLUMNA DESAFIO
COLUMNA DESAFIO
POR RAFAEL LORET DE MOLA
Corría 1982 y, en Guanajuato, el priísmo hegemónico comenzaba a desbarrancarse empujado por la negligencia inexcusable de un “pequeño gobernador”, Enrique Velasco Ibarra. En el combativo Diario de Irapuato, que me enorgullezco de haber dirigido por cuanto confluyó a la formación de una nueva generación de periodistas con otra mentalidad profesional, el jefe de Redacción, Mario Barajas Pérez, me hizo un planteamiento de fondo:
-Oiga, ¿no sería mejor que nuestra primera plana fuera más equilibrada? Algunos anunciantes se quejan de que sólo observan ángulos negativos. Quizá podríamos hacer un esfuerzo para rescatar lo bueno. ¿Qué le parece?
-Suena muy bien. ¿Qué llevamos mañana como principal? ¡Ah, sí! Los índices sobre la creciente desertificación en donde antes se sembraba fresa –símbolo de aquella región-, regada, para colmo, con aguas negras. Bastante malo, ¿no? Pero algo positivo habrá. Dígame usted.
-Bueno, el Ayuntamiento informa que sembrará arbolitos en los camellones de la avenida por donde pasará, mañana, el señor gobernador. Es la nota más fuerte. ¿La colocamos en primera?
Y así, cada día. El dilema, en una perspectiva de severas desigualdades sociales y económicas, se cernía sobre un agudo golpe de conciencia: esto es, debíamos resolver si suavizábamos los hechos y las críticas para no causar en los lectores el consiguiente malestar, considerando que nuestro deber consistía en exaltar sólo lo rutinario para dar la impresión de que el gobierno cumplía y, por ende, la sociedad podía dormir tranquila. Pero, al mismo tiempo, ello sería tanto como claudicar ante el poder político cuya incomodidad se reflejaba en la disminución de la publicidad institucional e incluso la comercial bajo la presión del Palacio de Gobierno.
Optamos por permanecer en nuestra trinchera y los costos fueron terribles: Velasco Ibarra acabó solicitando licencia –en buena medida bajo el estruendo de los señalamientos del Diario-, y nosotros perdimos, descapitalizados, el periódico. Cerramos las puertas, lo recuerdo bien, sin que ninguno de quienes fueron mis colaboradores opusiera la menor exigencia; cada uno –y jamás lo olvidaré, reitero-, me animó a no ceder, a buscar espacios diversos y a seguir denunciando. Uno de ellos me dijo:
-Nuestra mejor victoria es, precisamente, que nos hayan conducido a la quiebra. Eso refleja que nuestras críticas, por ciertas, calaron en los órganos oficiales.
Le di la razón y un abrazo. Semanas atrás, en pleno forcejeo, quien fungía como coordinador de prensa gubernamental, Manuel Villa Aguilera, me telefoneó para darme “una buena nueva”:
--Les enviáremos la lista nominal de casillas para que la publiquen –tal era su obligación puesto que, por ley, debían difundirse los sitios de éstas a través de los periódicos de mayor circulación en cada plaza, y en nuestro caso estaba plenamente acreditada tal posición-. Sólo le pido, a cambio, una pequeña consideración.
--¿Cuál es, señor Villa?
--Que, desde hoy, nos envíe sus editoriales en la víspera de su aparición. Así honraremos nuestra decisión de cooperar más estrechamente.
--Le propongo algo –repliqué-: que desde ahora mismo sea usted el director del Diario. Así tendrá usted incluso el privilegio de utilizar los foros... honrando así su muy peculiar sentido de la libertad de expresión.
Por supuesto, no hubo trato y pagamos las consecuencias. (Por cierto este episodio ha sido recordado en ocasión del fallecimiento reciente de Velasco Ibarra; por su parte, Villa Aguilera se concentró en el centro del país y alcanzó, beneficiario de sus tareas predadoras, la titularidad de la dirección federal de Radio y Televisión por un amplio lapso. Dicen que el sistema siempre premia a los represores).
Paralelismos. Me entero, con creciente preocupación, que el llamado “primer mandatario”, Felipe Calderón, expresó, de viva voz, cuál es su sueño en relación con el manejo informativo:
--Sueño con ver, leer y escuchar en un medio que hay dos partes de la página (sic). En una... que estén los hechos o las noticias malas; y en el otro lado, las noticias buenas. Ya sabrá uno ponderar.
El camino para Calderón está abierto: no tiene más que invertir, como accionista principal, en un nuevo periódico destinado a desplazar a los periodistas, sobre todo los de estirpe, cada vez más acosados. Así, en calidad de director –nos libraríamos de un mal Ejecutivo en la esfera política, no así en la periodística-, tendría ocasión, por ejemplo, de exaltar sus discursos recurrentes colocando, en la página dieciséis –en donde él encontró una foto estimulante según dijo-, la información acerca de la salida de prisión de dos indígenas, tras casi cuatro años de confinamiento, víctimas de la injusticia, la inaudita prepotencia de la Procuraduría General y la negligencia pasmosa de la Presidencia de la República.
Y estaría, por supuesto, muy feliz... soñando, libre de pesadillas.
Debate
Pura justicia. Onésimo Cepeda Silva, Obispo de Ecatepec, denunciado por fraude al simular un “préstamo” por 130 millones de pesos a favor de Olga Azcárraga –como si esta dama, fallecida meses después de la operación, los hubiese necesitado-, basa la escapatoria judicial en sus múltiples relaciones con los mandos políticos y hasta hoy ha sido ampliamente protegido. En otro escenario, fueron liberadas, al fin, las damas otomíes Alberta Alcántara y Teresa González, tras permanecer recluidas desde agosto de 2006 –esto es apenas un mes después de consumada la parodia comicial del mismo año-, acusadas supuestamente por el secuestro de seis agentes de la AFI sin que, en ningún momento, se pudiera probar su responsabilidad al respecto. Ni siquiera merecieron una disculpa por parte de las autoridades de Querétaro en donde se dio cauce a los amañados procesos.
El señor Onésimo –“un Obispo rico entre pobres” según su propia definición- alega, en su descargo, ser “víctima” de una orquestada campaña en su contra –acaso por la judería universal, siempre señalada por las jerarquías católicas como instigadoras de cuanto cause desprestigio a éstas-. Y extiende condenas, como si se tratara de excomuniones, contra cuantos insistan en el imperativo de administrar justicia llana liberada de los viejos prejuicios y atavismos. No responde, se escuda detrás de sus sotanas... y de los misterios de la fe.
En el caso de las indígenas afrentadas, sin duda, los señalamientos periodísticos fueron claves para no dejarlas en desamparo jurídico, habida cuenta la dimensión de las consignas y la necesidad de exacerbar los escarmientos hacia los indefensos para que callen cuanto saben de las interrelaciones viciadas entre mafiosos y funcionarios, obviamente escudados.
¿Cuál de estas dos notas debe privilegiarse como parte de lo “bueno”?¿Acaso una prematura declaración de santidad a favor del Obispo de Carlos Slim –antes de ser ungido, Cepeda fue consejero de Inbursa-, para que así subiera a los altares como santo patrono de los financieros impunes? Con ello, además, colaboraríamos para que el señor Calderón, tan sacrificado, pudiera consumar su sueño, lo mismo que la visión de un México sin violencia y sin desempleo que intuyó serían legados para sus hijos en la hora clave de la promoción proselitista. (Léase “El Hijo Desobediente”, Santillana, 2006, cuyo autor es Felipe Calderón).
Exaltaciones como ésta no hacen sino confirmar cuál es la tendencia dominante en el gobierno atrofiado de una derecha que no aprende: la demagogia y sólo ésta. ¿O tendremos que explicar cuál es el sustento del duelo político entre optimistas, pesimistas, mesiánicos, continuistas y amafiados?¿En qué bando está lo “bueno”, bendecido por los inamovibles voceros de la oficialidad?
El Reto
Hace tiempo, digamos desde la consumación de los crímenes impunes contra periodistas durante la administración nefasta de Miguel de la Madrid -1982-88-, y de su brazo ejecutor, Manuel Bartlett, actualmente trepado al templete de una izquierda sin memoria, este columnista perdió la fe en la justicia. Ya sé que se lee terrible, y lo es.
En estas condiciones, bajo el flagelo de la impudicia política que posibilitó el encaramiento de cárteles y capos a la pirámide del poder gubernamental, no existe prioridad mayor que construir un sistema judicial que se traduzca en un Estado de Derecho, vencidas inercias, injusticias y simulaciones. Primero esto, luego la política, con el acuerdo de quienes dicen vigilar, desde las Cámaras, los intereses del país y no son capaces de ponerse de acuerdo salvo cuando las ambiciones proselitistas llegan y confluyen hacia las alianzas del absurdo.
Siquiera eso que proponga el señor Calderón para merecer algún espacio, dentro de lo bueno naturalmente, sin necesidad de exigirlo con las manos vacías. Recuerde que hace ya varios meses –cinco, para ser exactos-, pasó el cenit de su cuestionado mandato.
La Anécdota
Corría 1986, el año señalado por el “boom” del narcotráfico y de la persecución contra los críticos, decenas de ellos silenciados a mansalva. En el Reclusorio Sur de la ciudad de México, el ingeniero Jorge Díaz Serrano, víctima de la vendetta política con los auspicios superiores, aguardaba una sentencia que jamás se pronunció hasta su encarcelamiento años después.
Fue entonces cuando el defensor del ex director de PEMEX, el abogado Enrique Mendoza, dictó un aserto escalofriante:
--La lucha más enconada en México es por evitar caer en la cárcel aun siendo inocente. Contra las consignas, rara vez se tiene alguna oportunidad.
Bien lo saben los especialistas en materia penal y las decenas de víctimas de un sistema que opta por mantener en prisión a dos indígenas, fueron tres, durante casi cuatro años con tal de no dar su brazo a torcer. Paradoja brutal del presente.
E-mail: rafloret@hotmail.com
POR RAFAEL LORET DE MOLA
Corría 1982 y, en Guanajuato, el priísmo hegemónico comenzaba a desbarrancarse empujado por la negligencia inexcusable de un “pequeño gobernador”, Enrique Velasco Ibarra. En el combativo Diario de Irapuato, que me enorgullezco de haber dirigido por cuanto confluyó a la formación de una nueva generación de periodistas con otra mentalidad profesional, el jefe de Redacción, Mario Barajas Pérez, me hizo un planteamiento de fondo:
-Oiga, ¿no sería mejor que nuestra primera plana fuera más equilibrada? Algunos anunciantes se quejan de que sólo observan ángulos negativos. Quizá podríamos hacer un esfuerzo para rescatar lo bueno. ¿Qué le parece?
-Suena muy bien. ¿Qué llevamos mañana como principal? ¡Ah, sí! Los índices sobre la creciente desertificación en donde antes se sembraba fresa –símbolo de aquella región-, regada, para colmo, con aguas negras. Bastante malo, ¿no? Pero algo positivo habrá. Dígame usted.
-Bueno, el Ayuntamiento informa que sembrará arbolitos en los camellones de la avenida por donde pasará, mañana, el señor gobernador. Es la nota más fuerte. ¿La colocamos en primera?
Y así, cada día. El dilema, en una perspectiva de severas desigualdades sociales y económicas, se cernía sobre un agudo golpe de conciencia: esto es, debíamos resolver si suavizábamos los hechos y las críticas para no causar en los lectores el consiguiente malestar, considerando que nuestro deber consistía en exaltar sólo lo rutinario para dar la impresión de que el gobierno cumplía y, por ende, la sociedad podía dormir tranquila. Pero, al mismo tiempo, ello sería tanto como claudicar ante el poder político cuya incomodidad se reflejaba en la disminución de la publicidad institucional e incluso la comercial bajo la presión del Palacio de Gobierno.
Optamos por permanecer en nuestra trinchera y los costos fueron terribles: Velasco Ibarra acabó solicitando licencia –en buena medida bajo el estruendo de los señalamientos del Diario-, y nosotros perdimos, descapitalizados, el periódico. Cerramos las puertas, lo recuerdo bien, sin que ninguno de quienes fueron mis colaboradores opusiera la menor exigencia; cada uno –y jamás lo olvidaré, reitero-, me animó a no ceder, a buscar espacios diversos y a seguir denunciando. Uno de ellos me dijo:
-Nuestra mejor victoria es, precisamente, que nos hayan conducido a la quiebra. Eso refleja que nuestras críticas, por ciertas, calaron en los órganos oficiales.
Le di la razón y un abrazo. Semanas atrás, en pleno forcejeo, quien fungía como coordinador de prensa gubernamental, Manuel Villa Aguilera, me telefoneó para darme “una buena nueva”:
--Les enviáremos la lista nominal de casillas para que la publiquen –tal era su obligación puesto que, por ley, debían difundirse los sitios de éstas a través de los periódicos de mayor circulación en cada plaza, y en nuestro caso estaba plenamente acreditada tal posición-. Sólo le pido, a cambio, una pequeña consideración.
--¿Cuál es, señor Villa?
--Que, desde hoy, nos envíe sus editoriales en la víspera de su aparición. Así honraremos nuestra decisión de cooperar más estrechamente.
--Le propongo algo –repliqué-: que desde ahora mismo sea usted el director del Diario. Así tendrá usted incluso el privilegio de utilizar los foros... honrando así su muy peculiar sentido de la libertad de expresión.
Por supuesto, no hubo trato y pagamos las consecuencias. (Por cierto este episodio ha sido recordado en ocasión del fallecimiento reciente de Velasco Ibarra; por su parte, Villa Aguilera se concentró en el centro del país y alcanzó, beneficiario de sus tareas predadoras, la titularidad de la dirección federal de Radio y Televisión por un amplio lapso. Dicen que el sistema siempre premia a los represores).
Paralelismos. Me entero, con creciente preocupación, que el llamado “primer mandatario”, Felipe Calderón, expresó, de viva voz, cuál es su sueño en relación con el manejo informativo:
--Sueño con ver, leer y escuchar en un medio que hay dos partes de la página (sic). En una... que estén los hechos o las noticias malas; y en el otro lado, las noticias buenas. Ya sabrá uno ponderar.
El camino para Calderón está abierto: no tiene más que invertir, como accionista principal, en un nuevo periódico destinado a desplazar a los periodistas, sobre todo los de estirpe, cada vez más acosados. Así, en calidad de director –nos libraríamos de un mal Ejecutivo en la esfera política, no así en la periodística-, tendría ocasión, por ejemplo, de exaltar sus discursos recurrentes colocando, en la página dieciséis –en donde él encontró una foto estimulante según dijo-, la información acerca de la salida de prisión de dos indígenas, tras casi cuatro años de confinamiento, víctimas de la injusticia, la inaudita prepotencia de la Procuraduría General y la negligencia pasmosa de la Presidencia de la República.
Y estaría, por supuesto, muy feliz... soñando, libre de pesadillas.
Debate
Pura justicia. Onésimo Cepeda Silva, Obispo de Ecatepec, denunciado por fraude al simular un “préstamo” por 130 millones de pesos a favor de Olga Azcárraga –como si esta dama, fallecida meses después de la operación, los hubiese necesitado-, basa la escapatoria judicial en sus múltiples relaciones con los mandos políticos y hasta hoy ha sido ampliamente protegido. En otro escenario, fueron liberadas, al fin, las damas otomíes Alberta Alcántara y Teresa González, tras permanecer recluidas desde agosto de 2006 –esto es apenas un mes después de consumada la parodia comicial del mismo año-, acusadas supuestamente por el secuestro de seis agentes de la AFI sin que, en ningún momento, se pudiera probar su responsabilidad al respecto. Ni siquiera merecieron una disculpa por parte de las autoridades de Querétaro en donde se dio cauce a los amañados procesos.
El señor Onésimo –“un Obispo rico entre pobres” según su propia definición- alega, en su descargo, ser “víctima” de una orquestada campaña en su contra –acaso por la judería universal, siempre señalada por las jerarquías católicas como instigadoras de cuanto cause desprestigio a éstas-. Y extiende condenas, como si se tratara de excomuniones, contra cuantos insistan en el imperativo de administrar justicia llana liberada de los viejos prejuicios y atavismos. No responde, se escuda detrás de sus sotanas... y de los misterios de la fe.
En el caso de las indígenas afrentadas, sin duda, los señalamientos periodísticos fueron claves para no dejarlas en desamparo jurídico, habida cuenta la dimensión de las consignas y la necesidad de exacerbar los escarmientos hacia los indefensos para que callen cuanto saben de las interrelaciones viciadas entre mafiosos y funcionarios, obviamente escudados.
¿Cuál de estas dos notas debe privilegiarse como parte de lo “bueno”?¿Acaso una prematura declaración de santidad a favor del Obispo de Carlos Slim –antes de ser ungido, Cepeda fue consejero de Inbursa-, para que así subiera a los altares como santo patrono de los financieros impunes? Con ello, además, colaboraríamos para que el señor Calderón, tan sacrificado, pudiera consumar su sueño, lo mismo que la visión de un México sin violencia y sin desempleo que intuyó serían legados para sus hijos en la hora clave de la promoción proselitista. (Léase “El Hijo Desobediente”, Santillana, 2006, cuyo autor es Felipe Calderón).
Exaltaciones como ésta no hacen sino confirmar cuál es la tendencia dominante en el gobierno atrofiado de una derecha que no aprende: la demagogia y sólo ésta. ¿O tendremos que explicar cuál es el sustento del duelo político entre optimistas, pesimistas, mesiánicos, continuistas y amafiados?¿En qué bando está lo “bueno”, bendecido por los inamovibles voceros de la oficialidad?
El Reto
Hace tiempo, digamos desde la consumación de los crímenes impunes contra periodistas durante la administración nefasta de Miguel de la Madrid -1982-88-, y de su brazo ejecutor, Manuel Bartlett, actualmente trepado al templete de una izquierda sin memoria, este columnista perdió la fe en la justicia. Ya sé que se lee terrible, y lo es.
En estas condiciones, bajo el flagelo de la impudicia política que posibilitó el encaramiento de cárteles y capos a la pirámide del poder gubernamental, no existe prioridad mayor que construir un sistema judicial que se traduzca en un Estado de Derecho, vencidas inercias, injusticias y simulaciones. Primero esto, luego la política, con el acuerdo de quienes dicen vigilar, desde las Cámaras, los intereses del país y no son capaces de ponerse de acuerdo salvo cuando las ambiciones proselitistas llegan y confluyen hacia las alianzas del absurdo.
Siquiera eso que proponga el señor Calderón para merecer algún espacio, dentro de lo bueno naturalmente, sin necesidad de exigirlo con las manos vacías. Recuerde que hace ya varios meses –cinco, para ser exactos-, pasó el cenit de su cuestionado mandato.
La Anécdota
Corría 1986, el año señalado por el “boom” del narcotráfico y de la persecución contra los críticos, decenas de ellos silenciados a mansalva. En el Reclusorio Sur de la ciudad de México, el ingeniero Jorge Díaz Serrano, víctima de la vendetta política con los auspicios superiores, aguardaba una sentencia que jamás se pronunció hasta su encarcelamiento años después.
Fue entonces cuando el defensor del ex director de PEMEX, el abogado Enrique Mendoza, dictó un aserto escalofriante:
--La lucha más enconada en México es por evitar caer en la cárcel aun siendo inocente. Contra las consignas, rara vez se tiene alguna oportunidad.
Bien lo saben los especialistas en materia penal y las decenas de víctimas de un sistema que opta por mantener en prisión a dos indígenas, fueron tres, durante casi cuatro años con tal de no dar su brazo a torcer. Paradoja brutal del presente.
E-mail: rafloret@hotmail.com
martes, 4 de mayo de 2010
PARIDAD INOPORTUNA
Desafío Publicación: MARTES 4 DE MAYO DE 2010
*Paridad Inoportuna
*Frontera Vulnerable
*Afrentas al Senado
Por Rafael Loret de Mola
- - - - - - - - - - - - - - - - -
William Clinton, el ex mandatario estadounidense que a punto estuvo de ser llevado a juicio por haber mentido sobre sus escarceos con la becaria Mónica Lewinsky –en México somos más finos: a las amantes presidenciales se les entrega alguna secretaría o la vocería de Los Pinos-, contratado para dictar conferencias en foros nacionales, aprovechó su periplo más reciente para insistir –ya antes, en la Casa Blanca, se había pronunciado por lo mismo- en el imperativo de enfrentar al flagelo del narcotráfico sin limitaciones conceptuales sobre la soberanía. Esto es, “uniendo” esfuerzos con los norteamericanos quienes, querámoslo o no, acabarían por tener el control.
Siguiendo esta línea, el poderoso señor, esposo todavía de la actual Secretaria de Estado, Hillary, ex aspirante presidencial, propuso legislar sobre las limitantes necesarias destinadas a inhibir la adquisición de “armas de asalto” en la franja fronteriza en donde el comercio de las mismas es próspero a través de más de mil armerías situadas en los lindes. El mercado, claro, está basado en los compradores del sur y, por ende, en el “boom” de los grupos delincuenciales pertrechados de manera por demás escandalosa.
Sobre el particular es de destacar que cuando el gobierno mexicano siente fuerte la presión de su poderoso vecino, por lo general recurre a la exaltada argucia de proponer que, en todo caso, los estadounidenses suelen ver paja en el ojo ajeno sin detenerse a analizar su tremenda negligencia ante los grandes padrinos de la droga con coberturas sobre la mayor potencia del orbe. Ni modo que al pasar la frontera los cargamentos de drogas se vuelvan ojos de hormiga para eludir las acciones de las autoridades norteamericanas, por lo general sólo atentas de cuanto ocurre hacia el sur del Bravo. Una vez pasadas las mojoneras, los cauces son otros y la actitud del gobierno de Washington también.
En línea paralela, la gobernadora de Arizona –su nombre lo omito para ahorrarme el indecoro de nombrarla-, con semejanza a la postura adoptada por su antecesora ahora parte del gabinete del presidente Obama, se animó a proponer una nueva ley para reducir a los mexicanos, a todos y no sólo a los indocumentados, a la calidad de delincuentes en potencia para que sean tratados como tal, en ayuno de derechos elementales, a la menor sospecha... digamos simplemente por su apariencia latina. Esto además, claro, de negarles cualquier tipo de servicios, incluyendo los de salud. Una aberración que contraría, sin duda, el sentido global de la modernidad política.
Fue en tiempos de la ex gobernadora de Arizona, Janet Napolitano, cuando aparecieron los célebres “minutemen”, civiles con derecho a usar armas para “defenderse” de los indocumentados hambrientos y hasta cazarlos impunemente, como respuesta contra los supuestos abusos cometidos por quienes, en busca de oportunidades laborales, cruzaban sus ranchos y jardines, delante de sus familias según explicaban para justificarse, con las consiguientes molestias por cuanto podrían darse ilícitos, es decir el robo de alimentos específicamente. La desproporción no puede ser mayor: la osadía de quienes se internaban hacia los Estados Unidos podría costar las muertes de los mismos sin que ello diera lugar a proceso alguno contra los asesinos quienes alegaban estar en derecho de proteger lo suyo. ¿Fascismo? El calificativo se queda corto.
Con tales antecedentes, al fin, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, con fama de bravucón porque ha desafiado de palabra a los “capos” en tono exaltado, optó por subrayar, una vez más, que no hay paridad alguna entre las presiones ejercidas contra el gobierno mexicano y cuanto hace el estadounidense para combatir, en suelo propio, a los narcotraficantes que no sólo circulan sin pasar por retén alguno sino, además, distribuyen sus mercancías en las grandes ciudades al amparo, repito, de padrinazgos por ahora inexpugnables. Esto es: como si el mal sólo se concentrara en México y no con relación al mayor mercado de consumo en el globo terráqueo. El fariseísmo notable de los poderosos no se sostiene bajo argumentación alguna.
Al mismo tiempo, la Secretaría de Relaciones Exteriores, siguiendo las pautas de su par norteamericana, extendió una advertencia a los viajeros mexicanos que pretendan dirigirse hacia Arizona en donde, sin más, pueden sufrir vejaciones por el solo hecho de ser lo que son por origen, idiosincrasia y perfiles. No me queda duda de lo razonable de tal postura ante el alud de humillaciones, del mismo talante, infringidas por los vecinos del norte hacia quienes, nosotros, jamás hemos representado un problema serio contra la seguridad de la Unión Americana. ¿Cómo podríamos hacerlo si contemplamos la disparidad extrema entre el poderío anglosajón y la vulnerabilidad de nuestra precaria soberanía?
La cuestión de fondo no es esta, por tanto. Más bien tiene que ver con la oportunidad del pronunciamiento en momentos complejos, esto es cuando el narcotráfico parece haberle ganado el pulso a la estructura gubernamental mexicana, acotada por temor y por la eficaz infiltración de los mandos castrenses, judiciales y policíacos por parte de las mafias organizadas.
Debate
En 2003, la administración Fox se vio envuelta en un dilema: la delegación mexicana en la ONU fue designada para presidir el Consejo de Seguridad al tiempo que los vientos bélicos se agitaban desde la Casa Blanca, bajo el dominio de los Bush, hacia el Oriente Medio. Con apego a la impecable Doctrina Estrada, sustento de la autodeterminación de los pueblos y la consiguiente no intervención, nuestros representantes, en gesto de dignidad indiscutible, no sólo se desistieron de apoyar la invasión a Irak sino incluso negaron legitimidad a la misma en línea semejante a lo expresado por los mandatarios de otras naciones, por ejemplo Francia, consideradas aliadas de los Estados Unidos.
La reacción del bárbaro Bush junior fue altisonante. Y su pronunciamiento rayó en lo esquizofrénico al asumir, textualmente, que quienes no eran amigos de los Estados Unidos eran sus enemigos. Esto es: cuantos no avalaran las decisiones unilaterales de Washington tendrían que ser observados como elementos afines a los talibanes de Afganistán o al dictador Hussein de Irak. Una brutal desproporción que, por cierto, no fue aplicada con la misma tendencia amenazante hacia la poderosa Francia que mantiene una notoria influencia sobre la Unión Europea. Al exabrupto se sumó, de inmediato, el entonces embajador estadounidense en México, Tony Garza, quien no cesó de guerrear verbalmente sin siquiera haber sido declarado “persona non grata” como debió hacerse por su talante ofensivo y evidentemente rijozo.
Este columnista, pese a su condición crítica ante los Fox –sobre todo por cuanto significaba el ilegal matriarcado impuesto y la notoria ausencia de carácter del mandatario en funciones por esos días-, reconoció la coherencia con respecto a la política exterior de nuestro país vulnerada, sobre todo desde el malhadado sexenio de Miguel de la Madrid -1982-88-, por la creciente sumisión de los mandos mexicanos. Y, sin embargo, aquel gesto, basado en la proverbial grandeza diplomática de quienes otrora opusieron la razón a los muros de la fuerza y la xenofobia, tuvo elevados costos.
Los dirigentes empresariales arguyeron, en aquel entorno descompuesto, que nuestro gobierno había exagerado al poner en predicamento notorio la estabilidad financiera del país dependiente, en gran medida, de las “bondades” de Wall Street, el FMI y, por supuesto, la oficina aval de la avenida Pensilvania. Y aunque tal expresión sonara injustificada de cara a nuestra historia, no se equivocaron: desde ese momento, Fox y su corte fueron marginados y este presidente debió sufrir un calvario, en busca de un perdón soterrado, semblanteando al junior texano hasta niveles de impudicia inauditos.
El Reto
Por cierto, los cazadores integrados a la Border Patrol estadounidense, extendieron la idea de que, con frecuencia, efectivos castrenses mexicanos “invadían” el territorio norteamericano para “proteger” los cargamentos infectados con las drogas del sur del continente. Al respecto, como expuse en “Ciudad Juárez” –Océano, 2005-, el alto mando respondió, si bien de manera por demás discreta, que tal no podía ser más que un infundio considerando la enorme infraestructura de los vecinos para detectar, mediante radares sofisticados y toda suerte de mecanismos, a indocumentados y traficantes.
¿Quién tenía razón? Juzguen los lectores. Pero ello no es óbice para insistir, una vez más, en las desproporciones de los vecinos. Recuérdese la invasión a Veracruz en tiempos de Carranza por efecto de una borrachera de los marines y la negativa de nuestro gobierno, supuestamente para compensar a los “afrentados” hijos del tío Sam aprehendidos por breve lapso, a rendir honores a la bandera de las barras y estrellas en ofensivo planteamiento contra nuestra dignidad nacional.
No siempre quien tiene la razón, por desgracia, gana las querellas internacionales. Y es éste, en momentos coyunturales como los que estamos pasando, el principal desafío.
La Anécdota
Corría el amanecer de 2005 en plena efervescencia futurista de la que formaba parte el senador Enrique Jackson Ramírez, en condición de presidente de la mesa directiva de la Cámara Alta. El entonces legislador, en funciones oficiales, viajó hacia los Estados Unidos, concretamente a California, y fue maltratado por los aduaneros aeroportuarios. No sólo lo aislaron sino que le obligaron a desnudarse, pese haberse identificado, sin el menor decoro a su condición.
Aquel incidente, sin embargo, no tuvo eco alguno por decisión de Jackson quien, sintiéndose precandidato presidencial, estimó que un escándalo le colocaría en incómoda situación como negociador de privilegio ante los desbordados funcionarios de Washington.
México y su soberanía, al fin, podían esperar... tanto como para que las presiones crecieran de tono y forma hasta la ignominiosa e inequitativa perspectiva actual.
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BLOG: www.rafaelloretdemola.com
E-Mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
*Paridad Inoportuna
*Frontera Vulnerable
*Afrentas al Senado
Por Rafael Loret de Mola
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William Clinton, el ex mandatario estadounidense que a punto estuvo de ser llevado a juicio por haber mentido sobre sus escarceos con la becaria Mónica Lewinsky –en México somos más finos: a las amantes presidenciales se les entrega alguna secretaría o la vocería de Los Pinos-, contratado para dictar conferencias en foros nacionales, aprovechó su periplo más reciente para insistir –ya antes, en la Casa Blanca, se había pronunciado por lo mismo- en el imperativo de enfrentar al flagelo del narcotráfico sin limitaciones conceptuales sobre la soberanía. Esto es, “uniendo” esfuerzos con los norteamericanos quienes, querámoslo o no, acabarían por tener el control.
Siguiendo esta línea, el poderoso señor, esposo todavía de la actual Secretaria de Estado, Hillary, ex aspirante presidencial, propuso legislar sobre las limitantes necesarias destinadas a inhibir la adquisición de “armas de asalto” en la franja fronteriza en donde el comercio de las mismas es próspero a través de más de mil armerías situadas en los lindes. El mercado, claro, está basado en los compradores del sur y, por ende, en el “boom” de los grupos delincuenciales pertrechados de manera por demás escandalosa.
Sobre el particular es de destacar que cuando el gobierno mexicano siente fuerte la presión de su poderoso vecino, por lo general recurre a la exaltada argucia de proponer que, en todo caso, los estadounidenses suelen ver paja en el ojo ajeno sin detenerse a analizar su tremenda negligencia ante los grandes padrinos de la droga con coberturas sobre la mayor potencia del orbe. Ni modo que al pasar la frontera los cargamentos de drogas se vuelvan ojos de hormiga para eludir las acciones de las autoridades norteamericanas, por lo general sólo atentas de cuanto ocurre hacia el sur del Bravo. Una vez pasadas las mojoneras, los cauces son otros y la actitud del gobierno de Washington también.
En línea paralela, la gobernadora de Arizona –su nombre lo omito para ahorrarme el indecoro de nombrarla-, con semejanza a la postura adoptada por su antecesora ahora parte del gabinete del presidente Obama, se animó a proponer una nueva ley para reducir a los mexicanos, a todos y no sólo a los indocumentados, a la calidad de delincuentes en potencia para que sean tratados como tal, en ayuno de derechos elementales, a la menor sospecha... digamos simplemente por su apariencia latina. Esto además, claro, de negarles cualquier tipo de servicios, incluyendo los de salud. Una aberración que contraría, sin duda, el sentido global de la modernidad política.
Fue en tiempos de la ex gobernadora de Arizona, Janet Napolitano, cuando aparecieron los célebres “minutemen”, civiles con derecho a usar armas para “defenderse” de los indocumentados hambrientos y hasta cazarlos impunemente, como respuesta contra los supuestos abusos cometidos por quienes, en busca de oportunidades laborales, cruzaban sus ranchos y jardines, delante de sus familias según explicaban para justificarse, con las consiguientes molestias por cuanto podrían darse ilícitos, es decir el robo de alimentos específicamente. La desproporción no puede ser mayor: la osadía de quienes se internaban hacia los Estados Unidos podría costar las muertes de los mismos sin que ello diera lugar a proceso alguno contra los asesinos quienes alegaban estar en derecho de proteger lo suyo. ¿Fascismo? El calificativo se queda corto.
Con tales antecedentes, al fin, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, con fama de bravucón porque ha desafiado de palabra a los “capos” en tono exaltado, optó por subrayar, una vez más, que no hay paridad alguna entre las presiones ejercidas contra el gobierno mexicano y cuanto hace el estadounidense para combatir, en suelo propio, a los narcotraficantes que no sólo circulan sin pasar por retén alguno sino, además, distribuyen sus mercancías en las grandes ciudades al amparo, repito, de padrinazgos por ahora inexpugnables. Esto es: como si el mal sólo se concentrara en México y no con relación al mayor mercado de consumo en el globo terráqueo. El fariseísmo notable de los poderosos no se sostiene bajo argumentación alguna.
Al mismo tiempo, la Secretaría de Relaciones Exteriores, siguiendo las pautas de su par norteamericana, extendió una advertencia a los viajeros mexicanos que pretendan dirigirse hacia Arizona en donde, sin más, pueden sufrir vejaciones por el solo hecho de ser lo que son por origen, idiosincrasia y perfiles. No me queda duda de lo razonable de tal postura ante el alud de humillaciones, del mismo talante, infringidas por los vecinos del norte hacia quienes, nosotros, jamás hemos representado un problema serio contra la seguridad de la Unión Americana. ¿Cómo podríamos hacerlo si contemplamos la disparidad extrema entre el poderío anglosajón y la vulnerabilidad de nuestra precaria soberanía?
La cuestión de fondo no es esta, por tanto. Más bien tiene que ver con la oportunidad del pronunciamiento en momentos complejos, esto es cuando el narcotráfico parece haberle ganado el pulso a la estructura gubernamental mexicana, acotada por temor y por la eficaz infiltración de los mandos castrenses, judiciales y policíacos por parte de las mafias organizadas.
Debate
En 2003, la administración Fox se vio envuelta en un dilema: la delegación mexicana en la ONU fue designada para presidir el Consejo de Seguridad al tiempo que los vientos bélicos se agitaban desde la Casa Blanca, bajo el dominio de los Bush, hacia el Oriente Medio. Con apego a la impecable Doctrina Estrada, sustento de la autodeterminación de los pueblos y la consiguiente no intervención, nuestros representantes, en gesto de dignidad indiscutible, no sólo se desistieron de apoyar la invasión a Irak sino incluso negaron legitimidad a la misma en línea semejante a lo expresado por los mandatarios de otras naciones, por ejemplo Francia, consideradas aliadas de los Estados Unidos.
La reacción del bárbaro Bush junior fue altisonante. Y su pronunciamiento rayó en lo esquizofrénico al asumir, textualmente, que quienes no eran amigos de los Estados Unidos eran sus enemigos. Esto es: cuantos no avalaran las decisiones unilaterales de Washington tendrían que ser observados como elementos afines a los talibanes de Afganistán o al dictador Hussein de Irak. Una brutal desproporción que, por cierto, no fue aplicada con la misma tendencia amenazante hacia la poderosa Francia que mantiene una notoria influencia sobre la Unión Europea. Al exabrupto se sumó, de inmediato, el entonces embajador estadounidense en México, Tony Garza, quien no cesó de guerrear verbalmente sin siquiera haber sido declarado “persona non grata” como debió hacerse por su talante ofensivo y evidentemente rijozo.
Este columnista, pese a su condición crítica ante los Fox –sobre todo por cuanto significaba el ilegal matriarcado impuesto y la notoria ausencia de carácter del mandatario en funciones por esos días-, reconoció la coherencia con respecto a la política exterior de nuestro país vulnerada, sobre todo desde el malhadado sexenio de Miguel de la Madrid -1982-88-, por la creciente sumisión de los mandos mexicanos. Y, sin embargo, aquel gesto, basado en la proverbial grandeza diplomática de quienes otrora opusieron la razón a los muros de la fuerza y la xenofobia, tuvo elevados costos.
Los dirigentes empresariales arguyeron, en aquel entorno descompuesto, que nuestro gobierno había exagerado al poner en predicamento notorio la estabilidad financiera del país dependiente, en gran medida, de las “bondades” de Wall Street, el FMI y, por supuesto, la oficina aval de la avenida Pensilvania. Y aunque tal expresión sonara injustificada de cara a nuestra historia, no se equivocaron: desde ese momento, Fox y su corte fueron marginados y este presidente debió sufrir un calvario, en busca de un perdón soterrado, semblanteando al junior texano hasta niveles de impudicia inauditos.
El Reto
Por cierto, los cazadores integrados a la Border Patrol estadounidense, extendieron la idea de que, con frecuencia, efectivos castrenses mexicanos “invadían” el territorio norteamericano para “proteger” los cargamentos infectados con las drogas del sur del continente. Al respecto, como expuse en “Ciudad Juárez” –Océano, 2005-, el alto mando respondió, si bien de manera por demás discreta, que tal no podía ser más que un infundio considerando la enorme infraestructura de los vecinos para detectar, mediante radares sofisticados y toda suerte de mecanismos, a indocumentados y traficantes.
¿Quién tenía razón? Juzguen los lectores. Pero ello no es óbice para insistir, una vez más, en las desproporciones de los vecinos. Recuérdese la invasión a Veracruz en tiempos de Carranza por efecto de una borrachera de los marines y la negativa de nuestro gobierno, supuestamente para compensar a los “afrentados” hijos del tío Sam aprehendidos por breve lapso, a rendir honores a la bandera de las barras y estrellas en ofensivo planteamiento contra nuestra dignidad nacional.
No siempre quien tiene la razón, por desgracia, gana las querellas internacionales. Y es éste, en momentos coyunturales como los que estamos pasando, el principal desafío.
La Anécdota
Corría el amanecer de 2005 en plena efervescencia futurista de la que formaba parte el senador Enrique Jackson Ramírez, en condición de presidente de la mesa directiva de la Cámara Alta. El entonces legislador, en funciones oficiales, viajó hacia los Estados Unidos, concretamente a California, y fue maltratado por los aduaneros aeroportuarios. No sólo lo aislaron sino que le obligaron a desnudarse, pese haberse identificado, sin el menor decoro a su condición.
Aquel incidente, sin embargo, no tuvo eco alguno por decisión de Jackson quien, sintiéndose precandidato presidencial, estimó que un escándalo le colocaría en incómoda situación como negociador de privilegio ante los desbordados funcionarios de Washington.
México y su soberanía, al fin, podían esperar... tanto como para que las presiones crecieran de tono y forma hasta la ignominiosa e inequitativa perspectiva actual.
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BLOG: www.rafaelloretdemola.com
E-Mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
lunes, 3 de mayo de 2010
CRÓNICA DE DOS DRAMAS
Desafío Publicación: LUNES 3 DE MAYO DE 2010
*Crónica de dos Dramas
*De Odios Irracionales
*El Tonto de Barcelona
Por Rafael Loret de Mola
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Sábado 24 de abril de 2010. Hace apenas nueve días. Y la memoria vuelve a agitarse con un permanente, punzante aguijón cronológico. Me sitúo, otra vez, en la Monumental de Aguascalientes, en el palco número dieciséis que mantiene, desde hace muchos años, el senador Felipe González. Gracias a su gentil invitación puedo estar aquí, libre de revendedores y de compromisos institucionales –sólo los del afecto-, en la hora precisa del drama. En el ruedo, el mejor de cuantos toreros he visto, José Tomás, desafía a la muerte a despecho de su propia inmolación. ¿Por qué lo hace?, pregunto. Y sólo obtengo como respuesta el encogimiento de hombros de quienes me escuchan. Absortos todos, nadie parece comprender.
Dos escenas quedan para siempre. Una, la del hombre vencedor sobre los amagos de la fiera, simbiosis magnífica de la creatividad y el arrojo que se imponen a la dureza de los desafíos naturales. No fue fácil “Vinatero”, de Pepe Garfias, que no cesó de medir al torero con la mirada torva de los emboscados; y, sin embargo, el magisterio del artista convirtió la lidia en magnífica representación del espíritu capaz de domeñar a los instintos, irracionales, del toro. Auténtica exposición de la verdad del toreo sobre las mezquindades hasta de quienes, desde el palco de la autoridad, pretenden ser protagonistas sin valor siquiera para el menor arrojo.
El segundo acto fue el horror. Porque también quienes se atreven sucumben a veces. Más allá del impacto brutal de la fiera, “Navegante” de nombre, sobre la pierna izquierda del maravilloso torero, el rastro de sangre dejado por éste a su paso hacia la enfermería, destrozadas las arterias femoral y safena, igual que los vasos sanguíneos, las venas, cuanto halló el pitón mientras hería, sobrecogió a los testigos y exaltó el sentido de la heroicidad, propia de cuantos son capaces de desprenderse de lo material para intentar rozar las fibras del espíritu. Entendí, entonces, el porqué: cuando el alma de la vocación, la del artista lo mismo que la de cualquier ser humano, pone en juego el propio destino no hay valladares que valgan.
Corrí a la enfermería, abracé al padre del torero cuyas lágrimas eran de agobio por la incertidumbre pero también de orgullo por su estirpe, y comencé a tocar la leyenda. Del tendido bajaron los aficionados, presurosos, para donar sangre –O RH negativo-, mientras se aleteaba la posibilidad del final. Nunca como ahora, tras veinte percances –en Madrid, en junio de 2008, un marrajo atravesó tres veces sus carnes-, presentimos el desprendimiento último. Se iba el maestro. Y algo en nuestro interior parecía morir también.
¿Por qué les cuento estas cosas cuando este espacio está reservado para el análisis de la vida política? Lo hago, sí, por cuanto entendí esa tarde, agobiado también por el espectro del miedo. Cuando cae un gigante los demás nos pasmamos. Y, sobre todo, la experiencia brutal me permitió asomarme a la paradoja de las deformaciones sociales en estos tiempos de fundamentalismos triunfales y de mediocridades emboscadas. Para comprender el entorno, tantas veces, suelo reencontrarme, hasta ahora y ya no sé si mañana, con las plazas de toros. En ellas percibo las hogueras y las mido; también las inquinas y hasta las perversidades. La cultura ante los atavismos; la belleza de la amalgama feliz entre el hombre y la naturaleza como también la tragedia llana y sin reservas que es fuente de la propia condición humana. No hay amor sin odio, ni exaltación sin dolor. Grazia Deledda, la Nóbel que sublimó el amor maternal, lo explicó así:
--La gloria es el anverso de una perfecta medalla que lleva en el reverso la cruz.
Volví a comprenderlo, insisto, cuando observé al torero, herido si bien vencedor, inerte pero con el espíritu intacto, en andas de los camilleros. El desafío era con la muerte, a corazón abierto. Conteniendo la angustia ante lo inexplorado.
Horas después, en el amanecer del domingo, festividad de San Marcos, leí en uno de los portales informativos –el de Reforma-, un comentario que heló mi sangre:
--¡Púdrete, maldito José Tomás! A ver si ahora sientes lo que sufre el toro cuando lo atraviesas con tus aceros. Ojalá te mueras.
Desde el anonimato de la cobardía, uno más, entre tantos que sólo pueden sobrevivir negando la grandeza de los demás, un “animalista” se expresaba así dibujándose a sí mismo y a cuantos, como él, niegan a sus congéneres y alivian su enfermo interior con el soez lenguaje de la ignorancia. Como no entienden el toreo, lo condenan sin dar el menor resquicio para el debate. Y, peor aún, en sus fueros personales que son exaltación de las bajezas, la bestia, animal al fin, debe situarse por arriba. Ellos se igualan a éstas, no cuantos, aficionados o no, rodearon al esteta madrileño con el fervor de la entrañable devoción religiosa con la que, en tantas ocasiones, sometemos a la muerte y la desplazamos en busca de la inmortalidad.
Por eso relato, en este espacio, mi propia defensa existencial. Contra los ahítos, los tuertos y los malvados que se exhiben a ellos mismos.
Debate
Escribí en “Si los Toros no Dieran Cornadas” –Océano, 2009-:
“Entre todos los seres vivos que el hombre sacrifica para asegurar su propia supervivencia, es el toro de lidia, sin duda alguna, el que tiene la muerte más digna y no sólo eso, también el beneplácito de la inmortalidad. Porque en el ruedo su instinto se sublima y combate; no es destazado en la sordidez de los mataderos y cotos de caza. Y ésta es, en sí, la más noble de las condiciones.”
Contra esta tesis se opone la cursilería amañada de cuantos, emboscados siempre y al amparo de otros equivocados que forman grupúsculos impugnadores, sostienen que el espectáculo taurino es un anacronismo indeseable, como también lo es, en la mentalidad anglosajona, cuanto significa los verteros de la identidad latina. Quisieran, sí, que abomináramos nuestros orígenes para exaltar solamente los espejismos de una falsa civilidad, que viene del norte, empeñada en sancionar lo ajeno y ocultar las propias miserias. ¿No es por allá en donde se caza, sin piedad, a las zorras y se embosca, a mansalva, a los irracionales salvajes para comerciar con pieles, cabezas, pezuñas y marfiles?¿Y no es allí mismo, igualmente, en donde se exalta la fiereza de los enfrentamientos entre seres humanos para someterlos a la hegemonía sin barreras? Contesten, si pueden. En la cuna de todas las guerras se extiende la fatua condena contra las corridas de toros. Valdría meditar sobre esta, para mí, incomprensible patología social.
Por ello, claro, surgen las estentóreas injurias desde la más honda sinrazón. A mí no me horroriza la brillante simbiosis, con acentos muzárabes, que es cauce de la expresión taurina, la “fiesta más culta” como la llamó Federico, el de Granada, el poeta universal que cayó bajo la furia insensible de la guerra civil española en donde los bandos sólo pudieron honrar el bajo instinto de la fuerza bruta, jamás al alma atormentada por los radicalismos que asfixian a la sociedad universal. Me horroriza, sí, sentirme parte de una comunidad que tapa sus ojos y lanza denuestos a un hombre, a una mujer, para justificar tropelías y genocidios.
¿Cómo vivirá el que lanzó el “púdrete” que refleja su propia atrofia?¿Qué haría si, llegado el caso, al pie de algún abismo, sosteniendo en una mano a una criatura –de otra raza, claro-, y en la otra a su mascota cariñosa, debiera optar por una de ellas?¿Arrojaría al precipicio al niño para salvar al perro? Estoy cierto que sí en la misma línea de cuantos, por ejemplo, asumen que los infamados cautivos de Guantánamo merecen ser torturados por los daños infringidos a los blancos que se perciben superiores hasta para cobrarse cien vidas por cada una de los suyos. A esta terrible deformación ha llegado la humanidad.
El Reto
En el permanente desafío por la vida, situados entre el bien y el mal, cada quien debe resolver su futuro y la esperada extensión espiritual. Los ciegos no discuten, ni dialogan ni conceden razón a cuantos no forman parte de los corrillos aduladores. Otros, en cambio, tomamos fortaleza ante las lecciones de los grandes, lo mismo en los redondeles de fuego que en el palenque encendido por nuestros propios cauces.
Y hace unos días, nueve para ser exactos, observé a José Tomás, desgarrado, asido a la vida. Era como si fuera espejo de la historia contemporánea: vencida, tantas veces, la razón por los odios frenéticos que nos enfrentan, tantas veces sin remedio. Pero sobre todo, las huellas púrpuras que él dejó, nos señalaban también nuestro propio camino, el de todos, para que seamos capaces de sobreponernos al dolor en busca del remanso de la paz.
Por todo ello, y más, sólo pude juntar las palmas al paso de la ambulancia que se llevaba al maestro, al más grande entre cuantos se visten de luces en la búsqueda incesante del triunfo. Y grité, sin contenerme:
--¡Suerte, torero!¡Y bendito seas!
La Anécdota
Algunos rambleros de Barcelona dieron la pauta, en julio de 2009. Apostados afuera de la plaza de toros –el coso con vanguardistas remates que enseñorean la ciudad de Gaudí y Miró--, pintados de rojo simulando la sangre, enfebrecidos por sus fanatismos, exhibían una manta que decía:
--¡Muerte a José Tomás!
Les encaré y medí, ante la incomprensible protesta que solicitaba, nada menos, la vida de un ser humano para el desfogue de quienes, como ellos, también claman por el fin de la fiesta brava en Cataluña en donde, además, pervive el duelo entre regionalismos y raíces hispánicas. Tomé entre mis manos la leyenda infamante y la destrocé:
--¡Váyanse a las zahúrdas! –les dije-. Allí estarán más cómodos.
Azorados, acostumbrados como están al silencio de cuantos optan por no defenderse ante el acoso de unos cuantos enfebrecidos, no hicieron el menor intento de replicar. Cobardes, callaron; como cobardes son los que encuentran refugio en el anonimato para exaltar sus deplorables condiciones mentales.
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BLOG: www.rafaelloretdemola.blogspot.com
E-mail: rafloret@hotmail.com
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Rafael Loret de Mola
Escritor
*Crónica de dos Dramas
*De Odios Irracionales
*El Tonto de Barcelona
Por Rafael Loret de Mola
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Sábado 24 de abril de 2010. Hace apenas nueve días. Y la memoria vuelve a agitarse con un permanente, punzante aguijón cronológico. Me sitúo, otra vez, en la Monumental de Aguascalientes, en el palco número dieciséis que mantiene, desde hace muchos años, el senador Felipe González. Gracias a su gentil invitación puedo estar aquí, libre de revendedores y de compromisos institucionales –sólo los del afecto-, en la hora precisa del drama. En el ruedo, el mejor de cuantos toreros he visto, José Tomás, desafía a la muerte a despecho de su propia inmolación. ¿Por qué lo hace?, pregunto. Y sólo obtengo como respuesta el encogimiento de hombros de quienes me escuchan. Absortos todos, nadie parece comprender.
Dos escenas quedan para siempre. Una, la del hombre vencedor sobre los amagos de la fiera, simbiosis magnífica de la creatividad y el arrojo que se imponen a la dureza de los desafíos naturales. No fue fácil “Vinatero”, de Pepe Garfias, que no cesó de medir al torero con la mirada torva de los emboscados; y, sin embargo, el magisterio del artista convirtió la lidia en magnífica representación del espíritu capaz de domeñar a los instintos, irracionales, del toro. Auténtica exposición de la verdad del toreo sobre las mezquindades hasta de quienes, desde el palco de la autoridad, pretenden ser protagonistas sin valor siquiera para el menor arrojo.
El segundo acto fue el horror. Porque también quienes se atreven sucumben a veces. Más allá del impacto brutal de la fiera, “Navegante” de nombre, sobre la pierna izquierda del maravilloso torero, el rastro de sangre dejado por éste a su paso hacia la enfermería, destrozadas las arterias femoral y safena, igual que los vasos sanguíneos, las venas, cuanto halló el pitón mientras hería, sobrecogió a los testigos y exaltó el sentido de la heroicidad, propia de cuantos son capaces de desprenderse de lo material para intentar rozar las fibras del espíritu. Entendí, entonces, el porqué: cuando el alma de la vocación, la del artista lo mismo que la de cualquier ser humano, pone en juego el propio destino no hay valladares que valgan.
Corrí a la enfermería, abracé al padre del torero cuyas lágrimas eran de agobio por la incertidumbre pero también de orgullo por su estirpe, y comencé a tocar la leyenda. Del tendido bajaron los aficionados, presurosos, para donar sangre –O RH negativo-, mientras se aleteaba la posibilidad del final. Nunca como ahora, tras veinte percances –en Madrid, en junio de 2008, un marrajo atravesó tres veces sus carnes-, presentimos el desprendimiento último. Se iba el maestro. Y algo en nuestro interior parecía morir también.
¿Por qué les cuento estas cosas cuando este espacio está reservado para el análisis de la vida política? Lo hago, sí, por cuanto entendí esa tarde, agobiado también por el espectro del miedo. Cuando cae un gigante los demás nos pasmamos. Y, sobre todo, la experiencia brutal me permitió asomarme a la paradoja de las deformaciones sociales en estos tiempos de fundamentalismos triunfales y de mediocridades emboscadas. Para comprender el entorno, tantas veces, suelo reencontrarme, hasta ahora y ya no sé si mañana, con las plazas de toros. En ellas percibo las hogueras y las mido; también las inquinas y hasta las perversidades. La cultura ante los atavismos; la belleza de la amalgama feliz entre el hombre y la naturaleza como también la tragedia llana y sin reservas que es fuente de la propia condición humana. No hay amor sin odio, ni exaltación sin dolor. Grazia Deledda, la Nóbel que sublimó el amor maternal, lo explicó así:
--La gloria es el anverso de una perfecta medalla que lleva en el reverso la cruz.
Volví a comprenderlo, insisto, cuando observé al torero, herido si bien vencedor, inerte pero con el espíritu intacto, en andas de los camilleros. El desafío era con la muerte, a corazón abierto. Conteniendo la angustia ante lo inexplorado.
Horas después, en el amanecer del domingo, festividad de San Marcos, leí en uno de los portales informativos –el de Reforma-, un comentario que heló mi sangre:
--¡Púdrete, maldito José Tomás! A ver si ahora sientes lo que sufre el toro cuando lo atraviesas con tus aceros. Ojalá te mueras.
Desde el anonimato de la cobardía, uno más, entre tantos que sólo pueden sobrevivir negando la grandeza de los demás, un “animalista” se expresaba así dibujándose a sí mismo y a cuantos, como él, niegan a sus congéneres y alivian su enfermo interior con el soez lenguaje de la ignorancia. Como no entienden el toreo, lo condenan sin dar el menor resquicio para el debate. Y, peor aún, en sus fueros personales que son exaltación de las bajezas, la bestia, animal al fin, debe situarse por arriba. Ellos se igualan a éstas, no cuantos, aficionados o no, rodearon al esteta madrileño con el fervor de la entrañable devoción religiosa con la que, en tantas ocasiones, sometemos a la muerte y la desplazamos en busca de la inmortalidad.
Por eso relato, en este espacio, mi propia defensa existencial. Contra los ahítos, los tuertos y los malvados que se exhiben a ellos mismos.
Debate
Escribí en “Si los Toros no Dieran Cornadas” –Océano, 2009-:
“Entre todos los seres vivos que el hombre sacrifica para asegurar su propia supervivencia, es el toro de lidia, sin duda alguna, el que tiene la muerte más digna y no sólo eso, también el beneplácito de la inmortalidad. Porque en el ruedo su instinto se sublima y combate; no es destazado en la sordidez de los mataderos y cotos de caza. Y ésta es, en sí, la más noble de las condiciones.”
Contra esta tesis se opone la cursilería amañada de cuantos, emboscados siempre y al amparo de otros equivocados que forman grupúsculos impugnadores, sostienen que el espectáculo taurino es un anacronismo indeseable, como también lo es, en la mentalidad anglosajona, cuanto significa los verteros de la identidad latina. Quisieran, sí, que abomináramos nuestros orígenes para exaltar solamente los espejismos de una falsa civilidad, que viene del norte, empeñada en sancionar lo ajeno y ocultar las propias miserias. ¿No es por allá en donde se caza, sin piedad, a las zorras y se embosca, a mansalva, a los irracionales salvajes para comerciar con pieles, cabezas, pezuñas y marfiles?¿Y no es allí mismo, igualmente, en donde se exalta la fiereza de los enfrentamientos entre seres humanos para someterlos a la hegemonía sin barreras? Contesten, si pueden. En la cuna de todas las guerras se extiende la fatua condena contra las corridas de toros. Valdría meditar sobre esta, para mí, incomprensible patología social.
Por ello, claro, surgen las estentóreas injurias desde la más honda sinrazón. A mí no me horroriza la brillante simbiosis, con acentos muzárabes, que es cauce de la expresión taurina, la “fiesta más culta” como la llamó Federico, el de Granada, el poeta universal que cayó bajo la furia insensible de la guerra civil española en donde los bandos sólo pudieron honrar el bajo instinto de la fuerza bruta, jamás al alma atormentada por los radicalismos que asfixian a la sociedad universal. Me horroriza, sí, sentirme parte de una comunidad que tapa sus ojos y lanza denuestos a un hombre, a una mujer, para justificar tropelías y genocidios.
¿Cómo vivirá el que lanzó el “púdrete” que refleja su propia atrofia?¿Qué haría si, llegado el caso, al pie de algún abismo, sosteniendo en una mano a una criatura –de otra raza, claro-, y en la otra a su mascota cariñosa, debiera optar por una de ellas?¿Arrojaría al precipicio al niño para salvar al perro? Estoy cierto que sí en la misma línea de cuantos, por ejemplo, asumen que los infamados cautivos de Guantánamo merecen ser torturados por los daños infringidos a los blancos que se perciben superiores hasta para cobrarse cien vidas por cada una de los suyos. A esta terrible deformación ha llegado la humanidad.
El Reto
En el permanente desafío por la vida, situados entre el bien y el mal, cada quien debe resolver su futuro y la esperada extensión espiritual. Los ciegos no discuten, ni dialogan ni conceden razón a cuantos no forman parte de los corrillos aduladores. Otros, en cambio, tomamos fortaleza ante las lecciones de los grandes, lo mismo en los redondeles de fuego que en el palenque encendido por nuestros propios cauces.
Y hace unos días, nueve para ser exactos, observé a José Tomás, desgarrado, asido a la vida. Era como si fuera espejo de la historia contemporánea: vencida, tantas veces, la razón por los odios frenéticos que nos enfrentan, tantas veces sin remedio. Pero sobre todo, las huellas púrpuras que él dejó, nos señalaban también nuestro propio camino, el de todos, para que seamos capaces de sobreponernos al dolor en busca del remanso de la paz.
Por todo ello, y más, sólo pude juntar las palmas al paso de la ambulancia que se llevaba al maestro, al más grande entre cuantos se visten de luces en la búsqueda incesante del triunfo. Y grité, sin contenerme:
--¡Suerte, torero!¡Y bendito seas!
La Anécdota
Algunos rambleros de Barcelona dieron la pauta, en julio de 2009. Apostados afuera de la plaza de toros –el coso con vanguardistas remates que enseñorean la ciudad de Gaudí y Miró--, pintados de rojo simulando la sangre, enfebrecidos por sus fanatismos, exhibían una manta que decía:
--¡Muerte a José Tomás!
Les encaré y medí, ante la incomprensible protesta que solicitaba, nada menos, la vida de un ser humano para el desfogue de quienes, como ellos, también claman por el fin de la fiesta brava en Cataluña en donde, además, pervive el duelo entre regionalismos y raíces hispánicas. Tomé entre mis manos la leyenda infamante y la destrocé:
--¡Váyanse a las zahúrdas! –les dije-. Allí estarán más cómodos.
Azorados, acostumbrados como están al silencio de cuantos optan por no defenderse ante el acoso de unos cuantos enfebrecidos, no hicieron el menor intento de replicar. Cobardes, callaron; como cobardes son los que encuentran refugio en el anonimato para exaltar sus deplorables condiciones mentales.
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