domingo, 13 de junio de 2010

FIEBRE A CUESTAS

Veneno Puro Publicación: DONINGO 13 DE JUNIO DE 2010

*Fiebre a Cuestas

*Mafia Imparable

*Duelos Perdidos

Por Rafael Loret de Mola

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El fútbol llena hoy todos los aparadores y, por supuesto, domina el ánimo colectivo. En las semanas anteriores, por ejemplo, observé que hasta las chiquitinas se apuraban por llenar su “álbum” de estampas con las imágenes de los jugadores acreditados para el torneo mundialistas aunque no tuvieran ningún referente sobre las grandes estrellas. Algunos niños, además, amplían sus conocimientos sobre las naciones de acuerdo al trayecto de las selecciones nacionales y ya saben, por ejemplo, que Corea está dividida en dos y que la Sudáfrica de Mandela ha sido capaz de llegar a meta.

La danza de los millones apenas inicia y los grandes del negocio del balompié se frotan las manos sin cesar. El universo está atrapado con mayor eficacia, sin duda, a los vanos intentos de las Naciones Unidas por preservar la paz. Sobre las canchas, por si fuera poco, podrán guerrear Argentina e Inglaterra, dos de las favoritas, aunque no esté de por medio la soberanía de las Malvinas, las islas que marcan las líneas del viejo imperialismo colonizador sobre la lógica moderna de la independencia... a doscientos años que ésta fue proclamada en la mayor parte de las tierras latinoamericanas. Y hasta podría darse el caso de que España, cuya oncena roja es una de las más formidables, pasara sobre las canchas encima de sus antiguas colonias, desde México hasta el sur, subrayando con ello la tendencia hacia la reconquista, sobre todo financiera y empresarial, como si la historia fuera reversible.

No han faltado voces que sugieren, con ironía suponemos, convertir a la justa futbolera en escenario ideal para dirimir las afrentas internacionales. Por ejemplo, si pretendiéramos recuperar la mitad de nuestro territorio, perdido en buena medida por las ligerezas de Santa Anna, sólo tendríamos que proponernos vencer al selectivo norteamericano en otros tiempos considerado debilucho en estos menesteres y ahora ejemplo de cuanto puede hacer el dinero en muy corto lapso. Hasta Pelé, el rey, terminó pasando por las arcas del Tío Sam y luego le siguieron cuantos aspiraban a la redituable jubilación de sus piernas.

Poco a poco, el fútbol imperial se va quedando solo, mientras otras especialidades deportivas permanecen a la zaga, en colecta de las migajas publicitarias, a cambio del derroche de planas y tinta destinados a contar, cada día, hasta la menor dolencia de alguno de los “crack” multimillonarios capaces de “venderse” –el término parece antidemocrático y contrario a las libertades esenciales- por un buen puñado de euros o dólares. El portugués Cristiano Ronaldo, por ejemplo, fue cedido al Real Madrid por ciento treinta millones de euros hace apenas un año; y el equipo español, que no alcanzó un solo título en los doce meses recientes, ¡ya recuperó su inversión gracias a las ventas masivas de camisetas y otros enseres amén de localidades y derechos para observar al prodigio!¿Quién fuera como él?

Desde siempre se ha alegado que el deporte privilegia al ser humano y lo aparta de las tentaciones crueles de vicio. ¡Cuánto más en estos tiempos cuando los valores han mudado y los grandes narcos se han convertido en envidiables triunfadores! El atractivo del dinero fácil desplaza a todo lo demás. Y, de acuerdo a las mismas tablas de medición, tendríamos que detenernos ante los paralelismos indiscutibles. De muchas maneras las mafias se tocan.

Sin duda, uno de los efectos centrales de la globalización futbolera no es sólo la distracción de los colectivos, fácilmente manipulables, sino igualmente el cautiverio moral y político que encierra. Por algo, claro, los jefes de Estado se disputan las sedes y construyen estadios, como los de la nación que apenas dejó atrás la racista doctrina del “appartheid”, para extender el filosófico principio, todavía inalterable, de “pan y circo”. Pero debiéramos meditar, aunque sólo sea una vez, sobre las razones que imperan para exaltar al fútbol sobre las demás rutinas y espectáculos al grado de proyectarlo como el gran escape de una humanidad obligada a la resignación. Como si de opio se tratara.

Por eso, en estos días, los niños sólo quieren ser futbolistas o mafiosos que son a quienes la vida les sonríe sin tantos agobios como los sufridos por quienes se forjan en la disciplina del trabajo sin aspirar a las candilejas. La celebridad, tantas veces, no tiene que ver con los talentos sino son reflejos de la feroz mercadotecnia que estereotipa gustos y reduce a la sociedad, limitándola hasta en sus gustos y apetencias, al fragor de las inducciones mediáticas. Y poco importan las demás cuestiones cuando corre el balón.

¿O alguien recuerda ahora mismo el derrame de crudo en el Golfo de México por la negligencia extrema de una empresa británica protegida por las autoridades estadounidenses?¿Y la cacería de emigrantes, en la doliente frontera entre México y los Estados Unidos, que extiende el oprobio de las agudas diferencias sociales?

Tampoco se tienen en cuenta los fundamentalismos y la explosión de la xenofobia como nutrientes de odios viscerales. Pero corremos a encontrarnos con un televisor mientras las selecciones nacionales se disputan el honor de alquilar la Copa FIFA por cuatro años. La propiedad es, claro, otra cosa.

Mirador

Invierten tanto los mexicanos en las coberturas de los juegos de fútbol, que no pocos creen, cuando vence el “equipo tricolor”, en la posibilidad de un trágala monumental; esto es, que se favorezca a los nuestros por cuanto significan las derramas seguras a través de las grandes cadenas televisoras. Por principio de cuentas, desde hace muchos torneos, las empresas mexicanas invierten más que las de otros países en una justa que nunca nos ha favorecido, ni siquiera cuando nuestro país fue sede del torneo en 1970 y 1986 –en esta segunda ocasión, por declinación de la convulsa Colombia en los días de dominio de las FARC y las redes del narcotráfico, una mancuerna que plantea, por cierto, una tremenda correlación de intereses, igual en México-.

Nuestra selección es rica en inversiones pero muy pobre en resultados. Esto es, como si, detrás de bambalinas, se estableciera un inescrutable símil entre la mentalidad de los pueblos conquistados y la consiguiente propensión a la resignación. A los vencedores atávicos se les convoca, desde niños, a conquistar cuanto puedan, a mansalva incluso; a los mexicanos, en cambio, se les enseña a estar conscientes de las limitaciones históricas y de las consiguientes, inevitables dependencias. La doctrina de la Iglesia, por ejemplo, es un permanente canto a la resignación porque los ricos, al morir, tendrán más dificultades para acceder a la gloria que un camello dispuesto para pasar por “el hoyo de una aguja”.

Por eso la ilusión deviene en derrotas “honrosas” que van sumándose en el ánimo general como valladares insuperables. Como si se tratara de un sino inescrutable al que sólo puede dejarse atrás con la ramplona demagogia, recurrente, de quienes se inventan la “iniciativa México” para lanzar consignas y cánticos, en voz de prohombres tales como Javier “el vasco” Aguirre –un sujeto desnacionalizado al que se le paga un millón y medio de pesos al mes por entrenar al conjunto futbolero nacional mientras logra el aval necesario para retornar a la España de sus querencias-, en vez de proyectar la igualdad social como única vía para asegurar la estabilidad futura. Demagogia siempre en vez de justicia llana.

Pero, ¿qué puede esperarse en una comunidad en donde se alza como líder de opinión a un payaso tan imaginativo que para encumbrarse a la popularidad sólo debió agregar una letra, una sola, al posicionado nombre del histórico “Bozo”, el de la televisión? Pues lo que se observa: una penosa propensión a ser domeñado por las ondas electrónicas cibernéticas. ¿Qué dice el “twitter”?¿Que México podrá pasar... a la siguiente ronda con más o menos traspiés? Ya viene Francia, la que nos invadió en el siglo XIX y será rival futbolero, para celebrar el bicentenario?¿De qué?

Polémica

¿Sólo el fútbol debe aglutinar y nada más? Por ende, cualquier otra actividad humana debe ser vista como menor, poco menos que intrascendente. Ya hasta los anglosajones lo entendieron por más que el arraigo del foot-ball americano, el béisbol y el baloncesto, marquen escenarios que en los feudos conquistados son francamente marginales. Y no hablemos de cuanto deviene de nuestra propia cultura, por ejemplo la fiesta de los toros, tan difamada –esto es como si la expresión de barbarie fuera la amalgama generosa de la naturaleza y el carácter del hombre en un coso taurino y no la exaltación cotidiana de la guerra y la contaminación ambiental-, a la que se pretende prohibir sin más sustento que el de la ignorancia. Sólo goles y autogoles.

Para desgracia nuestra, nos dirán que debemos aceptar los hechos consumados. Esto es: el fútbol reina y se acabó. Y así, cada selección será reflejo, un poco, del ánimo que priva en su respectiva nación: España y la crisis del desempleo; Brasil, y la euforia de los espejismos; México, y el lúdico ostracismo de la continuidad; Alemania, y la nostalgia de los nacionalismos; Italia, y la cerrazón de porterías y mafias; Portugal y los individualismos que consumen los aires socializantes; Francia y la Marsellesa que no termina en los botines; y, en fin, la asfixia general por un mundo desequilibrado y en peligro constante.

Menos mal que alguna lección puede encontrarse a través de los treinta y tantos días de frenesí futbolero.

Por las Alcobas

Como si se tratara de un duelo, encontré a un sujeto en Burgos, hace unos años, asido al pendón de su equipo de balompié, gritando desaforado:

--¡Fútbol, sí!¡Toros, no!

Le seguí a través de dos esquinas hasta que, curioso, le detuve:

--¿Tiene algo que ver una cosa con la otra? -pregunté-.

--Pues, sí señor. En las plazas se asesina a los toros y en el fútbol no.

--¿Y los “hooligans” –los fanáticos ingleses convertidos en pandillas listas al pillaje-?¿Ellos no hacen daño alguno sobre otros seres humanos?

--Así es la pasión –respondió-.Y está muy bien.

Y se fue, feliz, a seguir rumiando sus consignas sin el menor apremio de conciencia. Lo correcto es, para tales personas, lo que les gusta y viene bien. Todos los que no coinciden deben ser segregados. Por eso, claro, se extiende tanto el fútbol bajo el peso de una de las mayores mafias universales, intocable por multinacional, bajo el flagelo de las inducciones mediáticas. ¿Para cuándo el grito de Independencia? Abundaremos.

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Contacto para Conferencias: alexavadillo@yahoo.es

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Rafael Loret de Mola
Escritor

viernes, 11 de junio de 2010

LIBRO 2012: LA SUCESION EL MEJOR REGALO PARA EL DIA DE PADRE SANBORNS

LOS ECLESIASTICOS

viernes, 11 de junio de 2010



Por doquier llegan noticias sobre la desacralización pagana de los símbolos religiosos. Cada vez con mayor intensidad, esto es como si se tratara de una tendencia que crece a la par con la democracia. Cualquier modelo político puede perturbar a quienes, sin información, pretenden erigirse en jueces de otros. Y no son pocos los que suelen confundir la libertad con el libertinaje y hasta con la insolencia.

Cierto es, y los hechos no admiten réplica, que en no pocas ocasiones la Iglesia católica se ha identificado con las dictaduras de derecha. También que ha tardado en adaptarse a la evolución de las sociedades dejando pasar el tiempo de los debates sobre temas que afligen a millones de seres humanos en la actualidad. Y no me refiero sólo a las perturbadoras tendencias sexuales ni al permanente debate sobre el aborto y el celibato sacerdotal sino incluso a la interrelación con las parejas que profesan esta fe pero han debido reconstruir sus vidas con un segundo matrimonio tras el divorcio civil. Para algunas de éstas permanecer al margen de los sacramentos es una carga espiritual demasiado pesada e injusta.

Explica lo anterior los porqués de las reacciones de los colectivos encendidas de blasfemias y negaciones contra la doctrina esencial. Pero, desde luego, ello no quiere decir se justifiquen ciertos excesos acaso promovidos, en los sótanos del poder por los grupos políticos que aprecian retardatorias las expresiones populares cargadas de religiosidad. Esto es, caen en el otro extremo, el de los prejuicios hacia el pronunciamiento de las libertades ajenas, negando así las fuentes de la democracia.

Históricamente, la presencia de la religión católica en las tierras de América se dio a la par con la justicia y la persecución y hasta aniquilamiento de los iconos politeístas de los pueblos prehispánicos. Sin embargo, frente a los que blandieron los aceros para someter hasta las creencias de los sometidos no puede soslayarse la espléndida labor social de los frailes que asumieron la redención de los indígenas exaltando su condición, sobre todo, de seres humanos sobre la pretensión de los fuertes de verlos sólo como animales y esclavos.

De allí que sea interesante observar el espejo español para situarnos en la polémica. Un hecho relevante deviene de la larga y estrecha complicidad de las jerarquías eclesiásticas con el franquismo históricamente condenado: no hubo deslinde alguno para explicar el papel de la Iglesia durante la dictadura al tiempo que cobijaba la expansión de dos órdenes, dirigidas por españoles, en apariencia contrapuestas, los jesuitas vanguardistas y el Opus Dei apegado a la ortodoxia.

Sin dirimirse la cuestión, las instituciones eclesiásticas han logrado poder y reacomodo a la vera de la democracia porque ejercen un liderazgo natural y no se substraen del debate político, que les es negado por ley en otros territorios –en México, por ejemplo- con la falaz argumentación de que por su influencia espiritual pueden perturbar el raciocinio de sus feligreses en asuntos partidistas y electorales.

El hecho es que los referentes al “caudillo” han cesado casi al completo en cuanto a sus proyecciones aun cuando la jefatura del Estado permanezca en manos de los reyes que fueron por él designados con miras a evitar con ello, esto es con una transición planeada para asegurar la salud de la monarquía autoritaria, la debacle de un nuevo enfrentamiento fratricida. El dolor por lo sufrido y heredado durante la Guerra Civil –todavía hoy siguen apareciendo episodios dolorosos y difíciles de asimilar-, fue un valladar en las conciencias de los españoles durante las casi cuatro décadas del franquismo.

Pese a ello, los Borbón no se equivocaron: más allá del bombo de una coronación, el rey optó por brindar, avalar e incluso estimular los objetivos democráticos en una transición que no estuvo alejada de altos riesgos contra la estabilidad general. Superados los resquemores, incluso el intento golpista de febrero de 1981, pudo surgir la monarquía parlamentaria cuya eficacia posibilitó la transformación socioeconómica de la España casi medieval y oscurantista en un escenario en el que la democracia es cada vez más sólida pese a los excesos sectarios de los bandos enfrentados, como siempre, los conservadores –algunos de ellos nostálgicos del pasado y del registro material de las bienaventuranzas del autoritarismo-, y los liberales, despectivos de cuanto remita a esos tiempos incluyendo, desde luego, a las jerarquías eclesiásticas que llegaron al extremo de inducir a su grey recientemente a sufragar por el derechista Partido Popular porque abanderó causas como las negativas al aborto y a reconocer los derechos de homosexuales y lesbianas.

En esta tesitura, poco a poco, los señalamientos han ido subiendo de tono y color en medio de una batahola de insultos y declaraciones hasta grotescas. Digamos que España vive hoy una especie de nueva cruzada... por ahora intelectual.

Debate


En 2001 se produjo un encuentro, para analizar la figura del Papa Juan Pablo II, entre diversos personajes a través de una controvertida serie de televisión, “Crónicas Marcianas”, emitida desde Barcelona y con inconfundible humor y acento catalanes. Durante el programa uno de los invitados parodió al Pontífice, sacudiéndose manos y rostros para retratar el progresivo mal de Parkinson que le atosigaba, y concluyendo que la Iglesia debía renovar a su Pastor siquiera para que no diera lástima una figura tan endeble y enfermiza. Lo sorprendente, además de la crítica, fue la pobre reacción del Episcopado por lo general siempre atento ante estos pronunciamientos. Hubo muy poco ruido acaso porque se estimó que ampliar el escándalo podría resultar contraproducente.

Las cosas, insisto, han ido subiendo de tono. En la víspera de las celebraciones del Jueves de Corpus en Toledo, hace dos semanas, decenas de manifestantes, como si se tratara de un carnaval, desarrollaron un desfile –una “cabalgata” en términos castizos-, parodiando a los iconos de la Iglesia, entre ellos al sagrado cordero pascual que es encarnación de la divinidad. Un sujeto se colocó una máscara diabólica cabiéndose los hombros con la piel de una oveja destazada y ensangrentada asumiendo así una fusión del maligno y el Creador, parodiándola. Al mismo tiempo algunos programas de televisión que presumen de liberales, bajo la protección estatal además, se dieron a la tarea de reunir testimonios sacrílegos en las voces de diversas personalidades que repudian cuanto deviene del clero y lo infaman.

Lo más pernicioso del asunto es que el gobernante PSOE debate junto con sus aliados, entre ellos Izquierda Unida y diversos partidos regionales, la necesidad de ir a más con la ley sobre el laicismo del estado español. Concretamente, algunos nuevos funcionarios, con sello izquierdista desde hace varias generaciones, se han querellado contra el protocolo que les obliga a rendir protesta de sus cargos ante un crucifijo y sobre una Biblia. Al respecto, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, cuando buscada su reelección, se pronunció aduciendo que tal era una competencia de la jefatura del Estado, desempeñada por los monarcas, que él simplemente respetaba. Esto es: abrió la polémica y escondió el puño.

Por supuesto, en un Estado que se pronuncia laico por respeto a todas las creencias, un signo indiscutible de tolerancia democrática, no es razonable mantener los referentes religiosos habida cuenta de que el propio Jesús dejó en las Sagradas Escrituras una regla de oro para zanjar esta controversia: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. El poder político, desde luego, debe situarse en un plano ajeno al de las creencias religiosas si bien éstas norman el proceder de cuantos son fieles a sus principios.

Dicho de una manera contundente, la libertad de conciencia es la mayor de todas las prerrogativas de los seres humanos. Sin ella no podrían explicarse las demás libertades. Y por este punto debieran comenzar todos los debates sobre la materia.

El Reto


Los jerarcas eclesiásticos responden. El arzobispo de Toledo y Primado de España, el cardenal Antonio Cañizares, muy respetado por la grey, expresó que no estaba dispuesto a tolerar, tampoco la Iglesia, “los muchos insultos, agravios y ofensas” que está recibiendo la fe católica. No lo dijo pero resultó bastante evidente su señalamiento hacia las inducciones desde el poder político para cobrarse, denostando a la institución religiosa, las facturas electorales generadas bajo un clima de radicalización extrema. Tal es el verdadero meollo de la espinosa cuestión.

Lo peor que podría ocurrir es el aumento de la crispación por efecto de los espíritus sometidos a debate. Ello sólo podría evitarse con una madura actitud de los obispos y cardenales, de España y el mundo entero, ante cuestionamientos que ya no pueden soslayarse, incluido claro el de los pederastas con sotanas. Porque, desde luego, la Iglesia en cuanto a que la conforman los hombres, aun cuando se suponga tocada por el dedo de Dios, también es susceptible de caer en severos errores. ¿Un ejemplo? Tardó ciento setenta y cinco años en reconocer a Hidalgo y Morelos, sacerdotes, como padres de una nueva patria y no como traidores excomulgados. El bulo contra ellos fue retirado en 1985. Y no hablemos de la condena a Galileo ni de la negativa a considerar la teoría de la evolución de las especies de Darwin.

Asumiendo sus propios actos de contrición, la Iglesia podría defenderse con el vigor de los tiempos actuales. Abundaremos.

La Anécdota


Pese al celibato sacerdotal, los religiosos no pierden sus sustentos primarios. Una noche, durante una cena de la aristocracia mexicana, la anfitriona, una dama joven de buen ver y tan devota que no dudó en colocarse un crucifijo de esmeraldas y rubíes entre el pronunciado escote de un vestido estrecho, insinuante, se acercó al Cardenal Ernesto Corripio Ahumada, recientemente fallecido, y le saludó efusivamente. Al retirarse la señora, uno de los invitados le preguntó al prelado:

--¿No le pareció muy hermosa esa cruz pectoral, Eminencia?

Corripio atajó la ironía y la respondió:

--La verdad es que me fijé más... en el Monte Calvario.

E-mail: rafloret@hotmail.com

jueves, 10 de junio de 2010

JUEVES DE CORPUS

jueves, 10 de junio de 2010
Los desaparecidos del jueves de Corpus de 1971, un 10 de junio como hoy, parecen apuestas a la desmemoria colectiva. A diferencia de cuantos cayeron en Tlaltelolco, cuando menos los reconocidos, no son siquiera honrados con algún monumento ni recordados con el frenesí, hasta ahora inútil, de los envejecidos dirigentes estudiantiles que pueblan los escenarios de la “nueva”, así la nombran, clase política. Y las denuncias sobre la manera como los grupos paramilitares –los llamados “halcones”-, entraron a los hospitales, específicamente los de la Cruz Roja, a rematar a las víctimas, van diluyéndose a medida que surte efecto la ominosa medicina del tiempo. Como tantos otros crímenes impunes.
Ya hemos dicho que la derecha en ejercicio de la Presidencia, desde hace ya una década, no ha sido siquiera capaz de proceder, con rigor jurídico e histórico, sobre las sospechosas muertes de algunos de sus más preciados iconos, desde Manuel Clouthier del Rincón hasta Juan Camilo Mouriño, guardadas las proporciones en cuanto a liderazgos e influencias, bajo el flagelo de mil interrogantes sin respuestas. Han optado, de forma por demás cobarde, por arrojar nuevas paletadas de ignominia sobre el silencio que lacera sus tumbas. (“2012: La Sucesión”, Océano, 2010).

Y si la memoria histórica ofende, de hecho, a quienes se dicen herederos de los caídos de manera infamante, esto es a los mismos que usufructúan el poder, y ni por eso reaccionan éstos, ¿cómo esperar que se animen a encontrar los rastros de los secuestradores de Diego Fernández de Cevallos? No pidamos peras al olmo; tampoco justicia a los ahítos ni, mucho menos, a los demagogos.

A treinta y nueve años del drama social exaltado por la represión gubernamental, perdidos los sustentos del diálogo razonable, los discursos oficiales siguen siendo, en esencia, los mismos. El mandatario en funciones, Felipe Calderón, cuestionado por su origen y su escasa movilidad política, insiste en que “no abandonará” a las familias mexicanas ante las bandas criminales que las agobian y reducen al estado de indefensión. Y, pese a ello, las medidas tomadas por él apenas alcanzan para intentar justificaciones ramplonas, de circunstancias, mientras aumentan las evidencias sobre colusiones mayores y tolerancias soterradas. El disimulo es una forma de mentir reiteradamente.

Es evidente que el PAN, cuando conquistó la Presidencia en 2000, no estaba preparado para gobernar. Esperaron medio siglo entre las bambalinas de la disidencia, con sustentos provocadores de vez en cuando, sin capacidad formativa. Así lo reconoció, ante este columnista, la influyente diputada Josefina Vázquez Mota, acaso la mujer con mayores posibilidades de alcanzar una candidatura presidencial por una de las opciones con posibilidades de ganar:

--El PAN –me dijo- no ha logrado reconstruirse. Y no tiene suficientes cuadros para ejercer el gobierno. Sucede que no es un partido que se preocupe por formar. Más bien espera que el ciudadano, convencido, venga hacia él.

Luego se quejaría de la mezquindad, como la parte más dolorosa de su experiencia política, incluso al interior de su propio partido en donde no son pocas las expresiones de esta condición en aras de las ambiciones sectarias. Si la pobreza estructural de un instituto político se suma a la escasa formación de su militancia en el ejercicio del poder y a los egoísmos que tienden hacia los escenarios corruptores, la radiografía no resulta alentadora ni mueve hacia el ideal democrático. Menos mal que algunos, entre ellos la diputada Vázquez Mota, se apuran ya a realizar la necesaria autocrítica; pero tal no disculpa los yerros ni las desviaciones de un continuismo obcecado, cortado con las mismas tijeras del priísmo hegemónico.

Las consecuencias han sido tremendas. Recuerdo que, en 2000, tras la victoria del foxismo –lo calificamos así porque, a decir de los propios protagonistas, rebasó al andamiaje del panismo tradicional-, fue sorprendente constatar la tranquilidad con la que México se separaba, en apariencia, de la “dictadura casi perfecta”. Esto es, por la mañana privaban los escenarios autoritarios, según denunciaban los opositores, y por la noche saludábamos el advenimiento de la presunta redención sociopolítica. El mismo tiempo, sugerí, que invirtió el enano de Uxmal en edificar, con la ayuda de su madre-bruja, el Castillo del Adivino.

No hubo sacudidas trascendentes ni reacciones de alto riesgo por parte de los grupos de presión. Hasta los mandos castrenses, formados en la creencia de que jamás debía darse paso a la reacción para preservar los valores nacionales de los apátridas disfrazados con pieles de ovejas, optaron por asegurar la transición sin sobresaltos visibles. Una especie de revolución silenciosa aun cuando fuera abono de acuerdos soterrados de la mayor envergadura. Por algo, claro, los negligentes señores Fox pudieron sostenerse, al punto de asegurarse a mansalva una sucesión conveniente, con el aval de los uniformados atenaceados por las infiltraciones non santas.

Debate

En marzo de 1997 fue detenido el general Jesús Gutiérrez Rebollo, quien fungía como comisionado del Instituto Nacional de Combate a las Drogas y con reconocido y emocionante apoyo por parte del entonces “zar” antidrogas de los Estados Unidos y del Pentágono. Se alegó que tenía contactos con Amado Carrillo Fuentes, cabeza visible del cártel de Ciudad Juárez. Él sostuvo otra versión: la de que fue víctima de Enrique Cervantes Aguirre, ex secretario de la Defensa Nacional, por cuanto descubrió de éste, nada menos haber prohijado un encuentro entre el propio Carrillo y los hermanos Arellano Félix. Parte del botín obtenido, transportado por una patrulla de la Federal de Caminos de acuerdo a su versión, fue entregado en Los Pinos. (“Confidencias Peligrosas”, Océano, 2002)

El hecho es que el nombre de Gutiérrez Rebollo apareció, “de pronto” en las primeras indagatorias de la Unidad de Inteligencia Financiera, fundada ese mismo año, 1997, para detectar operaciones de lavado de dinero e inversiones sospechosas. Algo más: se informó que se substrajeron “documentos militares secretos” con registros puntuales sobre inversiones contaminadas. En su obra “Zedillo: Mil Días Tratando de Gobernar” –Grijalbo, 1997-, el entonces senador panista Alfredo Ling Altamirano, miembro de la comisión legislativa destinada a investigar el suceso, resume:

--Se trataba de archivos computarizados que contenían análisis políticos y averiguaciones de carácter judicial –lo cual podría no ser legal-, y el hecho de haber sido copiados tuvo como consecuencia la consignación a la justicia militar de los sustractores (sic) de la información, presuntamente confidencial.

Los responsables del copiado, el coronel Pablo Castellanos y el capitán Miguel Ángel Hernández, fueron confinados al corroborarse, además, que los documentos en cuestión “contenían informes sobre el narcotráfico y sus eventuales relaciones con jefes, oficiales, y tropas de las Fuerzas Armadas”.

El hilo de la historia, insisto, inicia en 1997 y se extiende hasta el presente sin que ninguna de las instancias oficiales muestre interés por determinar no sólo las fuentes sino los caudales agitados que pasan por la Defensa Nacional y desembocan entre las primeras familias. No por otra cosa, cada uno de quienes han pasado por Los Pinos tienen a uno o varios parientes comprometidos hasta el cuello en estos menesteres que han cambiado, sin duda, la valoración y el ejercicio del poder en México.

El Reto

El 26 de diciembre de 2008, la Procuraduría General de la República, encabezada por esos días por Eduardo Medina Mora-Icaza, instruyó causa penal y aprehendió a Arturo González Rodríguez, miembro de los Guardias Presidenciales asignados a la residencia oficial de Los Pinos, bajo la averiguación previa PGR/SIEDO/UIEDCS/241/2008. En la acusación respectiva se asentó que el militar de referencia “rendía informes” presuntamente al cártel de los hermanos Beltrán Leyva, sobre las actividades y viajes de Felipe Calderón.

También fueron consignados Noé Mandujano, ex titular de la subsecretaría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), y Ricardo Gutiérrez Vargas, ex director de INTERPOL México, igualmente por sus vínculos con el cártel de Sinaloa.

La gravedad del suceso no necesita subrayarse. Días después, se divulgó que González Rodríguez no tenía acceso a la agenda presidencial... aunque tal fue el motivo central de la indagatoria. Obvio es decir que tal evidenció hasta donde llegaban los subterfugios y las infiltraciones por parte de las mafias dominantes, nada menos hasta la casa presidencial.

No obstante, hasta este momento, el llamado “primer mandatario” no reacciona suficientemente. ¿Por qué, seguimos preguntando, no se resuelve a indagar, a fondo, las posibles interrelaciones infectadas entre la clase militar? Cuando dé el primer paso, no sin riesgos naturalmente, podremos comenzar igualmente a confiar en la bondad de sus intenciones.

La Anécdota

El último sábado de mayo, en Metepec, conurbación de la capital del Estado de México, ocurrió un incidente de enrome gravedad. Avisada la policía sobre la presunta presencia en el lugar de Ignacio “Nacho” Coronel, uno de los principales estrategas y operadores de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, rodearon el palenque ferial a donde supuestamente acudiría. Pero, desde luego, éste no llegó porque le funcionaron sus elementos de contraespionaje.

No obstante, los agentes rodearon y aseguraron a un joven, confundiéndole con uno de los allegados de Coronel, y lo remitieron a los separos para proceder a la investigación respectiva. A la novia del mismo, por cierto, la maltrataron. Minutos después, en las oficinas del gobernador mexiquense, Enrique Peña Nieto, se recibió un telefonema:

--Mi gobernador –sonó una voz atribulada- ¿por qué me haces esto?

Era Emilio Gamboa Patrón quien se quejaba de los procedimientos seguidos contra su hijo, quien había arribado al palenque con su pareja, rodeado de guardaespaldas. Tal fue el motivo de la confusión. ¿Habrá sido sólo eso?

E-Mail: rafloret@hotmail.com

miércoles, 9 de junio de 2010

LIBRO 2012: LA SUCESION RECOMENDADO POR LECTORES

FALACIAS ELECTORALES

miércoles, 09 de junio de 2010



En 2000, los panegiristas de la derecha triunfante extendieron un precipitado certificado de defunción del PRI, bajo el estruendo de una apoteosis política que incluso adoptó a los representantes de la izquierda tras la caída del “muro mexicano” –éstos también festejaron el fin de la hegemonía priísta esperando el advenimiento de una democracia gracias a la cual pudieran escalar el poder más tarde.

Lejos de medir el posicionamiento nacional del otrora partido invencible, manteniendo dos tercios de las gubernaturas y curules y escaños suficientes en el Congreso de la Unión para formar mayoría con los perredistas y contrarrestar con ello a la incipiente administración de Vicente Fox, la dirigencia del PAN dispersó objetivos, celebró la asunción presidencialista de quien presumía haber rebasado a su instituto de origen a golpes de carisma personal, y pretendió que las interrelaciones políticas dejaran de ser turbulentas casi por decreto, esto es por el convencimiento de que, “ahora sí”, los “buenos” gobernaban. La falacia duró un suspiro, la negligencia panista no.

A diez años de distancia de aquella jornada histórica, el PRI está listo para la reconquista de Los Pinos, en 2012, con una arenga que cala hondamente entre la opinión pública: el PAN no ha sabido gobernar y por ello la situación general se ha convertido en una emergencia, con el desbordamiento de la violencia y la crecida de la miseria como puntales de muy altos riesgos. Los panistas sólo se defienden de la andanada de epítetos insistiendo en recordar la corrupción priísta como si ellos, lo mismo que quienes lapidaron a Magdalena, estuvieran libres de culpas; en no pocos casos las nuevas versiones de la inmoralidad pública han sido corregidas y aumentadas.

En 2006, la crispación y la polarización sectaria nos condujeron hacia un enfrentamiento bipolar que sólo menguó con el cansancio cívico y el consiguiente hartazgo de una buena parte de los mexicanos promovido por los medios masivos que invitaron a aceptar los hechos consumados aun cuando las sospechas sobre el desaseo comicial no pudieran ser superadas. Pocos meses después de la llegada de Felipe Calderón a la Primera Magistratura, entre los sobresaltos camarales recordados, éste anunció el fin de la conflictiva poselectoral asumiendo contar, sondeos de por medio, con una mayoritaria aprobación pública. Y lo creyó hasta que la violencia y la delincuencia organizada lo atraparon, sin remedio, bajo los rigores de su agenda militar.

Pasado el cenit de una administración federal severamente cuestionada desde su origen, los mismos que decretaron con premura la extinción del priísmo hegemónico, advierten la pobreza estructural de una izquierda hondamente dividida y de un dirigente, Andrés Manuel López Obrador, cada vez más diluido entre sus incondicionales, a la baja por el desgaste natural de una agobiante resistencia marginal, como síntomas irreversibles de una patología sin remedio. Pese a ello, observan tal perspectiva como parte de una democracia sustentable en la convivencia plural... siempre y cuando los grupos dominantes no cambien... como no cambiaron en 2000.

Desde luego, ni los priístas ni López Obrador están perdidos como adelantaron, hipnóticos ante el éxito circunstancial, quienes se sintieron sus vencedores. Para fortuna del panismo los errores de sus adversarios han sido tan pronunciados y frecuentes como los propios, incluyendo la ausencia de visión de Estado. El priísmo, por ejemplo, sigue en la ilógica de sostener a las viejas mafias, uno de cuyos representantes más sobresalientes, Emilio Gamboa, es beatificado como dirigente nacional de la CNOP. Y Andrés Manuel, convertido en misionero itinerante, sobrellavando las piedras de tantas descalificaciones, no deja de ser referente obligado de cara a la carrera por la sucesión presidencial.

El “misionero” está convencido d que tendrá una segunda oportunidad tal y como expresa en “La Mafia que se Adueñó de México... y el 2012” –Grijalbo, 2010-, aun cuando no explique cómo podrá elevarse por encima de los mismos valladares que se interpusieron a su paso hace cuatro años. Esto es: si los denunciados, tantas veces, gozan de cabal salud y él, en cambio, sufre del mal crónico del mesianismo que le impide ponderar con aplomo político las circunstancias, sobre todo las adversas, no imaginamos como puedan trocarse las condiciones. Mucho menos con el antecedente de 2006 cuando la fuerza de la convocatoria popular no fue suficiente para evitar la asunción zigzagueante de Calderón. ¿O acaso la propuesta es que se desborde?

Los perredistas más avezados coinciden, más allá de las alianzas turbias suscritas en ausencia de firmeza ideológica, en que el “despertar” será imparable. Esto es: insisten en que los movimientos sociales por venir serán fundamentales no sólo para incrementar la militancia de izquierda sino para presionar, cubriendo los espacios que los vacíos de poder han dejado libres y hasta alcanzar los niveles de 2006. En la visión del presente, tal podría suponer una utopía o el libreto para una nueva serie televisiva: “Politizando para Alcanzar un Sueño”.

Debate

Carlos Navarrete Ruiz, quien encabeza la mesa directiva del Senado y acaba de ofrecerse como una suerte de mediador político para alcanzar con este perfil la nominación perredista a la candidatura presidencial, me contó, cuando elaboraba “2012: la Sucesión” –Océano, 2010-, algunas de sus diferencias con López Obrador aun cuando subrayó las cualidades de éste, tales como la devoción al trabajo y la honestidad.

En una ocasión, escuchó decir a Andrés Manuel, cuando clamaba por desconocer al gobierno de Calderón:

--¡Habría que cerrar el Congreso, aunque se mantuvieran las dietas (los salarios) de los legisladores!

Navarrete, entonces, repuso:

--Eso es lo mismo que hizo el general Santa Anna.

Y ciertamente lo hizo en la fase más negra del centralismo autocrático.

--¡No me compares con ése! –exigió López Obrador, casi fuera de sí-.

--Entonces, por favor, Andrés, no hables de ir hacia un poder concentrado, autoritario, con facultades absolutas hasta para cancelar la estructura republicana del gobierno. Eso no se vale –replicó Navarrete-.

Recuérdese que en abril de 2005, el propio López Obrador, al pie de la hoguera legislativa, optó por retirarse, despectivo, de la sede del Congreso al saber que su linchamiento político, y la consiguiente pérdida del fuero constitucional que ostentaba como jefe del gobierno defeño, era inevitable. No esperó el desenlace sino, sencillamente, descalificó a sus adversarios como si no tuvieran facultades para proceder aunque lo hicieran bajo una visión sectaria. El antecedente no era favorable para un entorno democrático. ¿Acaso no era previsible que el propio protagonista, de alcanzar la Presidencia, procediera con el mismo talante para aplastar lo mismo a los legisladores contrarios que a cuantos creyera él habían promovido los “complots” en su contra?

Tal es, sin duda, el gran handicap del mayor líder opositor de la actualidad mexicana. Porque, más allá de posturas altaneras, deben registrase sus agudos errores, entre ellos su inasistencia a los foros en los que debatieron los aspirantes presidenciales, su discurso provocador sin los acentos propios de un estadista, su arrogancia personal –el mayor de sus defectos a decir de quienes lo han acompañado por algunos derroteros-, y su incapacidad para rectificar y asumir la autocrítica como contrapeso a sus propias ansias. No sólo se quedó en el camino por el accionar de las mafias, como él señala, sino igualmente por su cerrazón mental hacia cualquier observación incómoda sobre estrategias y propuestas. Es él y nada más. Por eso, claro, sus incondicionales forman, cada vez, un círculo más reducido.

El Reto

La disposición al sacrificio y, sobre todo, la irreductible cruzada a favor de los pobres del tabasqueño, debieran tener, sin duda, otro sentido. De haberse decidido a ser dirigente nacional de su partido, el PRD se supone aun cuando se observe que ya tiene un pie fuera de esta opción, acaso no se habría producido la división extrema con brotes cismáticos; y si se hubiera inclinado por ganar una posición legislativa, su liderazgo y su voz habrían alcanzado la tribuna del Congreso como elemento toral para frenar los excesos de la derecha y la inoperancia política de ésta. Pero se quedó en la calle y ahora espera, como única apuesta, la resurrección de las masas heridas en cuanto él lo determine. ¿Pero acaso no fue el borreguismo uno de los factores que infectaron al aparato priísta atado al presidencialismo autoritario?

Esa misma actitud le lleva, por desgracia, a no aceptar dialogar con quienes no se presenten como fervorosos simpatizantes. A las interrogantes responde con descalificaciones sumarias; y a las críticas las enclaustra, lo mismo que hizo su odiado señor Fox, en un círculo rojo inalterable. Esa arrogancia es la que contrasta con su proyecto democrático por el cual, de darse éste en serio, sólo el debate daría salud real al entorno político.

¿O es razonable que sólo sea correcta su postura en la misma línea a la vergonzosa prepotencia del gobierno israelí que define como “antisemita” cualquier pronunciamiento, incluso el rechazo mundial a la salvajada de combatir un barco cargado de ayuda altruista para Gaza? Los fundamentalistas, en cualquier espacio, se dibujan a sí mismos.

La Anécdota

--Me temo que Andrés terminará siendo el dirigente de una fracción cada vez más reducida de radicales.

Así lo expresó Jesús Ortega Martínez, líder nacional perredista bajo el flagelo de sus propios errores de cálculo –el último, en pro de “Greg” Sánchez, resultó un auténtico desastre-, al analizar al ex jefe del gobierno del Distrito federal en curso de peregrino contumaz.

--¿Casi un suicido político, Jesús –le pregunté para “2012: la Sucesión”-, luego de haber tocado con la mano la Presidencia en 2006?

--Fíjate: quienes lo impulsamos dentro del partido, nos hemos alejado. ¿Y con quiénes se ha quedado alrededor? Con los extremistas, como Gerardo Fernández Noroña, y los “hijos de Salinas” que ahora son sus incondicionales.

Pero la radiografía sigue estando incompleta. Por esta razón, nos permitimos abundar en la obra citada sobre la sucesión presidencial y sus tormentas.

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